Viernes, 23 de marzo de 2012

Al Sardinero se le acabó la paciencia con su equipo

Corría el minuto 51 de partido cuando un silencio sepulcral se apoderó de los Campos de Sport de El Sardinero. El error de Mario en el segundo gol sevillista acababa de un plumazo con las escasas esperanzas verdiblancas por remontar el encuentro y, quien sabe si también con las de jugar en Primera División en la temporada del centenario. El tanto hispalense fue la gota que colmó el vaso de la paciencia de un racinguismo cansado de la imagen que lleva ofreciendo su equipo a lo largo de todo el año.

La grada, aburrida del convulso culebrón institucional, de las continuas derrotas, del escaso recorrido de una plantilla malherida desde mucho antes de comenzar el año y, sobre todo, de las imprecisiones y la pobre imagen de sus técnicos y jugadores sobre el terreno de juego, acabó de un plumazo con su resignación para tornarla en una sonora reprimenda al equipo santanderino una vez se puso de nuevo el balón en juego.

Durante los siguiente cinco minutos hubo pitos para casi todos. Sobre todo iban dirigidos al colectivo, pero lo cierto es que se agudizaron cuando el balón pasaba por las piernas de jugadores como Diop o Munitis. Varias imprecisiones de ambos protagonistas -precisamente en ese tramo de encuentro- tampoco ayudaron para calmar los ánimos de una afición que explotó definitivamente en el momento en el que se produjo el doble cambio ofensivo introducido por el técnico verdiblanco.

Babacar y el joven canterano Javi Martínez hicieron su entrada en el campo al mismo tiempo que la grada terminó de desahogarse. Para ellos no fue el reproche. Tampoco especialmente para los dos futbolistas elegidos por Cervera para abandonar el césped. Y eso que cierta parte de la ira de la afición verdiblanca se cebó con Adrián González. El madrileño, el mejor el lunes en Cornellá-El Prat, abandonó el campo bajo la atenta mirada de su padre, que siguió el 'espectáculo' desde la privilegiada posición que ocupó durante todo el choque. En el área técnica del banquillo visitante.

Pero el verdadero destinatario de los pitos era el banquillo. Los silbidos arreciaron cuando se supo que el jugador elegido para marcharse era el delantero uruguayo Christian Stuani. Él escuchó como los decibelios de la rabia aumentaban a medida que sus pasos se encaminaban a la banda. El cambio no había gustado.

Una posterior y ligera reacción del equipo apaciguó durante unos instantes los ánimos. Tanto que antes de acabar ahogada en su resignación, la grada tuvo tiempo de reconsiderar sus pensamientos acerca de Munitis. Los aplausos al 'gran capitán' enterraron a los pitos al ser sustituido por Jairo. También en el caso de Pape Diop, despedido tras su expulsión entre palmas por una grada impotente, que veía como su equipo acabada otro partido más con diez jugadores sobre el campo.

La 'Gradona'

De ahí hasta el final poco más. La 'Gradona' llevó la voz cantante, como siempre, mostrando su apoyo al equipo hasta el final. Todo lo contrario que lo ocurrido en otros sectores del campo. De hecho, diez minutos antes de la conclusión del partido los vomitorios de El Sardinero ya no daban a basto. Gran parte de los cerca de 14.000 espectadores que se dieron cita en el estadio ni siquiera aguardaron hasta el pitido final del árbitro, acelerado por el colegiado una vez se consumó el segundo gol de Del Moral y el tercero recibido por Mario.

La resignación también se notó a la conclusión. Los pocos espectadores que aguantaron apenas mostraron tímidamente su decepción en ese momento. Mal pinta la cosa. Muy mal.

Fuente: El Diario Montañés 


Publicado por Castro2 @ 17:28 | 0 Comentarios | Enviar

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