S?bado, 11 de febrero de 2012

El 11 de febrero fue el día de la gesta

Era un día como hoy. Un sábado, 11 de febrero. Hacía algo más de calor de lo que hoy hace en la capital cántabra. Y al igual que sucede en la actualidad, el Real Madrid era el líder de la Liga española de fútbol. Esa noche del sábado 11 de febrero, pero del año 1995, se citaban a las 21.00 horas en El Sardinero el Racing y el todopoderoso Fútbol Club Barcelona.

Como entonces -otra casualidad- el Racing era el décimo octavo clasificado de la Liga. Ocupaba plaza de promoción para bajar a Segunda. En descenso directo, el Logroñés, y como ocurre también ahora, el Sporting. El Racing se presentaba ante el Barcelona tras cosechar un empate (1-1), a domicilio frente al Valladolid. Los de Vicente Miera, como en tantos años de historia verdiblanca, transitaban en esa zona reservada a los equipos humildes cuyo único objetivo es el de luchar por la permanencia.

Enfrente, el todopoderoso Barcelona de Johan Cruyff, un 'Dream Team' que aunque presentaba algunas bajas, era el campeón de las últimas cuatro ligas, aunque en ese momento iba tercero en el campeonato por detrás del Madrid -a cuatro puntos de los blancos- y del Deportivo de La Coruña . Esa misma semana se había llevado un buen palo en la Copa del Rey, al caer derrotado por el Atlético de Madrid por 1-4. Cruyff avisaba del peligro de los verdiblancos, no se fiaba del Racing. Pero nada hacía pensar lo que pasaría en El Sardinero esa noche.

El Racing se marcó como objetivo aprovechar los numerosos huecos que dejaba la zaga azulgrana. Los cántabros buscaban salir con el balón jugado, a través de Quique y Esteban Torre. Al filo del cuarto de hora, Radchenko comenzó a hacer sudar al 'Chapi' Ferrer por la banda. El partido lo controlaba el Racing y el Barcelona no carburaba.

Pero con todo, el Barça era mucho Barça. Stoitchkov primero y Bakero después amenazaron seriamente la portería de Ceballos. El de Pámanes se lució aún más en un disparo a bocajarro del ruso Korneiev. Quizá muchos aficionados se plantearon en esos momentos que los equipos grandes te matan en la primera ocasión que tienen.

Pero esa noche el fútbol se vistió de otra cosa distinta a la lógica. Cuando moría la primera parte, Radchenko dejaba atrás a dos rivales en la banda, centraba a la frontal del área y Esteban Torre templó el balón y le pegó con fuerza para hacer inútil la estirada de Busquets. Era el 1-0.

El delirio

Tras el descanso, poco tuvieron que esperar los aficionados verdiblancos para frotarse los ojos y comprobar que lo que veían no era un espejismo. El Barcelona se lanzó desde el primer minuto al ataque, para evitar el sonrojo de verse superado por el Racing. Pero eso dio vía libre a los verdiblancos para lo que mejor sabían hacer en ese momento: el contraataque. En uno de ellos, Popov sirvió desde la banda izquierda un balón al segundo palo, donde Quique Setién superó a Abelardo para rematar a la red el 2-0.

El graderío era un clamor aunque todavía tenía un punto de duda dado el rival que tenía enfrente. Pero Villabona, que se colaba en el área con el balón, fue cazado por Ferrer de forma antirreglamentaria. López Nieto mandó a la caseta al lateral catalán. El Barcelona se quedaba con uno menos.

Cinco minutos después, en el 68 de partido, se produjo la confirmación del milagro. Radchenko pasó un balón en profundidad a Torre, que centró desde la izquierda para que Merino, casi arrastrándose, anotase desde el segundo palo el tercer gol racinguista. La victoria ya no se podía escapar de El Sardinero y ya la locura en la grada era total.

Pero aún faltaba el remate de la fiesta. Lo que convirtió una noche memorable en una noche épica. Cinco minutos más tarde, en el 73, Radchenko marcaba a portería vacía el cuarto de la noche para los verdiblancos. La grada estallaba pidiendo el quinto ante un rival compuesto por diez sombras azulgranas. A dos minutos para que muriese el partido, Radchenko, otra vez Radchenko, se internaba en el área, intentaba driblar a Busquets y el meta azulgrana derribaba al ruso. Penalti y expulsión. El delantero verdiblanco anotaba la pena máxima ante Angoy. Era el 5-0. La 'manita'. La gesta.

Vicente Miera, aunque satisfecho por el resultado, intentó rebajar la euforia. «Para la historia del Racing el resultado es importante, pero de cara a la clasificación son dos puntos más», señaló en la rueda de prensa posterior al partido. Pero en el vestuario verdiblanco hubo lágrimas. De alegría y de orgullo por una victoria que sí, eran simplemente dos puntos como reconocieron muchos de los futbolistas de la plantilla racinguista, pero que sabían que no era un triunfo más. Habían protagonizado uno de esos partidos que no se olvidan, que de cuando en vez se producen quizá en competiciones no tan desiguales como la actual. Partidos que engrandecen la historia de un equipo humilde como el Racing.

Fuente: El Diario Montañés


Publicado por Castro2 @ 12:13 | 0 Comentarios | Enviar

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