Domingo, 05 de febrero de 2012

La cantera le pinta una sonrisa al futuro del club

El de ayer fue el encuentro de los contrastes. Mucho frío en el ambiente, poco calor en las gradas y mucha veteranía sobre el césped. Ante este panorama, dos jóvenes, no habituales en los onces de Juanjo González luchaban por hacerse un hueco. Mario tuvo en Koné a su bestia negra, mientras que a Jairo le tocó bailar con la más fea, Ballesteros. Juventud frente a veteranía. Oficio frente a ilusión. salieron bien parados, una buena noticia para ese oscuro futuro que le pintan al Racing.

Cuando vio como a Toño le mostraban la quinta amarilla la semana pasada frente al Valencia, Mario se frotó las manos. De nuevo, otra oportunidad. Esta temporada sólo había podido demostrar la valía que atesora en sus guantes en los partidos de Copa del Rey. El guardameta cántabro está harto de escuchar que es un portero de futuro para el Racing. No quiere ser el reserva de Toño. Por eso trabaja a diario junto a Pedro Alba para aprovechar el más mínimo resquicio que le deje su compañero. Ayer frente al Levante tuvo su ocasión. Y eso que una contractura en su pierna derecha a punto estuvo de arruinarle la tarde.

Desde el primer minuto, el cántabro ya intuyó que Koné estaba dispuesto a amargarle la titularidad. Y casi lo consigue. A los 23 minutos fue el costamarfileño marcó el tanto inicial del conjunto valenciano, ayudado en parte por una salida suya mal calculada, que se quedó un poco corta. Pero Mario no se desanimó y creyó en sus posibilidades. A partir de entonces se erigió en el salvador de su equipo. Primero atrapó un disparo secó y fuerte del marfileño y después, en otra jugada, repelió otro del mismo futbolista y sacó una mano prodigiosa en el remate de Botelho. A cada minuto que pasaba, Mario se iba encontrando cada vez más cómodo. Casi tanto, como la temporada pasada en aquel Sporting-Racing donde el conjunto gijonés consiguió la salvación matemática gracias a que el cántabro levantó el pie del acelerador en un partido en el que maravilló a todos.

Contra una muralla

Mientras esto sucedía en el área racinguista, en la otra, Jairo mantenía su particular lucha. El de Cabezón se disfrazó de David para intentar derribar al Goliat-Ballesteros. La veteranía y el físico del levantinista se lo impidió. Y no fue porque no lo intentara. Recuperado de su fractura de peroné, demostró que no se equivocaron con su titularidad. Derrochó ganas y desparpajo, dio pases, corrió tanto en la banda como en la mediapunta... pero siempre chocó con Ballesteros. El valenciano le mostró el decálogo de por qué se puede seguir en activo a los 36 años, con un físico cuanto menos llamativo y embutido en una camiseta talla XXL.

Jairo y Mario son la buena noticia del día. Y el Racing de eso no anda sobrado.

Fuente: El Diario Montañés 


Publicado por Castro2 @ 12:38 | 0 Comentarios | Enviar

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