Mi?rcoles, 11 de enero de 2012

La Copa deja tristeza

Los británicos usan millas. En el continente, kilómetros. Son medidas. Si las del fútbol fueran sólo los partidos, nadie mentiría al decir que el Mirandés fue mejor que el Racing. En Anduva y también ayer. Frente a los suplentes y los titulares. Marcó más goles y enseñó más fútbol. También más orden y más ideas. Pero este deporte es curioso para medir distancias. Porque se supone que entre Primera y Segunda B hay un abismo. Debería palparse. Sin embargo, un extraterrestre en la grada no hubiera notado ninguna diferencia. Empate, esfuerzo (en eso no hay reproche), pero adiós a la Copa con toda justicia. Lo que se empezó a tirar en Miranda, acabó cayendo por el barranco en El Sardinero.

Asustar es clave para una remontada. Y el Racing, en media hora y por no meter, no metió ni miedo. Fue decepcionante ver a un Mirandés bien plantado y lleno de orden frente a un equipo local cargado de tanta buena voluntad como falta de argumentos. Titulares de Primera y de Segunda B marcaron una barrera poco difusa entre dos mundos. Les separan millones de euros y de tinta en los diarios. Pero no les separó el fútbol. Menos aún cuando, en esos primeros treinta minutos, el gran gesto volvió a ser para el empleado de banca. Pablo Infante aprovechó un mal servicio de Colsa y sacó a bailar a Álvaro y, especialmente, a Torrejón. El problema es que los dos defensores no supieron seguirle. Mario sí. Eso evitó el fin de la noche a las primeras de cambio.

El técnico de los burgaleses se preparó el examen. Es bueno este Pouso. Tapó a Colsa, le ahogó, y obligó a que los centrales cántabros tocaran una herramienta de trabajo con la que andan reñidos. Por eso, el Mirandés empezó más bien atrás, pero fue ganando metros, adelantando la línea de presión hasta tocar el borde del área local. La respuesta fue el patadón de unos y el dominio pausado de otros. Ese plan le salió perfecto hasta el 34. Lo rompió un doble golpe de calidad de dos jugadores necesitados de mostrar algo. Muy necesitados. Tziolis hizo lo mejor que ha hecho desde que pisó Santander. Recibió un balón escorado en la banda, aún lejos de cualquier lado, y sacó de su bota un pase largo y preciso. Perpendicular al área. A la carrera. Munitis lo supo correr. Aguantó la acometida de César (un exracinguista, en su día cedido por el Athletic) y, con la puntera, tirando de recurso, ajustó el remate al palo. Fue perfecto. La remontada estaba más cerca con lo justo.

Y pudo estarlo aún más porque, tras el gol -como el boxeador que boquea y siente cosquilleo en las piernas cuando recibe un golpe- el Mirandés mostró un síntoma de debilidad. Breve. Pero fue el único momento en el que la eliminatoria se puso a tiro. Torrejón intentó colarse por esa herida en una jugada extraña y Kennedy probó a meter un balón con la rosca en dirección a los guantes del portero. No cuajó. Tampoco el buen centro de un Munitis espoleado por su propia fortuna que Stuani cazó bien. Una bota muy alta evitó equilibrar la eliminatoria antes de que Iturralde decidiera que ya había visto bastante. Uno a cero. Cuando se trata de remontar, poco importa la justicia.

Quedaba tiempo. De sobra, con 45 por delante y sólo un gol por debajo en el parcial. De sobra para un equipo de Primera. Eso pensaban en la grada y eso dice el manual no escrito de la teoría. Pero Infante torció los renglones con otros dos intentos. El segundo se trabó casi de milagro entre las piernas de Álvaro. Si faltaba algo para acabar y lo puso Iturralde. El colegiado no descansa ni cuando sale de copas. Enseñó la segunda amarilla a Bernardo -con ese gesto recto y la mirada perdida que tanto le gusta poner al enseñar tarjetas- por un codazo que, para muchos, no merecía tanto castigo. Iturralde. Siempre Iturralde. A remontar con diez. Demasiada épica.

El triunvirato pudo optar por jugársela con una defensa de tres o por mantener el orden y esperar a que llegara un gol con inferioridad ofensiva. Opción B. Munitis, que parecía más inspirado que otros días, se marchó para dejar un puesto libre. Christian fue el elegido para ocuparlo.

Esfuerzo y sentencia

Y, aunque el Racing trató de ponerle sudor, le faltaron efectivos y calidad. Si no fue mucho mejor con once, era de esperar que no lo fuera con diez. El 'huracán rojillo' -como ponía en una pancarta- siguió inmutable. Ordenado, correcto y siempre con el criterio por bandera a la hora de tocar. Jairo entró por un Arana menos inspirado que ante el Zaragoza poco antes de que Infante diera por terminado el choque. Porque, aunque quedaban minutos para llegar al noventa, la eliminatoria terminó con su caída en el área del Racing.

Torrejón no tuvo complejos. Sin esconderse. Una patada de libro que hizo que alguno se ruborizara cuando le vio protestar al colegiado. Visto lo visto, mejor estar callado. Infante se convirtió en el máximo goleador de la Copa tras engañar a Mario (superó a Stuani, que se quedó en los cuatro frente al Rayo). Empate. El Racing, con diez y ya tocado, estaba obligado a marcar tres en poco más de diez minutos.

Fue tiempo perdido. Sin emoción y ya con trazas de puro trámite. Algún intento de Jairo, más tarjetas amarillas y hasta llegadas de un Mirandés ya cómodo del todo (si no lo había estado antes) en su papel de equipo de moda.

Despedida

La Copa se despidió entre gritos de 'Pablo, Pablo' y 'olés' de los muchos seguidores que viajaron desde Miranda para seguir soñando desde la humildad. Estaban de fiesta en tierra extraña. Con ídolo calvo contando su historia de futbolista a media jornada en cada entrevista y con equipo en cuartos. Celebrando en un campo de Primera División. Viviendo su particular 'Hoznayo'. Y mientras, en los graderíos verdiblancos, la gente se fue marchando. Con respeto y lástima. Este torneo les había regalado la única sonrisa entre golpe y golpe de actualidad, aunque algunos desdeñen la importancia del factor anímico en todo deporte. Era mejor centrarse, reservar... Sacar a los suplentes el primer día y tratar de remontar con los titulares. Puede. Pero a alguno le queda ya poca ilusión para este año. Y falta más de media Liga.

Fuente: El Diario Montañés 


Publicado por Castro2 @ 18:34 | 0 Comentarios | Enviar

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