Domingo, 08 de enero de 2012

La victoria del menos malo

Hay victorias parciales que sólo sirven a medias. Las hay morales, de esas que nadie recuerda unos meses después. Otras son relativas y hasta abundan las inmerecidas. Pero hay algunas que son completas. Tan útiles que sus beneficios sirven para cerrar todos los frentes. La de ayer, por la mínima y con el brillo justo, entró en el último grupo. Sacó al Racing del descenso -provisionalmente, algo es algo- y sirvió de ofrenda para que la grada empezara a perdonar el sonrojo de Miranda. Y aún más. El triunfo de ayer ante el Zaragoza supuso otra cosa. Puede que lo más importante. Por vez primera en toda la temporada, el Racing miró de frente a un rival y pudo palpar que hay un equipo peor en Primera. Incluso, mucho peor. Eso sí, sufriendo hasta el final. Pero eso ya es una costumbre.

Racing y Zaragoza protagonizaron uno de esos duelos en los que no gana el mejor. Si acaso, el menos malo. Porque los aficionados a las series televisivas de zombies y cadáveres andantes se dieron un festín en El Sardinero. Una pelea por sacar una mano de la tierra para que alguien sepa que aún hay vida bajo la camiseta. Y es cierto que los cántabros mostraron más esfuerzos por escapar de la sepultura. Antes del primer minuto ya hicieron latir el corazón de una grada cada vez más vacía a través de Arana. El sevillano fue el Pablo Infante del Racing. Estuvo en todas y en casi todas bien. En el uno, en el tres, en el siete... Su marcador, Paredes, era el cobrador del peaje de una autopista. Y, encima, el primer pago se lo hicieron con tarjeta. Con la amarilla fue, todavía, más fácil saltarse la barrera.

Sin embargo, el dominio absoluto no se traducía en pegada. Los cántabros rondaban el portal del Zaragoza, pero no se atrevían a llamar a la puerta. Diop -que debe comer algo distinto que le permite estar en todas partes- tiró con intención desde la distancia. Una carrera de Cisma acabó con una buena llegada y un mal remate de Adrián. El madrileño acabó marchándose del partido mucho antes de que lo cambiaran. Y, para terminar, una potente volea de Colsa que Roberto adornó con palomita. Fue una de esas paradas que todo portero ha hecho ante un espejo. El disparo del cántabro (ayer capitán con Munitis en el banco) cerró el resumen aparente de la primera parte. Esa fue la traducción reseñable de la superioridad del Racing. Por parte del Zaragoza, cadáveres andantes.

Todo parecía indicar el camino cansino que suelen tener los partidos de este año. Ese devenir espeso al que sólo algo inesperado saca del empate (o la derrota). Aburrimiento, fallos, falta de pegada... El Racing seguía siendo superior, pero no lo plasmaba. Tuvo que llegar ese suspiro final antes del primer tiempo para romper la dinámica. Adrián hizo su último acto de presencia con un buen desborde y pase atrás respondido por Stuani de tacón. La sacaron por poco. Un par de llegadas más y un córner. Y ahí llegó esa sonrisa de estreno verdiblanca en el 2012. Sacó Diop y Bernardo recuperó para el gol el acento colombiano que ya hace muchos años puso Leider Preciado (poco, pero lo puso). Fue un remate de cabeza espléndido en el primer palo y hacia atrás del central cedido por el Sevilla. Gran gesto. El nieto de Joselillo de Colombia (un torero) hizo faena antes de irse al vestuario con todos los demás. Dicen los tópicos que esos son goles psicológicos, pero el Zaragoza ya venía más que rebotado de varios psiquiatras.

El problema de no rematar

Porque los maños jugaron mal. Muy mal. Sin orden, sin concierto, sin alma. Lafita o Postiga, jugadores de prestigio en otro tiempo, lo perdían por las esquinas del estadio. Saltó Micael en la reanudación y no tuvo difícil mejorar lo que hicieron sus compañeros hasta ese momento. Acosta protagonizó la jugada más reseñable del segundo arranque. Un pase en profundidad que no encontró rematador. Fue una metáfora del instinto del Racing. Siguió dominando, pero no supo cerrar el partido. Faltó sentencia. También al argentino le falta una jugada. Es bueno, no hay duda. Pero aún le queda terminar una de las muchas arrancadas que inicia con buen criterio. Para no quedarse en ese peligroso adjetivo del fútbol: 'delantero bullicioso'. Hay tiempo.

Así, con el paso de los minutos, el Racing no sufría, pero hacía sufrir. A los suyos, básicamente. Un caño de Postiga, un intento de Micael dentro del área, faltas laterales para la en su día privilegiada pierna de Luis García... Sustos para una afición que ha vacíado el cajón de las medicinas. Ni siquiera Arana era capaz de asegurar la calma. Y eso que lo intentó con creces. Fue el protagonista de una de esas jugadas que sólo Giovani ha hecho en Santander en los últimos años. Una galopada con sombrero, auto pase y fantasía. Terminó con pase a Stuani y disparo del uruguayo. Sin premio. Tampoco encontró la recompensa un intento involuntario de vaselina del andaluz. Quiso centrar, pero el balón tomó efecto y faltó poco para sorprender a Roberto. Hubiera sido el regalo perfecto de Reyes para el extremo del Racing.

Arana parece vivir su etapa más consolidada, más estable. Titular y protagonista de partidos completos. Atrás quedan las tardes de banquillo o, lo que es peor, las de minutos de inconsistencia y oportunidades perdidas. Hay motivos para confiar en él esta vez. Está fino. Tiene el 'punto'. De velocidad y de atrevimiento. Hasta de trabajo.

Con todo, seguía faltando el gol que sirviera para echar el telón a la tarde. Y se tardó en estimular las soluciones desde el banquillo. Porque la entrada de Jairo -aunque luego el chico no hiciera nada- parecía cantada mucho antes del minuto 66. La de Tziolis fue obligada. Diop se tiró al suelo con la mano en el muslo a falta de algo más de un cuarto de hora. Alarma. El senegalés, aunque mucho más acompañado desde que volvió Colsa, sigue siendo indispensable. Lo es casi todo. Por eso, su salida del terreno de juego hace que a medio mundo le cueste tragar saliva. El griego entró con tiempo para dar frescura. Pero es que él no parece andar fresco.

Sufrimiento final

Y, así, ante el equipo más pobre de Primera División, el Racing acabó sufriendo. Primero, tímidamente. Un error de Cisma supuso un tiro de Luis García que sacó Toño en casi la única ocasión en que tuvieron que enfocarle las cámaras. Al portero le gustó salir en la foto y casi mete dentro un centro que se fue complicando en su camino. Sus manos y el balón no traspasaron la línea del disgusto. Por poco. Fueron los canapés antes del plato fuerte en forma de susto.

A falta de dos minutos y con el público mirando de reojo, Edu Oriol se sacó un zapatazo que se estrelló en el larguero. Hasta los muertos -siempre en términos futbolísticos- son capaces de meter goles. La madera evitó un sonrojo mayúsculo en forma de empate. Pocos hubieran perdonado que se escapara una victoria que parecía evidente al mirar el césped y al rival. La última jugada del encuentro volvió a dejar la misma sensación de toda la tarde en el paladar racinguista. Torrejón salió de su cueva para robar un balón y supo dárselo al mejor destinatario. Arana volvió a volar y protagonizó otra buena jugada. Buscó a Stuani y... Y se acabó el partido sin que pasara nada más.

Sí pasó algo con el choque ya metido en la estadística. Que el Racing salió del descenso (aunque dependa de lo que hagan hoy Villarreal y Sporting) y que Terio, al que se había tributado una ovación antes de empezar, recibió un homenaje en el césped. Lo recogieron su mujer y sus dos hijas en forma de camiseta y besos de los jugadores y se lo brindó la historia. Porque en este Racing que, por perder, pierde hasta a sus mitos, al menos a él le pudieron dedicar una victoria. Va por usted, maestro.

Fuente: El Diario Montañés


Publicado por Castro2 @ 11:41 | 0 Comentarios | Enviar

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