Jueves, 05 de enero de 2012

Las botas se quedan huérfanas

«¿Tienen trabajo para mí?». Preguntó un jovencito santanderino al pasar junto a las obras de los viejos Campos de Sport de El Sardinero. Cuarenta años después, Terio Somonte recibía un homenaje del Racing después de convertirse en parte de la historia del club. El utillero, como será recordado para siempre, falleció ayer en Santander a los 88 años de edad y será enterrado hoy en el cementerio de Cueto, de dónde era originario. A las 16.30 horas se celebrará la misa de cuerpo presente en la parroquia de San Roque (Santander). Las botas se han quedado huérfanas con el fallecimiento del encargado del material racinguista entre los años cuarenta y los ochenta. Desde que aquel día pidiera trabajo al encargado de la obra del vetusto Sardinero, hasta que en 1988 la entidad santanderina le rindiera un merecido homenaje, Terio escribió con su carácter y con sus frases buena parte de la intrahistoria de un club cercano a su centenario.

Ese año la entidad organizó un partido, el último encuentro en aquel estadio, entre un combinado de estrellas de la Liga y el Racing de entonces. Por allí pasó Unzué, Marcos Alonso, Santillana, Bustingorri... Con las camisetas verdiblancas, las de 'su' equipo, jugaron Alba, Cantudo, Setién, Víctor, Liaño,... Nadie se lo quiso perder. Fue la última vez que Terio lavó las botas. Las echó grasa de caballo, como a él le gustaba, y colocó, ordenado como siempre, el equipaje en el vestuario. Fue su último día de trabajo en el Racing. Ese mismo día comenzaron las labores de demolición del mismo estadio que el propio Terio había participado en construir, cuarenta años atrás.

Aquella tarde, las taquillas del campo recaudaron 3,5 millones de las antiguas pesetas. El club, en señal de agradecimiento a los servicios prestados, le entregó el dinero al homenajeado. Asistieron 8.000 personas y el resultado fue de empate a dos goles. Víctor y Juan Carlos anotaron para el Racing y Marcos Alonso, hizo los dos goles del combinado. Eran otros tiempos. A partir de aquí, las botas se quedaron huérfanas en La Albericia. Aquel pequeño armario dónde guardaba todos sus aperos de trabajo se cerró para siempre. Su vida sólo tuvo dos colores, los verdiblancos. Su mujer, Rafaela Soria, le acompañó en su trabajo y en su pasión, ya que al poco de ingresar en el club como utillero lo hizo su esposa para encargarse de la lavandería. Juntos contribuyeron a que la entidad esté a punto de cumplir cien años.

«Siempre juegan los mismos»

Sus frases, sus anécdotas, su inseparable camisa de manga corta y el pantalón del chandal son algunos de los rasgos que perdurarán como señas de identidad. «Aquí no hay titulares ni suplentes, aquí juegan siempre los mismos», solía decirles a los periodistas cuando le preguntaban por la alineación. «Antes todo era diferente», añadía en los últimos años antes de la retirada. Su grado de implicación y su relación personal con los jugadores llegó al punto de que en las primera décadas, el propio Terio aconsejaba al entrenador de turno sobre quién tenía que jugar. Cortaba el césped, pintaba el campo, lavaba las camisetas, las tendía, limpiaba las botas y cargaba con el agua. Un utillero de los de siempre.

A pesar de su retirada, nunca abandonó la actualidad del equipo y siempre se mantuvo atento de lo que hacía su Racing. No le habría importado subirse en el avión y disfrutar la época más laureada de este modesto club, con la clasificación europea. Lo vivió junto a su familia. Junto a su esposa, sus dos hijas y sus cuatro nietos. A esos nietos a los que tantas anécdotas les pudo contar.

Ayer, el Tanatorio de La Albericia se convirtió en un retazo de historia racinguista. Muchos de los que Terio saludó cuando llegaron al club no quisieron faltar el día de la despedida de su utillero.

Fuente: El Diario Montañés 


Publicado por Castro2 @ 17:46 | 0 Comentarios | Enviar

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