Mi?rcoles, 14 de diciembre de 2011

Kennedy sirve la Copa

Casi a las once de la noche, Kennedy hizo un gesto a sus compañeros para que se acercaran a saludar a la esquina. A los pocos que había. Stuani salía del césped con una sonrisa que no se había visto aún en Cantabria. Hasta Ariel había recibido aplausos. La Copa tiene, pese a todo, encanto en Santander. Es un torneo especial. De alternativas mágicas, de remontadas épicas, de futbolistas que retornan. Y todo eso tuvo el partido de ayer. Un tres a dos deja la copa en mitad de la barra, entre El Sardinero y Vallecas, pero el aficionado verdiblanco durmió a gusto. Sin resaca. Marcaron los que tienen que marcar, descubrió a dos canteranos que cumplieron y recuperó a un ídolo. Las jugadas a balón parado vuelven a tener acento sueco. Y eso es mucho. Tanto como dos goles y la posibilidad de seguir vivo en un torneo.

Cuando en la megafonía pusieron los acordes de La Fuente de Cacho el frío era palpable. Y no tanto por la temperatura. Era más una cuestión de sensaciones. El aspecto de las tribunas de El Sardinero era desalentador y los gritos desde la Gradona durante el homenaje a Munitis parecían retumbar como el eco. Unos 3.000, a duras penas a esa hora. Menos mal que el partido le dio calor a la noche. Por ver a los chavales, por fijarse si Tziolis está dispuesto a ganarse el puesto de verdad, por tener a Luque desde el principio y porque pronto pasaron cosas. A los cinco minutos, Serrano y Christian encendieron una hoguera por la izquierda. El cántabro metió un centro que encontró la cabeza de Stuani en el primer palo. El uruguayo había mostrado su defecto apenas dos minutos antes. Lento ante un balón que, para acomodarse entre sus piernas, tuvo que pedir hora. Esta vez, por alto y con potencia, sacó a relucir lo mejor de su repertorio. Partido de cara.

El marcador a favor animó al Racing. Luque y Acosta encontraban campo para correr. Serrano parecía algo más integrado y los dos chavales, Gonzalo y Barrio, tuvieron opciones para agradar. Rápidos al corte, contundentes y con la consigna evidente de no complicarse la vida. Al Rayo parecía sentarle peor la copa y sus suplentes -porque fue un duelo de suplentes- ofrecieron, en la primera parte, una cara menos alegre que la de los locales. Sólo Lass parecía salirse del atasco a base de serpentear entre las medias verdiblancas. Lo hizo, además, por las dos bandas del ataque.

Ese trotar lento generalizado en las filas madrileñas se contagió a todos los futbolistas que había sobre el césped durante varios minutos. Fue una jugada polémica la que volvió a 'romper' la dinámica. Koke pidió penalti por una entrada de Barrio cuando se marchaba a por Mario. El árbitro dudó si el atacante se había ayudado previamente con la mano y, entre duda y duda, optó por lavarse las manos y darse la vuelta. Esa acción le recordó a los cántabros que con un gol en Copa no basta y multiplicaron sus intentos. Un pase en profundidad de Serrano, dos galopadas de Acosta... Lo mejor fue un centro de Luque al que Stuani cambió de trayectoria ya en el área. Bedia tenía todo a su favor para fusilar, pero le faltó agilidad para llegar a tiempo.

Kennedy, protagonista

Buen juego, por delante en el marcador... Con poca gente, pero con copas en juego y pinta de fiesta al fin y al cabo. Ese toque ocioso de la noche se amplió cuando Kennedy saltó a calentar. Aplausos en la grada y golpes en el corazón del sueco para devolver el obsequio. El problema es que a esta noche de fiesta no sólo habían invitado al Racing. Lass volvió a hacer un eslalon que dejó en evidencia hasta a cuatro defensores, pero fue Míchel, en una falta que no parecía llevar peligro, el que empató cuando más duele. Olía a descanso y su balón cogió rosca desde un lateral para colarse por el contrario.

Del inicio de la segunda parte destacó la entrada, finalmente, de Kennedy. Salió por Acosta y no pasó mucho más en un buen rato. Los cántabros tocaban, pero sin profundidad, y el Rayo, con el paso de los minutos y la entrada de algún jugador de más empuje, como Michu, fue ganando protagonismo. Fue un problema de consistencia. De protagonismo. Los cántabros no encontraron un guía con galones para llevar la nave. Lo de Tziolis y Bedia se quedó en detalles (y cierta descoordinación), al igual que la aportación definitiva de Serrano. Y el gol de Michu camino del veinte fue la mejor muestra. El balón entró llorando, pero entró, y el Rayo, solo con cierto oficio, ponía la eliminatoria a la altura de Somosierra.

Pero quedaba tiempo, partido y las botas de Kennedy. El sueco, aún fuera de forma, tiene toque. Los balones parados que salen de sus pies parecen ir por autopista frente a las carreteras comarcales que suele transitar el Racing. Así, ser delantero es mucho más sencillo. Stuani volvió a hacerse amigo del primer palo y marcó su segundo gol en el 37. Córner y remate. Luego, le tocó a Ariel. El argentino había escuchado casi sus primeros aplausos del año al rematar al palo tras un buen movimiento. Pero le faltaba algo. Le faltaba otro balón parado desde Suecia. Falta y remate. Kennedy, Ariel y remontada.

Fuente: El Diario Montañés 


Publicado por Castro2 @ 19:06 | 0 Comentarios | Enviar

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