Mi?rcoles, 30 de noviembre de 2011

Un técnico 'serio' y con palabra

A Héctor Cúper se le acabó el crédito en el Racing y eso que el técnico argentino no ha estado sometido a la dictadura de los mercados -ni siquiera al futbolístico-, en los seis meses que ha estado al frente del equipo. El entrenador «serio», como le gustaba definirse, dijo ayer ¡basta! Y dimitió de su cargo, aunque antes se lo comento, en 'petit' comité, a sus colaboradores la semana pasada. Si no ganaba en Mallorca, no seguiría al frente del equipo. Ése fue el órdago que lanzó.

Siempre parapetado tras sus modernas gafas (las lucía negras, azules, desmontables...) y su traje, decidió no continuar al frente de la nave verdiblanca. La decisión no fue precipitada. Ya lo dejó entrever antes del encuentro frente al Sevilla -hace cinco jornadas- cuando aseguró que «el día que dude, doy un pasito al costado y me marcho para casa». Sin embargo, ese mismo día también explicó que «jamás se me ha pasado por la cabeza dimitir». Y eso que nunca ha tenido problemas para renunciar a su cargo. Ya lo hizo con la selección de Georgia y también con el Aris de Salónica.

Nadie podrá decir que Cúper no es un hombre de palabra, aunque le apoden 'El Cabezón'. «El fútbol es bastante más sencillo de lo que pensamos», afirmó en su día. Quizás, por eso, decidió poner punto final a su corta, pero intensa, historia de amor con el Racing. Una película de encuentros y desencuentros, con una banda sonora en la que no ha conseguido «dar con la tecla correcta» cada vez que se sentaba al piano.

Su llegada a Santander se produjo tras un casting por el que pasaron 42 colegas más. Tras un proceso de selección, Pernía tuvo que decidir entre él y Martín Lasarte. Aunque a algunos les sonó a ciencia ficción, finalmente fue el experto en perder finales y no su homólogo chileno es que se hizo con la estatuilla de oro que le permitió tomar las riendas del club. Corría, por entonces, el uno de julio. Tras saberse ganador, decidió retirarse unos días a su amada Mallorca antes de dirigir el primer entrenamiento en el Racing, diez días después. Un desembarco en su nuevo club que se tuvo que retrasar por una avería eléctrica en El Sardinero. Todo un presagio.

A partir de ahí, su día a día en el club verdiblanco estuvo marcado por un sinfín de sobresaltos. La espantada de Toché, «la 'bendita' ley concursal», como él mismo definió, la discreta trayectoria en la pretemporada (la primera victoria fue ante el Al Jahra de Kuwait)... Él mismo trataba de convencerse de que aún con todo esto, podía sacar adelante el proyecto. Y su mensaje, al principio, caló tanto en el vestuario como en el racinguismo. «Compromiso» fue lo que pidió a sus futbolistas para un año donde también hizo una petición a la Virgen de la Bien Aparecida, por supuesto: «Que estemos todos unidos». La presencia del técnico argentino era la única tabla de salvación a la que se asía una afición preocupada, a partes iguales, por la situación deportiva y extradeportiva. Entre medias, llegó la pretemporada en Alemania y Austria. Un empate y dos derrotas no asustaron al entrenador. Sin embargo, luego se comprobó que el equipo siguió adoleciendo los mismos problemas que tuvo en el tiempo estival: la falta de gol y la nula capacidad para crear peligro en el área contraria.

Para suplir estas carencias, los administradores le regalaron a Stuani, a Acosta y a Tziolis, para consolidar el centro del campo. Sólo el segundo ha cumplido las expectativas. Y eso que en el primer encuentro de Liga, el 4-3 cosechado en Mestalla, tiró por la borda la teoría de la ineficacia goleadora. Fue un espejismo. A partir de ahí, apareció el desierto de los empates, seis, y las derrotas, otras seis, sólo maquillado, en parte, por la victoria ante el Betis.

Poco amigo de los cambios

El punto de inflexión para Cúper en el inicio de temporada fue el partido frente al Atlético de Madrid. El desastre del 4-0 en el Manzanares le hizo sacar varias conclusiones. Una de ellas le llevó a señalar al joven Luque como uno de los responsables. Un error del que tardaría en darse cuenta, ya que no ha rectificado hasta el pasado domingo. El puñetazo que dio encima de la mesa le sirvió para motivar a su plantilla y cuajar el mejor partido de la temporada: el empate frente al Real Madrid.

Después, se estrelló de frente, otra vez, con la realidad. Tras el empate ante el Sporting, Cúper volvió a recordar la falta de gol. Además, la rotura de menisco de Acosta le complicó aún más la vida. Pero al argentino se le encendió la bombilla. Koné, delantero suplente del filial en Tercera División, era su solución. El tiro le salió por la culata. Tras varias jornadas como titular, el argentino se acabó dando cuenta de que sólo con velocidad no se puede ser atacante en Primera División. El costamarfileño sólo fue el primero de varios planes que pulularon por la cabeza de Cúper y que siempre le salieron mal. Como el cambio de sistema ante el Barcelona, donde los tres pivotes (Tziolis, Diop y Adrián) junto con el debutante Koné fueron incapaces de frenar el poderío azulgrana o la que alineó ante el Málaga con una banda izquierda inédita (Christian y Cisma) y una delantera con solo velocidad (Munitis y KonéGi?o. Tras siete partidos disputados, el técnico argentino utilizó 7 alineaciones distintas, empleó a 24 futbolistas e hizo debutar a tres jóvenes en Primera. Esto le hizo reflexionar. «Quizás soy yo el que no está dando con la tecla». Antes, le dio tiempo a perder a Serrano, al que humilló con el doble cambio ante el Granada, y a conseguir la primera victoria liguera ante el Betis. 

Al borde del naufragio, una imputación en una presunta trama de apuestas ilegales en el Calcio y el caso Tziolis, la semana pasada, certificó su hundimiento.

Fuente: El Diario Montañés 


Publicado por Castro2 @ 19:17 | 0 Comentarios | Enviar

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