S?bado, 15 de octubre de 2011

La última noche imposible

Cuando Verón recogió el pase de Mario para fusilar a Urruti, hasta Di Stéfano se echó las manos a la cabeza. «Se comprueba que no hay enemigo pequeño», dijo Don Alfredo. Fue el segundo, ya cuando el reloj marcaba el 86. Y es que aquello fue digno de frotarse los ojos. En aquella liga de los negativos, el Racing los tenía casi todos (en total, once de esos puntos con peso de lastre). Llegó al Camp Nou sin saber lo que era puntuar a domicilio y con una previa escrita en El Diario Montañés bajo un título que no dejaba mucho margen a la esperanza: 'Bajo el signo de la goleada'. Pero el presagio de la humillación se giró en noventa minutos. El 27 de febrero de 1983, los racinguistas se regodearon en la página 25. «¡Bombazo del Racing!». La historia no ha vuelto a repetirse desde entonces.

Los datos nunca invitan al optimismo. De 36 visitas a Barcelona, sólo dos victorias y cinco empates. Aquella noche de febrero (el partido también se jugó en sábado), tampoco. «El único interés es el de quedar, más o menos, bien», escribieron los periódicos en torno a un equipo, el cántabro, casi desahuciado. No cambió mucho la visión cuando el balón echó a rodar. Villita tuvo que sacar un remate de Migueli bajo palos a los siete minutos. A los ocho, Víctor envió el balón al poste y, en todo ese tiempo, el cántabro que más tocó la pelota fue un Alba que, por entonces, lucía bigote. Cuentan que su actuación esa noche fue casi prodigiosa. Pero los eternos brazos del cancerbero se desplegaron con más fuerza que nunca cuando vio lo que ocurría en el otro extremo del campo antes de cumplirse el primer cuarto de hora. Toda una celebración. Chaparro se frenó en seco y levantó lo justo la cabeza para ver la posición de Álvarez. La zurda del destinatario hizo el resto. Fue el cero a uno y el inicio de la «conmoción» -de eso hablaron los diarios de toda España-.

Ni Schuster, ni el 'Lobo' Carrasco... Ni siquiera el cántabro Marcos Alonso. El Barcelona se dedicó a asediar la portería del Racing de un Fernández Mora, 'Moruca', que, desde el banquillo, se desgañitaba para que su voz pudiera escucharse entre el estruendo de los 80.000 aficionados que empujaban en el Nou Camp.

La sentencia

Fue un constante bombardeo sobre Alba, aunque Chiri, que había saltado desde el banco para sustituir al lesionado Chaparro, pudo poner la puntilla para evitar tanto sufrimiento. Ese papel le correspondió al argentino Verón. A la contra, como no podía ser de otro modo para un equipo que, cuentan, se defendió con más orden y seriedad que en todo aquel año desastroso. La defensa despejó en largo y Mario pudo conectar con la carrera de aquel futbolista inolvidable para los cántabros.

Su tanto supuso una victoria increíble y una de las pocas noticias para una temporada nefasta. Y es que, aquel equipo, el último capaz de ganar en el Nou Camp en la historia del Racing, terminó la temporada con un descenso a Segunda División. Pero de eso, hoy, nadie quiere acordarse.

Fuente: El Diario Montañés 


Publicado por Castro2 @ 11:14 | 0 Comentarios | Enviar

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