S?bado, 15 de octubre de 2011

El Racing quiere aburrir al Camp Nou

En aquel estadio inmenso había una banda con la misión de interpretar el himno del ganador del Mundial. Pero a los músicos nadie les había dado la partitura con las notas de Uruguay. Ellos sólo habían ensayado el 'Brasil Campeao', compuesta expresamente para el triunfo carioca en el Mundial de 1950. En el país, ya antes de la final, prevista para el 16 de julio, se habían vendido más de medio millón de camisetas conmemorativas de la victoria local. Hasta el presidente de la FIFA tenía preparado un discurso en portugués. Y es que nadie en Maracaná apostó por ver a un churrúa levantando la Copa. Por eso, a aquella tarde inolvidable se le llamó Maracanazo. Y, por eso, el término ha quedado escrito en el diccionario no escrito del fútbol para definir las victorias imposibles. El Racing busca hoy (20.00 horas) su particular 'maracanazo' en el Camp Nou. Porque, si este deporte se basara en la lógica, una victoria visitante sería imposible. Pero Uruguay sí que ganó a Brasil.

Los cántabros buscan resquicios a los que agarrarse. El famoso 'virus FIFA' es uno de esos tópicos de las previas que sirven para inyectar emoción a partidos que, a priori, no destacan por la igualdad. Pero sí parece una realidad que a los chicos de Guardiola les cuesta desperezarse después de recorrer medio mundo para jugar con sus selecciones. A Messi le descentra Argentina. La albiceleste es la excepción que confirma su autoridad como mejor jugador del mundo y eso suele tocarle su punto más débil. Algo es algo. Cansancio, huellas físicas, falta de motivación... Elementos que pueden pesar para pillar desprevenida a la 'bestia' blaugrana.

El empate ante el Madrid

Más sólido resulta el resquicio del precedente en forma de partido ante el otro grande. La frase más optimista que se ha pronunciado estos días en la Cantabria racinguista es la de 'si ante el Madrid se pudo...'. Y lo cierto es que a este Racing de Cúper lo que le gusta es destruir y hacer que sus rivales sean aburridos. Con el equipo más alegre del fútbol mundial, la motivación está por las nubes. Hacer que la pulga y sus amigos resulten aburridos merece tanto o más el precio de la entrada que ver la enésima exhibición de los campeones de todo.

De eso va la fórmula del Racing. Consiguió desesperar a los blancos y desquiciar a sus jugadores con más talento. Aquel día no había exceso de exigencia para los delanteros más allá de ayudar en la contención. Hoy, tampoco. Cerró bien atrás, descubrió a Bernardo, lanzó a Jairo, devolvió al once a Christian y Diop confirmó su condición de líder del once. Fue mucho más que un punto. Cúper y sus hombres se centraron ese día en lo único que, hasta ahora, han demostrado saber hacer: tener carácter, correr, desgastarse, presionar, incomodar... La creación de juego y las visitas al área rival tenían día libre y eso mismo ocurre hoy, en principio, frente al Barça. Porque la única exigencia real que existe por parte de la afición verdiblanca es la de regresar sin el honor demasiado tocado.

Y es que una derrota 'sangrante' ofrece el riesgo de abrir unas heridas ya de por sí con exceso de carne viva. La semana ha tenido más números que fútbol. El informe de los administradores concursales que El Diario ha ido desgranando estos días ha puesto de manifiesto la realidad desoladora del club. Ese contexto se traduce ya desde hace meses en una progresiva pérdida de interés de todo lo que tiene que ver con el Racing. Hay un peligroso y palpable desapego que advierte desde su esquina que, si Toño recibe más goles de los que la moral soporta, el próximo partido puede empezar a tener atomósfera fúnebre.

Traducido al optimismo, el choque de hoy es una oportunidad de recuperar para 'la causa' a ese sector que ha decidido dedicar las tardes de fútbol a otra cosa (ni siquiera todos los socios acuden a El Sardinero). Eso puede conseguirse con algún punto sorprendente y hasta con una imagen digna.

La tarea no es sencilla. El vigente campeón lleva tres partidos en su estadio. Ha anotado 18 goles y no ha encajado ninguno. Los cántabros llevan la mitad de tantos que el máximo artillero de su rival (Messi, con ocho). Sólo se han sumado dos empates en veinte años. Y, así, una larga lista de estadísticas y datos en contra. Una misión imposible. Como la de aquel Uruguay del cincuenta en el imponente Maracaná. Pero Alcides Ghiggia mandó el balón entre el poste y el guardameta Barbosa para anotar el uno a dos y levantar la Copa más deseada del planeta fútbol. La banda de música no tocó ninguna pieza al final del partido...

Fuente: El Diario Montañés 


Publicado por Castro2 @ 11:13 | 0 Comentarios | Enviar

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