Jueves, 06 de mayo de 2010

Bronca y desbandada general en El Sardinero

«¡Pernía vete ya!». «¡Portugal, dimisión!». El 0-4 del Sevilla fue la gota que colmó un vaso que llevaba meses rebosando. Empezó con unos tímidos «¡fuera! ¡fuera!», siguió con un amago de pañolada, y terminó con una buena bronca. Sin embargo, y afortunadamente para los aludidos, la pitada final, al término del bochornoso encuentro, no fue para tanto. Pero que no se ilusione nadie: se debió a que más de la mitad del público no tuvo humor para aguantar y se largó antes para casa.

Hasta ese gol, llamaba la atención que nadie se revolviese. Todo quisque parecía tranquilo: el entrenador, los jugadores, el presidente, el público... y la verdad es que es mucho decir que se pueda confiar en que haya otros tres más malos en la Liga que quieran suicidarse para que el Racing continúe en Primera División. Ha entrado en barrena y ya está a punto de zambullirse en los puestos de descenso.

El otro día, antes del partido, Fernando Ortiz, el presidente de la Asociación de Peñas, decía que había que animar al equipo -ya saben, la leyenda del jugador número 12- porque, y cito de memoria, «unos jugadores van y otros vienen, pero somos nosotros los que nos quedamos», lo cual, convenientemente traducido, viene a decir que sólo a los aficionados les importa de verdad lo que pase. Está mal que ya no se sepa si están hablando de fútbol o de política.

Permanencia

Decididamente, la permanencia ya no se juega aquí. Ni aquí, ni allá, ni en ningún campo donde se encuentre el Racing. Crucemos los dedos o, mejor, démonos las manos y empecemos a rezar, porque esto está fatal. Mala cosa es que el campo no se llenase ni regalando las entradas -las calvas en la grada daban pena- pero es que resulta difícil pedir a los aficionados que se hagan los entusiasmados. Para ver esto no merece la pena pasar frío. Era triste comprobar cómo la gente andaba más pendiente de los partidos del Valladolid y el Málaga. ¿Alguien podía creer que iba a ver al Sardinero aplaudir los goles del Athletic de Bilbao?

La afición ha aguantado un montón de tiempo junto al lecho donde agoniza el equipo, pero ya se ha hartado y dice que se ocupe del enfermo su familia. La temporada ha consistido en un partido malo, seguido de otro peor y, después, de otro pésimo. «Esto no es el Racing», hemos venido repitiendo un vez y otra... y claro que lo era. Tanto decir que el Racing no tiene una identidad para tener que reconocer, a dos semanas del final, que sí que la tiene: ésta tan horrible.

Una buena traca

Es difícil explicar cómo es posible que si el Racing se está jugando el pellejo se deje marcar un gol recién empezado el partido y con un contragolpe. Todavía es más complicado justificar el segundo -otro desastre de la defensa, media salida del portero, un penalti que debió significar la expulsión de Morris y un tiro de Kanouté que da risa-. ¿El tercero? No había pasado ni un minuto de la segunda parte, toda una prueba de concentración. El cuarto, que ya daba igual. El quinto también. A veces se habla de un 'gol psicológico'. Pues bien, el Sevilla marcó cinco de ésos.

¿Una revolución en el equipo? Portugal se inventó para la ocasión un nuevo dibujo que sólo sirvió para poner en evidencia -más aun- la impotencia e incapacidad del equipo. El balón, como un imán, parecía atraer a todos los futbolistas del Racing, que corrían detrás como mi perra cuando le tiro la pelota en Liencres. Descolocados, desorganizados, sólo faltó que se chocasen entre ellos para convertir la tragedia en charlotada.

En ningún momento dio sensación de que el invento fuese estrategia, sino ocurrencia. Una defensa de pura prueba -Pinillos cambiado de banda; Morris, después de medio año sin jugar, de lateral; Moratón, otro tanto...-; por delante, algo así como un triple pivote donde se empantanaban los balones, para acabar en una delantera en la que Canales trabajaba de lateral. Raro, raro. De los cambios, para qué hablar. El más acertado de ellos, probablemente, sea el del rubiales, y sólo porque así aseguró su presencia en Valladolid. A partir de ahí se puede echar la cuenta.

No es de extrañar que el Sevilla se aprovechase de la situación, y eso a pesar de que el árbitro vestía de verde y blanco debajo de su uniforme. Lástima que el reglamento le impidiese tirar directamente a puerta.

Quedan sólo dos partidos para terminar la Liga y un tremendo miedo en el cuerpo. ¿Puede ganar a alguien el Racing? Así, desde luego que no. Quizás un voluntario que tenga el teléfono de Maradona podría hacer el favor de preguntarle el nombre de las pastillas que echó en las botellas de agua de la selección de Brasil.

Fuente: El Diario Montañés


Publicado por Castro2 @ 18:48 | 0 Comentarios | Enviar

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