Martes, 30 de marzo de 2010

V?a crucis en San Mam?s

Son días de sacar en procesión a los Santos. Y ayer se jugaba en una catedral. En el arranque del partido, cada equipo asumió su papel en la Pascua. El Athletic, al paso. Uniforme y solidario, para que los costaleros no hagan temblar demasiado al patrón del pueblo. Y a San Mamés le gustó tanto que repartió bendiciones con Llorente como profeta. El Racing decidió, de entrada, no ir en procesión. Se apuntó al Vía Crucis y a cantar saetas. Ahí, en esos primeros veinte minutos de partido y de Semana Santa, se decidió todo. Cuando el conjunto cántabro se puso el capuchón ya era tarde, aunque, por momentos, confió en los milagros. Tchité redimió sus pecados y Bolado recibió el bautismo. Y si faltaba algún papel, Velasco Carballo eligió el de sacerdote con la triste tarea de entregar la extrema unción al partido.

Hubo de todo. Goles, una expulsión, polémica, chilenas, un penalti, sangre en las camisetas... Hasta la climatología le recordó a los que ponen fechas en el calendario que el fútbol del norte no quiere los lunes. Lluvia y viento para darle leyenda al principio de la semana. El fútbol tras el pitido inicial recordaba a un duelo entre el Wolverhampton y el Everton en los setenta. Iraizoz y Coltorti combinaban entre ellos más que los centrocampistas. Y es que los locales no engañan y los visitantes tampoco. Pero el Athletic tiene a Llorente y el Racing, no.

Y a la zaga verdiblanca se le olvidó ese detalle en los primeros minutos. A los doce, el delantero arrasó el área. Cierto es que no había trincheras. Casi sin oposición fusiló a Coltorti con un impecable remate de cabeza. El gigante se adueñó del partido y quiso demostrar que desde más abajo también sabe jugar al fútbol. De espaldas a portería, pegado a la cal donde termina el juego, humilló a Henrique en una jugada que recordó -sin taconazo- a aquello que hizo Redondo en Old Trafford hace ya muchos años. Se fue, pasó atrás y el papel de Raúl lo asumió Toquero. Un partido de noventa resuelto en diecisiete.

Resurrección

O eso parecía. Porque a partir de ahí, los vascos decidieron cumplir el quinto mandamiento. Y como no mató, el Racing decidió abandonar la vigilia. Velasco Carballo dejó sin sancionar un claro libre indirecto dentro del área del Athletic. A Colsa le pusieron una bota en la cara. Fue la primera de las tres decisiones en las que Velasco Carballo negó la verdad y la fé. Cinco minutos después, Canales, Colsa y Tchité hicieron que el balón bajara a la tierra y el congoleño recordó lo que es levantar los brazos. Su cuarto gol (el último lo había marcado el 6 de diciembre).

Los tambores avisaban de que el Racing había vuelto a desfilar. Quería apuntarse a la resurrección y Canales, en una contra, clamó al cielo. Corrió con la bola pegada desde su propio campo, pero le faltó punta y aire. Regateó en exceso pero llegó a tiempo de regalar un dulce a Colsa. El esférico se trabó entre sus piernas mientras el silbato sentía los labios del colegiado.

La segunda parte empezó con un Racing creyente. Canales lanzó una falta que obligó a Iraizoz a estirarse. Hasta pareció que los patadones se habían tomado un descanso. Fue un episodio menos desequilibrado. Más justo para el espectador. Que si llegaban unos, que si lo hacían otros... Y lo que llegó fueron los cambios. La decisión de Portugal de retirar a Serrano por Diop requirió una explicación desde el púlpito. No por quitar al catalán (que se había quitado sólo con su juego), sino por introducir una variante que sonó a defensivo con el marcador en contra. Cinco minutos más tarde, Arana sentó a un Munitis impotente.

Y, entonces, un diluvio universal de acontecimientos... Sin tiempo para saber si una bola envenenada que Coltorti sostuvo con el cuerpo dentro había llegado al paraiso, Velasco tomó su segunda decisión. Christian forcejeó con Llorente y el árbitro se rasgó las vestiduras. Penalti riguroso. Como a aquellos que al Racing le pitaban a favor cuando Zigic jugaba para Pernía. Una mano del lateral, un mal gesto, propició el pecado al ver derrumbarse al Goliat de Vizcaya. El propio Llorente ejecutó el castigo. Rasito y al centro.

Bolado y los prodigios

Mientras San Mamés sacaba los ramos para su estrella, Portugal cambió a sus profetas. Retiró a Tchité y sacó a Bolado. Casi en su primer balón, el chaval justificó los sacrificios de pagar una entrada. Balón desde la derecha y estampa celestial. De chilena radiante. Una acción divina. Golazo.

Oriol quiso meter prisa y llevarse el balón hasta el centro del campo. Nadie le dio importancia salvo Velasco Carballo. Sacó una tarjeta que acabaría matando el ritmo de santidad que llevaba el choque. Tercera decisión. Cantó el gallo.

En el mismo minuto, el central pagó por sus pecados con una segunda cartulina. A la calle él, el Racing y el partido. Quedaban diez minutos, una expulsión y dos goles. Uno para cada equipo.

Locura

Fede Castaño se marchó por portestar y al Racing le hicieron la contra definitiva en un saque de banda a favor. Saque, pérdida, pase y gol. Así de fácil.

Pero aún hubo tiempo para un último milagro y para que dos jóvenes escribieran sus mejores profecías. Canales -que en San Mamés jugó verdaderamente bien al margen de la publicidad- le mandó un pase en profundidad a su compañero de cofradía Iván Bolado. El canterano hizo lo que hacen los delanteros de verdad. Controlar y matar. Milagroso: un punta de este cicatero Racing marcaba dos goles en un mismo partido. Bienaventurados los jóvenes, porque de ellos es el futuro -y ya el presente de este equipo-.

No hubo más porque ya hubo demasiado. Al Racing le faltaron minutos para remontar el marcador y le sobraron los veinte primeros. En ese arranque el equipo ya había alcanzado el calvario y se habían ganado merecidamente el infierno. Aunque Velasco Carballo, después, se lavara las manos...

Fuente: El Diario Montañés


Publicado por Castro2 @ 19:13 | 0 Comentarios | Enviar

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