Jueves, 25 de marzo de 2010

Que nadie lo llame buena racha

Pues parece que no había tanto interés por saber si el Racing sería capaz de ganar en El Sardinero: las calvas en el graderío resultaban ayer deprimentes. Puede ser por puro aburrimiento de los aficionados, hartos ya de tanta preparación psicológica y tantos mimos para hacer lo que hacen todos los equipos. Eso, y la castaña adicional de los partidos entre semana sin más sentido. Tener fútbol el miércoles (¡y el próximo lunes!) despista a cualquiera y revuelve los biorritmos. La gente sin rutina se desorienta y al final tiene que guiarse sin calendario por las fechas de caducidad de los yogures.

Bien. Mientras la Liga colabora con la masonería o el Club Bilderberg en su investigación relativa a cuanto estrés futbolístico soporta una persona llegó el Mallorca a Santander. Es un equipo simpático. Aquí siempre han puntuado mucho la historias de superación y el orgullo del pobre, quizás por la huella genética de los hidalgos, porque han hecho mella las películas que programan en Navidad o, más probablemente, porque estamos acostumbrados al Racing y, a falta de trofeos, contamos las machadas por premios.


El peso de la responsabilidad. Toda la semana dando la matraca con la angustia que ata las piernas de los jugadores cada vez que juegan en los Campos de Sport. Eso cuela hasta cierto punto, y siempre que haya un poco de complicidad con quien recibe el mensaje. Cuando el sueldo supera los cincuenta millones al año (me encanta eso de 'de las antiguas pesetas') parece que no hay mucho hueco para el decaimiento. Bien pensado, retiro el argumento facilón, propio de Ramoncín.

Lo que intento decir es que prefiero otro tipo de explicaciones. El otro día lo decía muy claramente Lacen, ayudado por su desconocimiento del idioma, que le hizo elegir la palabra exacta. Contaba que en el Racing, cuando uno lleva el balón y mira, sólo encuentra uno o dos compañeros -y con suerte- a los que puede pasar la pelota. En vez de alternativas o posibilidades, él hablaba de «soluciones». Con el Mallorca en el campo se entendía a la perfección. El equipo de Manzano, también humilde, 'barato' y con todos los demás apellidos que se le pueden atribuir al Racing, se las ingeniaba para acompañar cada balón como si fuese de boda.


Juego bonito. Portugal se curó en salud días antes del encuentro al advertir de que a veces es mejor atar los puntos que ofrecer buen fútbol. Y se lo va a contar a los paisanos de la tierra que vio en acción a Maguregui y que nunca ha esperado que brotasen peras en los olmos. Hay argumentos que conviene dosificar, como el de no haber tenido tiempo suficiente de pretemporada o el de contar con un presupuesto bajo. El del juego feo y resultón, sobre todo cuando es feo pero no tan resultón, es arriesgado.

Por lo menos, el entrenador demostró que conoce a su equipo a la perfección: la verdad es que jugó horriblemente.


El gafe. Una cosa es que por exigencias del guión haya que escribir de los 'campos talismán' (mal dicho, porque 'talismán' no es un adjetivo), o, al contrario, de 'campos malditos'. Qué casualidad que la noche de Walpurgis nunca se celebre en el Camp Nou.

Pero, por otro lado, no se puede negar que algo pasa en El Sardinero. Lo mismo que queda claro que algo pasa con Tchité. Si por lo menos fuese un vago, pues sería más fácil meterse con él. Pero es que el muchacho pone voluntad y ganas. Ha recuperado velocidad y ya no está instalado en el fuera de juego, lo que quiere decir que está más atento.

Ayer tuvo un par de 'casis', y en el más claro su inseguridad le impidió tirar. Con eso de que es de Burundi siento la tentación de hablar de hechiceros, pero me contendré para atajar posibles acusaciones de racismo. Mala suerte y punto.

Por otro lado, y teniendo en cuenta que Portugal es un señor conciliador y comprensivo, quizás vaya siendo hora de que perdone a Xisco sus excesos verbales y vuelva a convocarle.


Ha nacido una estrella. Para cerrar el capítulo de potenciales críticas por el asunto del color, nada mejor que alabar el trabajo de otro africano, Pape Diop. El otro día, muy graciosillo, hablé de un Canales negro. Hoy hay que insistir después del magnífico pase que pudo haber sido gol de no acabar en las botas de Tchité y que demuestra una excelente visión de juego. Acabará dándonos grandes alegrías.


Ni a la de tres. Tanto rollo para no acabar en nada. La pregunta inicial es la de si el Racing podría ganar en casa. Pues no. El ir y venir de jugadores en el partido surtió el mismo efecto que el péndulo de un hipnotizador. Hay un momento en que la mente se queda en blanco y si, insisto, los de la masonería, el Club Bilderberg -o Spectra, simplemente- aprovechasen la ocasión, podrían enviar una serie de órdenes por medio de los vídeomarcadores para dirigir la voluntad de todos los asistentes y hacerles tirar la estatua de la sardinera o cualquier otra diablura.

Y, para concluir: sé de sobra que van tres empates (a cero) y una victoria, pero que a nadie se le ocurra decir que esto, después del partido que nos hemos tenido que tragar, es una buena racha.

Fuente: El Diario Montañés


Publicado por Castro2 @ 19:14 | 0 Comentarios | Enviar

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