Jueves, 25 de marzo de 2010

La rutina de no ganar nunca

Más de un chico de esos a los que no les alcanza para volar del nido llegó anoche a casa y vivió la misma escena. Una de esas madres a las que el fútbol ni les va ni les viene, pero que buscan pretextos para fomentar la comunicación generacional, pregunta: «¿Y qué tal el Racing?». El chaval, camino de la cocina, responde con desidia. «Bueno... Bah...». Es la mejor definición para el partido de ayer. Lo peor en el fútbol es acostumbrarse a las malas noticias. Y en El Sardinero no ganar es ya una costumbre demasiado arraigada. Sin goles, sin victorias... Pero sin sobresaltos.

El partido de ayer divide a los dos tipos de personas que existen. Los pesimistas resumieron con un nuevo partido sin obtener victoria en casa, con el anhelo de aquello que llamaban gol, con las oportunidades erradas por los delanteros y con el aburrimiento para los que aún le dan a este deporte un halo de romanticismo y épica. En la barra del desayuno de hoy, alguien que se despierte con sonrisa, rebatirá cada argumento. Cuatro encuentros sin perder consecutivos, la portería a cero, el portero se ha consolidado y ayer cada equipo dispuso de seis ocasiones.

No cabía, en cualquier caso, esperar mucho de un partido entre el peor local y el peor visitante. Las casas de apuestas por Internet no hicieron millonarios. Manzano se fue sonriendo con el punto y a Portugal sólo le hicieron tres preguntas en la sala de prensa. ¿Para qué insistir? Olía a rutina en las duchas de un campo cansado. Vale que era miércoles, pero alguien debería anotarse que ayer hubo 14.166 espectadores en las gradas.

Los debates

Ante tan poca sustancia, tal vez lo noticiable está en los nombres propios. Tchité acaparó protagonismo. El congoleño cogió su fusil... Pero destrozó la pared que rodea la diana con acciones inoperantes ante el portero rival. Sobre todo, una. Un taconazo de Canales de esos que justifican tragarse el resto -el chaval aparece a cuenta gotas, pero juega a una cosa diferente- quedó trabado entre las piernas de un delantero rápido de piernas, pero lento de instinto y de ideas. Tchité llenó de borrones un cuadro que aspiraba a colgarse en un museo. También un soberbio pase largo de un Diop que ya es titular indiscutible. El pesimista dirá que no vale. El optimista -Portugal en rueda de prensa-, que la ovación que le brindó El Sardinero es el reconocimiento a su esfuerzo.

Porque Tchité se fue entre aplausos. Pese a que lleve once meses y un día sin marcar en Liga ante su afición. Pese a que no aprovechara las únicas dos ocasiones con pinta de gol que creó el Racing. Hay un dato a su favor, pero no puede decirse. Xisco lo reconoció ante el micrófono de Punto Radio y no ha vuelto a jugar desde entonces. «Jugar de delantero en este equipo es misión imposible», apuntó. Tal vez no puede decirse, pero es cierto.

Portugal lo sabe, pero, posiblemente, no tenga mimbres para otro cesto que no sea el del juego directo. Ayer se dio la mano con Manzano y los aviones se cruzaron con más bolas que pájaros. Que se juegue lejos del área propia...

Otro nombre propio -una semana más- es el de Munitis. Fue titular cuando en las quinielas no figuraba. El míster tenía la escusa de los tres partidos en nueve días. Pero repitió. Otra vez esos dos tipos distintos. Uno silbándole por su negación ante el gol (un remate suyo de cabeza convirtió la grada en un lunes en el Parlamento de Cantabria) y otro aplaudiéndole por el esfuerzo y por los dos o tres pases más coherentes del partido. ¿Votos a favor? ¿Votos en contra?

El del Barrio Pesquero es muy listo y no hace un gesto de más para encender ánimos. Le cambiaron en el 76 y se marchó tan rápido que no hubo tiempo para opiniones.

Más nombres

Otro caso curioso es el de Arana, opción desechada de inicio una vez más. Lleva varios partiendo corriendo durante muchos minutos. Pero en la banda. Por detrás de la línea donde se juega al fútbol. Lo cierto es que ayer no hizo nada reseñable en sus minutos. Como Toni Moral. Sin pena ni gloria.

Bolado parece destinado a adquirir protagonismo, aunque ayer pasó más bien desapercibido. Y el que se ha ganado que su nombre aparezca en las crónicas es Coltorti. El Mallorca de Champions no fue gran cosa, pero el suizo atajó con riesgo de tirón muscular en la pierna el remate más peligroso de los insulares. Fue en la primera parte y ya se sabe qué pasa cerca del Cantábrico cuando el rival se adelanta. Así que, prácticamente sólo con eso (y alguna parada más de andar por casa), ya fue trascendental. La presencia de su ajustada camisola naranja ya no genera tantas dudas y en la grada se nota.

Por partes

Respecto al desarrollo del juego, la segunda parte fue mejor que la primera. El partido tuvo intención de ser abierto. Con llegadas abundantes pero ocasiones escasas. Se jugaba cerca de las áreas, pero en la grada se escuchó demasiado poco el 'huyyyyy'.

El primer capítulo se saldó con reparto de cuota entre aplausos y bostezos. La parada del suizo y el cara a cara entre Tchité y Aouate (el del pase de Diop) entraron en las primeras líneas del resumen. En la segunda, el equipo dio ese pasito más que le valió en Pamplona. Pero en casa tal vez no es suficiente. Mejoró, en cualquier caso, y dominó más, aunque Henrique tuviera que correr hacia atrás para cerrar a Aduriz cuando Oriol -consolidado justamente como titular- se escurrió para dejar hueco.

En los últimos diez minutos, desde las oficinas del club marcaron el número de la funeraria. El partido había muerto y sólo tres contras del Mallorca intentaron evitar la autopsia. Muñiz Fernández (inadvertido) mandó a todos para casa en un encuentro del que nadie hablará en un par de días.

Los poco más de 14.000 fueron saliendo poco a poco sin aspavientos. Cogieron el coche para escuchar en la radio entrevistas cortas y no encontraron nada qué decir para responder a ese: «¿Y qué tal el Racing?».

Fuente: El Diario Montañés


Publicado por Castro2 @ 19:10 | 0 Comentarios | Enviar

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