Lunes, 22 de marzo de 2010

Primavera en el Reyno de Navarra

Parece que con treinta puntos la vida se ve de otro color, aunque el Racing no suba de piso en la clasificación. Al final, los hechos fuerzan a admitir en el vocabulario el concepto de 'campo talismán'. Desde que el estadio de Pamplona cambió su nombre al de Reyno de Navarra el Racing no ha hecho otra cosa que apañar puntos cada vez que ha pasado por allí. ¿Será por el tipo de hierba, las dimensiones del prado, la electricidad estática...? No se puede decir que la afición de allí sea especialmente simpática, ni que el campo esté cuesta abajo como un futbolín averiado, así que no hay una explicación lógica. Habrá que reconocer, aunque cueste, que el Racing tiene allí guardada su cornucopia. Adiós a la ciencia y vuelta otra vez a los tiempos de Jiménez del Oso.


A puerta cerrada. Decididamente, Miguel Ángel Portugal ha dedicado sus jornadas de trabajo secreto a algún tipo de oscura ceremonia. Visto así, lo de 'a puerta cerrada' adquiere otras connotaciones más misteriosas.

Creímos a comienzo de temporada que Juan Carlos Mandiá era el sumo pontífice del nuevo culto del fútbol -nada de la Iglesia Maradoniana: algo mucho más serio-, en la que el partido era sólo una representación de la lucha entre fuerzas elementales: el campo de batalla se hallaba en realidad en otra dimensión.

Pues no, no era él. El técnico era sólo aprendiz de brujo; Portugal es el nuevo depositario del saber hermético-balompédico. Ha de ser así, porque lo visto en los saques de esquina o en los lanzamientos de falta no justifica esos entrenamientos a salvo de miradas ajenas. Y el triunfo, ahí está.


El próximo gol, Coltorti. Anda que no es complicado que el Racing marque tres goles (otra vez refrescamos la memoria del lector con la historia de los cinco partidos que llevaba el equipo sin colar uno, y de los siete sin ganar), y que, para colmo, ninguno de ellos sea de los delanteros. Sin goles, la calidad de Tchité ya sólo puede valorarse por sus andares o sus maneras. Desde que el fútbol ha ganado en presencia, poderío e importancia, han ido apareciendo conceptos nuevos, y uno de los más celebrados ha sido el del juego sin balón. Seguro que se le puede encontrar un nombre sonoro a la función del africano: enreda, incordia a la defensa y no se le ve ocioso. ¿Ariete fantasma? ¿Turbador de zaga?

El tanto de Colsa, un hombre de bien atrás, sirvió para desatascar el grifo de los goles. Vio claro que si no metía ese genial zapatazo desde casi medio campo íbamos a seguir otra semana igual, dando la lata en los periódicos con lo mismo de los últimos tiempos. Christian -todavía viene de más atrás- también lo entendió: cualquier cosa antes que aguantar a los pesados de los periodistas con la historia de siempre. Pocos goles de cabeza -apuesto a que ninguno- habrá metido de esa manera tan barroca.

La guinda del pastel, la diana de Diop. Su entrada en el campo parecía estrategia de Amarrategui, y resultó que era el Canales moreno. Tiene buena vista para los pases, sólo le falta darlos.

En fin, que hasta que no pinten de fosforito las porterías para que las pueda distinguir Tchité, y mientras Xisco no se dé cuenta de que en el Racing no se hace carrera esperando pelotas, el futuro parece pertenecer a Iván Bolado.

Menos goles que el burundés seguro que no va a meter y más pegas que el otro seguro que no va a poner. Ser joven y tener ganas pueden ser dos buenos argumentos para ganarse el puesto.

Fuente: El Diario Montañés


Publicado por Castro2 @ 18:47 | 0 Comentarios | Enviar

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