Lunes, 15 de marzo de 2010

Sin noticias del gol

Cuando los espectadores sufren más que las defensas, el fútbol se ha ido a otra parte. Y no fue su corazón el que recibió castigo. Más bien su ánimo. El uso abusivo del respeto condena a muerte la diversión. Y en El Sardinero ese concepto está sentenciado desde hace ya demasiado tiempo. Como el gol. Este Racing ya ha batido un récord. El de tener que hacer memoria para acordarse de la última vez que los cántabros levantaron los brazos. Conclusión: cero a cero cantado.

Portugal tiró de urgencia para confeccionar un once. Alineó a 'los malditos' en defensa. Todos ellos -Crespo, Moratón, Oriol y Christian- han sufrido en distintas fases el peso de la culpa. A algunos les señalaron sus entrenadores. A otros, el público. Sin embargo, ayer fue, de largo, la línea más solvente. Era tanta la necesidad, que el míster hasta convocó a un turista. Morris volvió a ponerse el chándal. Por delante, poco que contar, salvo que Serrano -hace mucho que parece triste sobre el terreno de juego- vio el saque inicial desde el banquillo. Su puesto fue para un Toni Moral que hizo, en la primera parte, casi todo lo que el Racing en ataque.

Al margen de los nombres propios, Portugal cogió los pinceles para dibujar un esquema distinto. Diop por delante de la defensa y Colsa más adelantado. Para los amantes de la pizarra, algo así como un 4-1-4-1. La consecuencia es que el africano robó 13 balones antes de marcharse lesionado (y medio muerto) y el de Ramales tuvo las únicas dos ocasiones del Racing en todo el partido. Pero de crear juego, poco o nada. Y no porque sepan o no. Oriol confesó al final del partido que la consigna era evitar el centro del campo para no regalar contras. ¡Viva el fútbol!

No hacía falta que el central confesara secretos. Cuando a los ocho minutos Christian recogió un balón raso cerquita de su área con el rival más cercano casi en Zaragoza, le dio cinco toques para acomodárselo a la cabeza y se lo regaló al portero, quedó claro. Todos arriba y a mirar al suizo y al cielo. Los centrales del Zaragoza se frotaban las manos viéndolas venir de frente.

Y en eso se fue marchando la primera parte. Las excepciones las pusieron la cabeza de Colsa -después de un soberbio pase de Toni Moral y una buena combinación de Munitis y Canales- y Abel Aguilar, que rompió contra Coltorti un balón que se quedó enganchado en el área pequeña.

Reparto de puntos, de ocasiones, de posesión (54 frente a 46%) y, sobre todo, de temores. Y el balón que se marchaba a poner una denuncia por maltrato...

Minutos de la basura

En los primeros veinte minutos de la segunda mitad ningún periodista escribió nada en su libreta. Lo único que pasó fue el tiempo.

Y llegaron los cambios y, con ellos, el fútbol dormido se estiró en su cama de hierba por un instante. Lo justo. Iván Bolado se dejó ver más que un Xisco que se marchó cansado de correr a ninguna parte. Como si no hubiera estado. Hasta él lo dijo ante un micrófono. En las bandas, Serrano regresó y mandó a Toni Moral a descansar y a morderse la lengua. Al catalán no le gustó salir y a Arana le molestó no entrar. Se hartó de calentar para justificar la ducha.

En ese atisbo de fútbol, Colsa puso un pie en el área pequeña y consiguió que los aficionados se quitaran el pijama. Dos cabezazos de un Bolado optimista presagiaron un buen final de partido. Pero nada de eso. El partido se abrió con los cambios de unos y de otros, pero no tanto.

Oriol se llevó entonces el aplauso de la noche con una galopada tan larga como el campo. A esas alturas, los aficionados se conformaban con poco y, lo cierto, es que el catalán ya se iba mereciendo un aplauso. El aplauso para Oriol y los pitos para un Munitis defendido a capa y espada por su entrenador y protagonista de un triste debate en la grada y los medios. Sólo el míster sabe si el número del veterano delantero estaba destinado a salir en el cartel de los cambios cuando Diop le evitó tomar una decisión. Entró Lacen, siguió Munitis y Arana... Arana dejó de calentar.

El susto del último suspiro

Y cuando el partido se sentía ya demasiado cómodo en su guión de aburrimiento, el Zaragoza tuvo a tiro los tres puntos. Pero su disparo -Ánder Herrera, mano a mano con el portero en el descuento- se topó con Coltorti y con la pierna estirada de Crespo bajo palos.

Sonó el silbato de un Pérez Lasa inadvertido para dar paso a una sala de prensa y a unas matemáticas más interesantes que el fútbol. El Zaragoza no quiso perder y el Racing no supo como ganarlo.

Las cuentas de la vieja mirando hacia abajo. Otra semana más. Ya sobra un dedo en una mano para contar la distancia con el descenso. Para contar los minutos que el Racing lleva sin marcar un gol faltan manos. Demasiadas manos.

 


Publicado por Castro2 @ 19:06 | 0 Comentarios | Enviar

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