Martes, 09 de marzo de 2010

Enero en el mes de marzo

Habrá que empezar por preguntar a los que cuidan Mestalla que qué es lo que echan allí en el campo para esparcirlo por El Sardinero. En toda la temporada no se ha visto en casa un partido como el que el Racing jugó ayer en Mestalla, y eso que viajaba con unas cuantas bajas.

En caso de que no se trate de un fungicida o algún otro producto que afecte al rendimiento de los jugadores del equipo santanderino, será necesario empezar a creer en eso del 'campo talismán'.

Dicen los señores de la bata blanca que con tanto terremoto está cambiando de posición el eje sobre el que gira la Tierra. Siguiendo con esa idea, si antes el campo que daba suerte al Racing era el de Pamplona (marcó en su día el inicio de la recuperación y salvó las respectivas cabezas de Portugal y López Muñiz), puede ser que las coordenadas de la fortuna se hayan trasladado hasta Levante.

No fue lo del año pasado, cuando el partido acabó en 2-4 y Tchité metió tres goles, cosa que no hacía desde que jugaba con los alevines de Burundi, pero ayer el delantero volvió a parecerse al mejor recuerdo que se guardaba de él: un tío veloz y atento que no necesita que el árbitro le recuerde que está en fuera de juego.

Faltaron goles, aunque casi los hubo. Eso no puntúa, pero alegra el corazón. El africano, esta pasada semana, se quejaba amargamente de que el Racing no es de esos conjuntos que disponen de mil oportunidades en cada encuentro, que son más bien de una o ninguna. Ayer no: Canales, Arana, Diop y él mismo pudieron haber dado un meneo al marcador valenciano.

Sin lamentaciones

Si todo hubiese terminado de peor manera para el Racing, ésta sería la hora del lamento y el rechinar de dientes: afortunadamente no fue así. Mestalla era el lugar donde debía comprobarse si el enfermo se convertía en fiambre o respondía al tratamiento, y parece que va espabilando. Este marzo se va pareciendo a enero.

La mejoría no fue sólo cosa de la delantera. Aunque la tarea de la defensa y el portero tienda a pasar más inadvertida (no hay comparación entre evitar un gol y marcar, pese a ser tan importante una cosa como la otra), ahí queda el paradón de Coltorti y el buen trabajo -en términos generales: alguna gansada hubo- de toda la gente de atrás. El suizo es un gran jugador. En tamaño siempre lo ha sido; este año ha empezado a demostrar que en el campo, también.

No fue posible comparar su estatura con la de Nicola Zigic, el futbolista que tanto quiere al Racing cuando está en él y que se olvida de dónde está Santander en cuanto levanta el vuelo. Que sepa que el club sigue guardando una camiseta XXXL por si vuelve: aquí se valora mucho a los delanteros majos, pero casi se prefiere a los que son un poco raritos si meten goles.

Fuente: El Diario Montañés


Publicado por Castro2 @ 18:43 | 0 Comentarios | Enviar

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