Lunes, 01 de marzo de 2010

Un verdadero desastre

De mal en peor. Así va el Racing, un equipo que hace apenas unas semanas apuntaba a objetivos más ambiciosos que los que históricamente ha perseguido y que ahora está, una vez más, mirando hacia abajo. La ilusión de todos sus aficionados tras la llegada de Miguel Ángel Portugal al banquillo se ha transformado en inquietud. La esperanza, en enfado. El optimismo, en miedo. Y lo peor de todo es que todos y cada uno de estos sentimientos están plenamente justificados. La inquietud porque a nada que se compliquen las cosas, el conjunto cántabro estará de nuevo en descenso. El enfado, porque el rendimiento que está ofreciendo es penoso. Y el miedo... bueno, la Segunda División no es algo agradable para nadie.

Ayer, ante un rival directo como el Almería, el Racing volvió a ser el conjunto que hace cuatro meses dejó a la deriva Juan Carlos Mandiá. Exactamente igual. Atrás, un mar de dudas. En el centro del campo, todo un ejemplo de cómo no se deben hacer las cosas. Y arriba, lo de siempre, desacierto absoluto. El Racing había cambiado de la mano de Portugal y, sobre todo, de Sergio Canales, pero desde hace tres jornadas ha vuelto a ser un equipo ramplón, limitado en todos los aspectos, carente de capacidad de reacción, pobre en sus pretensiones... ha vuelto a ser el que dejó Mandiá. Los resultados ahí están. Tres partidos en los que los cántabros han encajado nueve goles y no han sido capaces de marcar ni uno solo. Tres derrotas que meten de lleno al Racing en la triste pelea por evitar el descenso.

Los culpables

¿Y de quién es la culpa? Pues de todos un poco. ¿De los jugadores?, por supuesto. Ellos son los actores principales. Los encargados de hacer buenos o malos los planteamientos. De poner toda la carne en el asador o de pasar como almas sin pena por los partidos. De ganar o de perder. ¿Del entrenador? También. Después de un comienzo más o menos exitoso ha vuelto a caer en la rutina de siempre. No parece encontrar alternativas a unos jugadores que en muchos casos parecen fundidos y apenas tiene capacidad de reacción cuando los partidos no salen como él los ha previsto.

Sin embargo, al margen de culpas más o menos repartidas, lo cierto es que el actual Racing no funciona en absoluto. Y ayer se pudieron ver todos y cada uno de los ejemplos que así lo confirman. La portería no está bien. No lo ha estado con Coltorti en los últimos encuentros y tampoco lo estuvo ayer con Toño. La defensa ha vuelto a ser una linea endeble, tendente siempre al fallo, poco contundente y demasiado nerviosa. Ayer le tocó el turno a Henrique, que falló con insistencia, aunque no fue el único. Oriol, Pinillos y Christian le secundaron.

El centro del campo, que si bien nunca ha sido un prodigio en lo que a creación de juego se refiere, sí había crecido en solidez, ha vuelto a las andadas y ya es de nuevo una línea pobre, carente de ideas y falta de recursos. Colsa no es en estos momentos el canalizador de juego que el equipo necesita y Lacen ha perdido la capacidad de contener por sí mismo al centro del campo rival. Y el ataque... más de lo mismo. A Munitis ya no le sirve la excusa del trabajo incansable que siempre ofrece. Serrano no está desde hace mucho tiempo. Canales, aunque es el mejor, tampoco puede echarse siempre el equipo a la espalda. Y Tchité... casi es mejor no hablar. El delantero africano desperdicia todos y cada uno de los balones que toca y su aportación ofensiva es nula.

Sin argumentos

A esta falta de argumentos deportivos hay que unir además la nula capacidad para remontar situaciones adversas. Ayer, hasta que el Almería marcó su primer gol, el Racing se defendió con cierta dignidad. Tuvo su ocasión con un disparo de Tchité al larguero y controló el partido con relativa comodidad. Sin embargo, después de que Soriano dejara por primera vez en evidencia a la defensa y al portero en la jugada que terminó con el primer tanto del Almería, el Racing desapareció. El control del juego que había tenido se transformó en temor. El dominio, en nervios. El Racing acababa de perder del partido y eso que todavía faltaban más de sesenta minutos por jugar.

Ni siquiera la reestructuración del equipo que Portugal hizo tras el descanso funcionó. Quizá todo lo contrario. Con dos delanteros sobre el terreno de juego, el Racing siguió sin inquietar a Alves. Siempre estuvo demasiado lejos de él. Todo lo contrario le ocurrió al Almería de Lillo, que pudo sentenciar el partido mucho antes si Uche hubiera estado un poco más acertado en dos ocasiones clarísimas. El conjunto andaluz había indultado en dos ocasiones al Racing, pero éste ni se inmutó. Siguió siendo el equipo incapaz que había sido hasta ese momento. Y así terminó el partido. Bueno, exactamente así no, porque el Almería marcó su segundo gol en una jugada vertiginosa que volvió a dejar en evidencia a los cántabros que a esas alturas del partido ya escuchaban con total nitidez los silbidos que el público comenzaba a dedicarles y los olés con que adornaban las jugadas de los almerienses.

La derrota de ayer deja al equipo en una situación más que delicada, sobre todo por la influencia que puede tener en una plantilla que, de nuevo, está viendo las orejas al lobo del descenso. Eso sí, en la clasificación acaba la jornada tal y como la empezó, a cinco puntos del descenso, aunque eso no hay que apuntarlo en el haber del Racing, sino en el debe del Valladolid, que junto a Tenerife y Xerez pueden ser la tabla de salvación que en estos momentos el Racing necesita.

Fuente: El Diario Montañés


Publicado por Castro2 @ 20:30 | 0 Comentarios | Enviar

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