Jueves, 06 de noviembre de 2008

De alba?il a futbolista de Primera

Pablo Pinillos (Murillo de Río Leza- La Rioja, 1974) conoce de verdad lo que es trabajar. Con 20 primaveras bajó del andamio abandonando su trabajo como albañil, recogió la uva, las veces que fue necesario, en su Rioja querida ayudando a su familia. Cumplidor en su trabajo futbolístico y excelente padre, todo ello gracias a su amor de toda la vida, Mónica. «Ella ha sido mi respaldo profesional durante 14 años. ¿Hay quién de más? Ahora, Pinillos ha encontrado su acomodo futbolístico en el Racing y su estabilidad personal en la ciudad de Santander. Este trotamundos del balompié, que comenzó a dar patadas al balón con poco más de siete años en el equipo de su pueblo, el Rapid de Murillo, ha ido escalando peldaño a peldaño en el fútbol, hasta llegar a disputar la Copa de la UEFA defendiendo la elástica del conjunto cántabro. Sus cualidades como futbolista son reconocidas por todos: zaguero contundente y resistente, disciplinado, luchador incansable, perfeccionista... 

–No se acordará de todos los equipos en los que ha jugado...

–Claro que me acuerdo (sonríe). Empecé en mi pueblo, en el Rapid de Murillo jugando al fútbol sala y luego pasé al SD Loyola en Logroño, un equipo de padres Jesuitas. Posteriormente di el salto al Calahorra en Tercera, comenzando en el Pontevedra de Segunda B mi carrera profesional. Ahí dejé la paleta por el balón, me salió bien incorporándome al Deportivo B. Este fue mi debú en Primera, luego jugué en el Toledo en Segunda, coincidiendo con el entrenador Miguel Ángel Portugal. Después llegaría el Compostela, Levante y, desde hace tres años, en el Racing. No son tantos como para no acordarme, hombre.

–Y los mejores recuerdos...

–En el Deportivo, sin duda, mi debú ante el Tenerife en Primera División con Corral como entrenador (1998) Después, en el Toledo, maduré mucho como profesional. La etapa más dura llegó en el Compostela, estuvimos una temporada entera sin cobrar, y qué cosas, logramos ascender a Segunda. En Levante disfruté volviendo a Primera, un hito para el club y la ciudad. Llevaban más de 40 años sin jugar en la élite, y ahora, aquí, en el Racing, jugando la Copa de la UEFA. Nadie se imagina lo que es jugar una competición internacional, todo el mundo te pregunta: compañeros, familiares, amigos. Es un privilegio.

–Volviendo al vete y ven de equipos y ciudades. ¿Qué tal lo lleva?

–La primera vez que salí de casa fue a los 20 años, me costó dejar a la familia, amigos, a mi novia... Me casé joven con Mónica, mi novia de toda la vida. Siempre me ha acompañado, ha sido mi mayor apoyo durante mi carrera como jugador, porque no sólo ha habido momentos dulces, también he atravesado momentos difíciles. Para lo bueno y lo malo siempre ha estado junto a mi. Aquí llevamos cuatro años con nuestros dos hijos, Aitor, de siete y Noa, de cinco. El mayor me dice que no se quiere mover de Santander, y yo tampoco.

–¿Y no hace alguna escapada a su pueblo?

–Claro. Nos estamos haciendo una casa allí, vamos siempre que podemos por vacaciones y algún fin de semana cuando no hay competición. Está a 16 kilómetros de Logroño, tiene 1.500 habitantes. Su gente principalmente vive del campo, del cultivo de la uva, el trigo, la cebada, pero fundamentalmente del trabajo en todo lo relacionado con el vino. Pero también han salido más futbolistas profesionales como, Jubera, que jugó en Primera en el Logroñés coincidiendo después en el Compos. 

–Pero yo no le veo en la vendimia...

–Desde que soy futbolista no. Pero de más joven, ayudaba a recogerla a algunos familiares que tienen campos de cultivo. Menudo trabajo, es durísimo, todos los días de sol a sol, apenas sin ponerte de pie, desde la madrugada hasta que cae la noche. Cuando se necesita, hay que arrimar el hombro y ayudar, como en el fútbol. Los riojanos tenemos unos vínculos familiares muy fuertes.

Fuente: El Diario Montañés


Publicado por Castro2 @ 12:33 | 0 Comentarios | Enviar

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