Lunes, 25 de febrero de 2008

El Sardinero volvi? a cantar 'illa, illa illa, Munitis maravilla'

Corría el minuto 83 del partido Racing-Almería cuando El Sardinero estalló en un sonoro aplauso. No es que el Racing hubiera marcado su segundo gol ante el conjunto andaluz. No. Era quizá algo aun más importante. Los aficionados verdiblancos aplaudían el regreso de su gran ídolo, Pedro Munitis, que en una proceso que sólo puede calificarse como vertiginoso se había recuperado de en poco más de un mes y medio de una lesión que en cualquier otro caso habría supuesto, prácticamente el final de la temporada para cualquier jugador.

Pero el futbolista del Barrio Pesquero está hecho de una pasta especial. Muy especial. Durante todo este tiempo, sabiendo el riesgo que tenía lo que estaba haciendo, el jugador santanderino no dejó ni un sólo día de trabajar de forma incansable para volver a vestir la camiseta de su equipo. Primero, con kilómetros y kilómetros de carrera continua mientras sus compañeros entrenaban y, además, disfrutaban de todo acontecido en la Copa durante un mes de enero frenético. Después, con los primeros contactos con el balón. Leves y en solitario, pero por fin entraba en contacto con su herramienta de trabajo. Además, por si fuera poco, estaban las interminables horas de entrenamiento en el gimnasio.

Bajo control

Munitis no dejaba nada a la improvisación. Estaba desarrollando un plan meticulosamente diseñado para poder estar cuanto ante junto al resto de sus compañeros. Y ayer, por fin, llegó el gran día.

Minutos antes de su regreso, Pedro Munitis ya pudo ver lo que le esperaba. Acababa de comenzar la segunda parte y Marcelino le daba la orden de calentar en la banda junto a Moratón y Pablo Álvarez. En cuanto El Sardinero se dio cuenta de que era su idolatrado Munitis el que correteaba por la banda, le brindó los primeros aplausos y comenzó a corear un cántico que ya se está convirtiendo en algo habitual: «Illa, illa, illa, Munitis maravilla».

Era sólo el preludio de lo que ocurriría a en los últimos minutos del partido, cuando Marcelino dio la orden al del Barrio Pesquero de que se apretara las botas porque iba a salir. Nada más verle junio al cuarto árbitro esperando a que Smolarek dejara el terreno de juego, el campo santanderino se puso en pie para recibirle. Él, como siempre, como ha venido haciendo durante todo el tiempo que ha permanecido lesionado miró al frente y comenzó a fajarse con cualquier rival que pasara cerca de él. Poco importa que sólo fueran unos minutos. Lo realmente trascendente es que el Racing ha recuperado a su buque insignia y que el futbolista puede volver a sonreír.

Fuente: El Diario Montañés
Publicado por Castro2 @ 18:07 | 0 Comentarios | Enviar

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