Jueves, 16 de mayo de 2013

El alma de los Campos de Sport

Los campos de fútbol tienen alma. Es un alma que surge con miles y miles de júbilos y sollozos. En cada partido, una nueva capa de sudor y de aliento cubre los graderíos para alimentar su densidad. En algunos campos esa densidad casi se puede tocar, y en otros, como en los antiguos Campos de Sport, es capaz de encarnarse en un solo hombre.

Los Campos de Sport, que como el Racing hubieran cumplido cien años el pasado mes de febrero (por unos meses fueron más antiguos que San Mamés, que conste en acta) ya tenían su historia en 1948, cuando el presidente racinguista, Manuel San Martín, estaba preparando algo grande para la historia del club. Este hostelero santanderino de 38 años que tenía su cuartel general en la cafetería La Austriaca, se empeñó en reconquistar la Primera División que el Racing había perdido en la posguerra, y se atrevió a pronunciar una frase que poco tiempo después sería muy celebrada: «O poco valgo o hago que el Racing ascienda a Primera División». Y San Martín demostraría su valía con el acierto y la rentabilidad de sus fichajes deportivos que convirtieron al Racing en un equipo que deslumbró al fútbol nacional desde la Segunda División. Fichó al vizcaíno Amorebieta, procedente de la Real Sociedad de San Sebastián; al madrileño Emilio Ruiz, de la U. D. Orensana; al argentino Herrero, que procedía del Valencia C. F.; al danés Mathiesen, del Club Atlético de Madrid; al húngaro Nemes, procedente del F. C. Girondins; a Joseíto, que vino de la U. D. Salamanca; al jiennense Mariano, jugador del Sevilla C. F.; al guipuzcoano Echeveste, que llegaba del Tolosa C. F., al gran Rafael Alsúa, llegado de la Real Sociedad y a Eleuterio Somonte, el hombre que encarnaría el alma de los Campos de Sport.

San Martín presentía el éxito. Por eso, además de hacer un equipo a base de fichajes, emprendió obras de mejora en el campo. Las más importantes fueron las que se llevaron a cabo en la General. Fue cuando apareció un joven obrero de 24 años que estaba a las órdenes del constructor Miguel Saiz, a quien habían encargado que levantara unas vallas de cemento en los Campos de Sport. El club también consideró oportuno que se contratara a un conserje para hacerse cargo de la instalación y aquella decisión se incluyó en el acta de la junta directiva del 1 de octubre de 1948: «Para tratar de organizar los servicios del campo, incomprensiblemente mal atendidos desde hace muchísimo tiempo, y aceptando una proposición del Señor Leal, se acuerda nombrar a D. Emeterio Somonte Pérez, conserje de los Campos del Sardinero…» A partir de ese día, Terio fue conserje, utillero y todo lo que fuera necesario para velar por los dos patrimonios más importantes del club: su campo y su equipo.

Comenzó a sentarse en el banquillo con el legendario Patrick O’Connell, con el masajista Pepín San Emeterio y con Paco Hernández. Desde su campo de hierba bien cuidada, los equipajes limpios y ordenados (con la ayuda de su mujer, Rafaela Soria) y las botas listas y abrillantadas con grasa de caballo, Terio cautivaría el cariño y el respeto de jugadores, entrenadores y público que pasaron por los Campos de Sport durante cuarenta años. Era un ojáncano cabreado cuando alguien pisaba la hierba sin su permiso y también un celoso guardián de las camisetas racinguistas. Me contaron algunos jugadores que después de un partido amistoso que el Racing jugó en Pamplona contra el Santos de Brasil, Terio corría desesperado detrás de los futbolistas brasileños para que les devolvieran las camisetas que los jugadores se habían intercambiado, con el agravante de que Villita se atrevió a cambiar también el pantalón. Vaya disgusto de Terio. Él pensaba que aquello era una especie de traición. Eran las camisetas del Racing, sus camisetas, y nadie las defendió tanto porque nadie como él supo valorarlas tanto.

Fue una feliz y simbólica coincidencia el hecho de que su jubilación coincidiera con la demolición de los campos, una pérdida patrimonial fatal, y también una herida nostálgica para todo el racinguismo. Fue el adiós a los viejos, vetustos, queridos y verdaderos Campos de Sport, y también el adiós a Terio, porque en la época en que se perdió la costumbre de organizar partidos homenajes, los Campos de Sport se llenaron de vida para brindar la última taquilla al mejor utillero de la historia racinguista.

El partido se celebró el jueves, 2 de junio de 1988. El Racing, dirigido en el banquillo por Armando Ufarte, se enfrentó a un combinado nacional dirigido por José María Maguregui. El Racing alineó a Alba, Mauri, Cantudo, Villita, Óscar, Gaby, Benito, Juan Carlos, Miro, Quique Setién y Víctor. En la segunda parte jugaron Liaño, Javi, Edu y Rafa Sanz. El combinado nacional lo formaron: Unzúe, Chiri, Rubén Bilbao, Pizo Gómez, Tino, Arteche, Martín, Santillana, Bustingorri y Marcos Alonso. También entrarían Moncaleán, Juan, Revilla, Higuera y Manolo Preciado. El partido acabó con el resultado de 2-2. Víctor y Juan Carlos anotaron los goles racinguistas y Marcos anotó los dos del combinado, llevándose el honor de lograr el último gol en el histórico campo, sin contar los de la tanda de penaltis donde el Racing conseguiría el trofeo, aunque los jugadores decidieron entregárselo a Terio.

Los campos de fútbol tienen alma. En algunos campos esa densidad se puede tocar, y en otros, como en los antiguos Campos de Sport, es capaz de encarnarse en el recuerdo afable de Terio Somonte.

Fuente: El Diario Montañés 


Publicado por Castro2 @ 19:17 | 0 Comentarios | Enviar

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