Domingo, 29 de abril de 2012

'Es un año para olvidar'

«A Segunda oé, a Segunda oé...». Los cánticos retumbaban en los oídos de los escasísimos aficionados verdiblancos que al mediodía ya paseaban por las cercanías de Anoeta». Carteles del grupo gallego Siniestro Total, de concierto en la ciudad, adornaban las paredes del estadio blanquiazul. «Mira, ¿será una premonición?», le decía un aficionado cántabro a otro, que escondían bajo el anorak dos bufandas verdiblancas. Durante el partidos apenas se vieron. La cosa comenzó bien. El Racing parecía otro, como si no se jugara el descenso, pero el gol al minuto y medio de la segunda parte condenó las esperanzas de los verdiblancos. A partir de ahí, lo de siempre, sólo que esta vez, para gusto de la parroquia local, además de tres puntos, lo que se perdía era la categoría y el sueño de haber alargado una jornada más la agonía del descenso.

Cuando Estrada Fernández pitó el final del encuentro, Colsa se cruzó una mirada con Mario, que permanecía petrificado en la portería. Acto seguido era Munitis el que intercambiaba un gesto de complicidad con él. Los tres fueron de los últimos en abandonar el terreno de juego. Ni siquiera la pérdida de categoría, les impidió cumplir con el formalismo de saludar a sus verdugos y también al juez forense que ordenó el levantamiento del cadáver.

El Racing dice adiós a una década de viajes por España. De París a San Sebastián pasando por Hoznayo. Sólo que en esta ocasión había mucho menos gente. La zona mixta del equipo verdiblanco se parecía a la sala de un velatorio. No se hablaba por no molestar. Además, de haber tenido que acudir «al episodio más triste de nuestras carreras deportivas», como reconoció Munitis, tuvieron que sufrir las burlas del respetable. Precisamente Munitis, fue uno de los que estuvo en aquella tarde donde Calatayud quiso reivindicarse como portero de Primera División, deteniendo un penalti a Savio. En San Sebastián no lo olvidaban. Durante la semana, Xabi Prieto ya se había encargado de recordárselo a sus aficionados. Por eso, ayer acudieron en buen número a Anoeta. Había ganas de sangre, de derrota.

Por eso hicieron la ola y cantaron el clásico «a Segunda oé, a Segunda oé...». A los jugadores de Cervera eso les daba igual. Ellos estaba, como reconoció Torrejón, «jodidos, muy jodidos. Cómo vamos a estar si somos de Segunda». Uno por uno fueron saliendo hacia el autobús que les esperaba frente a la puerta cero. Un buen número de partida para volver a construir un equipo de Primera.

Ni siquiera las pizzas encargadas para reponer fuerzas durante el camino les consolaron. Jugadores como Álvaro, Francis o Mario se marcharon con lágrimas en los ojos. Sin embargo, estos amargos momentos no les restaron momentos de lucidez. Como el joven Jairo, que en tono muy sereno, hizo autocrítica. «Cuando las cosas no se hacen bien, pues acaban terminando mal», espetó. Una reflexión bastante acertada y que se puede aplicar tanto para la parcela deportiva como para la institucional. Un mensaje muy parecido al de Francis, que no por ser de la lejana Cádiz, sintió menos la pérdida de categoría. «Siendo realistas, sabíamos que era difícil, pero había que intentarlo. No tengo mucho más que decir. Es un año para olvidar», lamentó lacónico.

Antonio Corino fue el encargado de dirigir la expedición. Pero, quizás, sí se echo en falta algunos apoyos más. En las épocas de bonanza, en las noches europeas había codazos para hacerse la foto con los futbolistas. Los políticos metían el codo, como Abdoujaparov lo hacía en las llegadas al sprint. Los aficionados les esperaban en Hoznayo para emborrachares de felicidad con ellos. Pero anoche, todo fue distinto. Como dijo Napoleón, las derrotas son huérfanas.

Sin embargo, ningún jugador recriminó nada. Todos son conscientes de que la temporada que han hecho tampoco ha ayudado a motivar a los aficionados verdiblancos. Lo peor viene ahora. Antes de decir adiós definitivamente a la 'Liga de las Estrellas', hay que jugar tres encuentros más. Por eso, «no podemos volver la cabeza hacia atrás y debemos tener la frente bien alta», aseguró Jairo. Su compañero, Álvaro corroborara esta opinión. «Debemos seguir hacia adelante y levantar la imagen del club», explicaba, antes de reconocer: «Que nadie tenga dudas, lo hemos intentado hasta el final. Ahora hay que centrarse en intentar subir al equipo».

Lo minutos pasaban y los futbolistas iban saliendo a cuentagotas por la puerta del vestuario. Como siempre, Colsa y Munitis fueron los últimos en salir y apagar las luces. Ambos habían acordado que fuera el del Barrio Pesquero el que hiciera de portavoz. «¿Que si estamos dolidos», repitió. «La pregunta se contesta por sí sola», añadió. «Pues sí, lo estamos aunque se veía venir. Esto es como cuando tienes un familiar enfermo y le llega el día final. Lo mismo. Para mí, sin duda, es lo peor que me ha podido pasar como deportista», recalcó.

Incluso tuvo tiempo para hablar de su futuro. Cada día que pasa se acerca cada vez más la despedida del futbolista cántabro, pero no quiso ayer que esa decisión eclipsase los duros momentos que vivía el equipo. «Sólo puedo decir que el que hayamos perdido la categoría no va a influir», explicó. Aunque no es seguro, Munitis, casi con toda seguridad, colgará este año las botas, pero esa será, en su día, otra amarga historia.

Ahora toca hablar de futuro. De pararse a reflexionar y esperar a que pasen los negros nubarrones porque, aunque no lo parezca, como dice el título de la biografía del exverdiblanco Manolo Preciado, todos los días sale el sol.

Fuente: El Diario Montañés 


Publicado por Castro2 @ 1:29 | 0 Comentarios | Enviar

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