Domingo, 26 de febrero de 2012

El veterano y el aprendiz firman tablas

Como toda gran batalla, el partido entre Racing y Sporting escenificó también un duelo particular, quizás de menor fuste aunque igualmente apetitoso, para los degustadores del fútbol. Mientras miles de gargantas se entregaban desde el graderío al apoyo a unos colores necesitados de triunfos, en los banquillos se libraba un peculiar combate entre el pasado y el presente de este deporte; entre casi un recién llegado al oficio de entrenador, Juanjo González, y todo un veterano, bregado en mil batallas, Javier Clemente. Una intensa lucha que desembocó en tablas.

El de Baracaldo, perro viejo, comenzó pronto a desplegar toda la artillería. Su dominio del juego psicológico -y de transmisión más que de emoción-, se puso de manifiesto antes de que el colegiado diera inicio al choque. El sorteo entre los capitanes fue un primer aviso. Lo ganó el Sporting, que eligió como propio el campo que ocupaban los locales, a los que obligó a 'mudarse'. Parecía decir el exseleccionador: «Os podéis quedar con el balón, que a mí no me hace falta».

El encuentro comenzó feo y bronco, con los asturianos plantados sobre el campo con las líneas muy juntas. En los primeros compases, la tangana. Un rifirrafe en la frontal del área sportinguista que encendió los ánimos -quizás de manera exagerada- de todos los presentes. El diagnóstico era claro: el club gijonés llegaba envalentonado, con los bríos de los que hacen gala las escuadras dirigidas por Clemente. No había espacio para el aburrimiento. Las acciones se sucedían a toda velocidad.

Y Juanjo, de pie, sin perder un detalle del partido, concentrado en transmitir instrucciones a sus futbolistas. Clemente, sin embargo, casi sin asomarse, las tenía todas consigo. Aparte de alguna acción aislada del ataque verdiblanco, la trama se desarrollaba más en las proximidades del arco defendido por Toño que en el campo visitante. Eso sí, cualquier esperanza en contemplar algo (por poco que fuera) de elaboración, era pura fantasía. Diop y Adrián tuvieron que ponerse el mono de trabajo y dejar las filigranas para mejor ocasión. La lucha con los centrocampistas del Sporting (Eguren y Rivera) era más fisica que técnica.

Llegó el gol de Barral, en los últimos compases de la primera mitad. Clemente tenía el partido de cara. No había hecho falta, ni siquiera, que se jugara al fútbol. Tampoco era lo esperado.

El vasco, en su salsa

Con el marcador a favor, el vasco se sentía en su salsa. Sin la obligación ya de ir a por el partido sobre sus espaldas, el Sporting mantuvo la esencia de su propuesta futbolística durante la segunda parte. Ambos técnicos parecían esperar a que fuese el otro banquillo quien abriera la veda de los cambios. Lo hizo Clemente, quien en el minuto 11 sacó del campo a Carmelo e introdujo a Mendy. Inspirado por su colega, el triunvirato, apostó por el balón parado como medicina para el mal de su equipo, y sustituyó a Pedro Munitis poniendo en su lugar a Kennedy, situándolo en la banda derecha y desplazando a Arana a la otra banda.

Ya el balón se jugaba en el campo asturiano, con un Sporting concentrado en defender el 0-1 y sorprender en algún contragolpe a los santanderinos. La opción tomada por Clemente vino acompañada de todo un recital de pérdidas de tiempo por parte de sus jugadores, ante un Racing que no veía por dónde echar mano a su rival. A estas alturas, el técnico visitante estaba desatado. Quitó a Rivera y puso un candado más.

Y entonces, el penalti. Tablas en El Sardinero, con más de un cuarto de hora por delante. El Racing se volcaba sobre la portería de Juan Pablo. Y Juanjo sacudió a la afición con dos cambios a la vez, mal recibidos por la grada: Diop cedió su puesto a Colsa y Jairo entró por Acosta.

Fuente: El Diario Montañés 


Publicado por Castro2 @ 12:15 | 0 Comentarios | Enviar

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