Domingo, 19 de febrero de 2012

Dos manos le cuestan un partido al Racing

Al Racing se le acabó pronto el partido ayer en el Santiago Bernabéu. Concretamente, en el minuto 38 de la primera parte. Sucedió en banda derecha, muy cerca de la frontal del área. Cristiano Ronaldo llevaba el balón pegado al pie, con el acoso de Domingo Cisma, como única oposición a sus aspiraciones atacantes. Al portugués se le terminaba el campo y levantó la cabeza, en busca de algún compañero con el arma cargada para mandar el cuero al fondo de la red. Centró Cristiano y la pelota impactó en el defensa verdiblanco. En ese momento cayó definitivamente el telón del encuentro para los racinguistas. El árbitro González González no lo dudó: mostró la segunda tarjeta amarilla al zaguero sevillano y le enseñó el camino hacia los vestuarios.

La reacción inicial de los jugadores verdiblancos fue de incredulidad. La jugada fue muy rápida y pocos se dieron cuenta de lo sucedido. Tampoco Cisma parecía dar crédito a lo que estaba pasando. Dos manos suyas en menos de veinte minutos -la primera, en el 25, cortando un contragolpe madridista en el centro del campo- dejaron al Racing en inferioridad numérica para el resto del encuentro.

No obstante, habrá quien asegure que el equipo cántabro perdió el duelo mucho antes. Y tendrá razón. El Real Madrid, sobre todo en el primer tiempo, pronunció en Chamartín un monólogo para el que los pupilos de Juanjo González no encontraban respuesta. La expulsión de Cisma llegó en un momento en el que los blancos habían levantado el pie del acelerador. Cualquier posibilidad de hacer daño al líder expiraba, sin que nadie pudiera hacer nada por evitarlo. Lo que vino después fue la plasmación evidente y sin dudas de la aplastante superioridad 'merengue', ante un equipo mermado y sin esperanzas de remontada.

Polémica arbitral

Los aficionados racinguistas consideraron excesiva la expulsión. Los comentarios que criticaban la decisión del colegiado se concentraban en una idea: «no se puede echar así a un jugador; se ha cargado el partido». La rigurosidad con la que González González analizó la jugada hace necesario ir a la norma para saber exactamente cuál es el criterio que debe seguir el árbitro a la hora de sancionar acciones de este tipo. Y más cuando es un debate permanente en el mundo del fútbol, absolutamente asolado por las vacilaciones en este tema.

Hace ya dos temporadas que el reglamento deja claro cómo deben orientarse estas decisiones. Ahora se pitan todas las manos, independientemente de la intencionalidad (criterio tradicionalmente exigido) del jugador infractor. Lo que sí queda al libre designio arbitral es la opción por mostrar o no cartulina, siempre que se considere que hay intención, que la mano corta un pase o que evita claramente una oportunidad de gol. Sin embargo, esta norma no se ha venido aplicando con la rotundidad esperada. Ha sido necesario que algunos árbitros de primer nivel comenzaran a aplicarla, ante las habituales quejas del público. Por lo tanto, no todas las manos son merecedoras de tarjeta, pero sí son sancionables como falta.

Sin duda, González González interpretó el salto de Cisma como poco ortodoxo y, por ello, consideró que la voluntad del hispalense pasaba por cortar la trayectoria de la pelota. No obstante, la jugada ofrece las dudas suficientes como para que el castellano-leonés se hubiera pensado bien el hecho de mostrar una segunda cartulina que costaba dejar a un equipo con diez. En este sentido, cabe mencionar que el Comité Técnico de Árbitros, en sus circulares internas, advierte a los colegiados de que se lo piensen mucho antes de mostrar a un futbolista una segunda tarjeta amarilla.

Fuente: El Diario Montañés 


Publicado por Castro2 @ 12:29 | 0 Comentarios | Enviar

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