Lunes, 19 de diciembre de 2011

El Racing se deprime

En los hogares de los aficionados del Racing, el domingo acabó pronto. Sin ganas de nada. Poca televisión y nada de florituras para cenar. Fue uno de esos días en los que sólo apetece que llegue el siguiente. Cuando se metieron en la cama, tuvieron la sensación de haber recibido una paliza. Como si alguien invisible les hubiera molido a palos. El domingo se cebó con el Racing a todas horas y, sobre el césped, no fue una excepción. Un empate con pena que ni ante diez pudo transformarse en esperanza. Porque los cántabros tuvieron a la Real Sociedad con un hombre menos durante cuarenta minutos, pero ni eso fue suficiente para envolver una alegría. Y ya va haciendo falta...

El fútbol ha entrado en depresión en Cantabria. Si lo visto y oído por la mañana ya fue un castigo, la primera parte se convirtió en un suplicio añadido. Casi cruel. Porque al aficionado racinguista que aún acude al estadio (pocos, lo que incide en la tristeza al ver las gradas de El Sardinero) deberían aumentarle la paga extra. Tener un detalle ante tanto abismo en sus sentimientos. Hubo, eso sí, una diferencia básica con lo sucedido en la Junta. Aquí, en el campo, todos tenían buenas intenciones. Eso fue palpable en los primeros minutos. Al equipo se le suelen dar bien los arranques, pero el edificio se queda en fachada y detrás no hay paredes ni muebles. Dos carreras de Arana, un disparo de Álvaro, los robos de siempre de Diop en la medular... La buena pinta duró diez minutos.

A partir de ahí fue la Real la que empezó a imponerse. El disparo de Agirretxe al palo a esas alturas de partido hizo temblar el poste y los quebradizos nervios cántabros. Los centrales estuvieron lentos -Bernardo y Torrejón lo son, y más juntos- y la duda acabó imponiéndose entre las camisetas verdiblancas. Porque, a partir de esa jugada, los vascos se adueñaron del partido. Sin hacer nada extraordinario. Pero suficiente para llegar con más peligro. Griezman tuvo otra clarísima desde el segundo palo que se marchó por poco. El Racing estaba arrinconado, metido en su esquina y triste. Ni siquiera las jugadas a balón parado parecían un recurso con Kennedy sentado junto a su trío de entrenadores.

Lesión de Colsa

Para colmo, Colsa, uno de los artífices del arreón de esperanza de las últimas jornadas, tuvo que retirarse en el tramo final del primer acto. Una sobrecarga en el tobillo operado y que tanto ha hecho sufrir al futbolista. Lesión y preocupación. Al ramaliego, que había visto poco antes una tarjeta amarilla, le suplió un Tziolis con el que se cuenta poco.

Para no perder la línea de crispación vivida horas antes en el racinguismo, el partido también se calentó. Stuani protagonizó un careo digno de los vistos en la Junta que acabó con un reparto de tarjetas que, a la postre, tendría consecuencias. Fue lo último antes de visitar el vestuario. El balance hasta el ecuador del partido: un auténtico horror.

El paseo por el pasaje del terror que fue el domingo para el amante del fútbol en Cantabria prosiguió en la reanudación. Más golpes directos al rostro de una afición admirable. El equipo seguía metido atrás, tímido. Nada diferente a lo que tanto se criticó de Cúper. Plano. Sólo Arana parecía amagar en el plano ofensivo. Del resto, sin noticias.

La expulsión

A falta de argumentos para mejorar desde las botas, las opciones salieron del bolsillo del colegiado. Primero con color amarillo y, al segundo, rojo. Íñigo Martínez vio la segunda tarjeta por una entrada sobre Pape Diop (la primera fue tras el 'revolcón' con Stuani). Esta vez era falta, seguro. Pero la sanción era más discutible. Diez rivales y casi cuarenta minutos por delante. Juanjo González debió pensar que ya era un buen momento para retirar a Munitis, sacar a Kennedy y encomendarse otra vez a su pie. Pero la primera que puso el sueco fue a la grada...

Ya en inferioridad, Griezman protagonizó una acción espectacular en área cántabra. Hubo tanta densidad de filigranas por metro cúbico que al joven jugador francés le dio tiempo a regatear a Torrejón dos veces. Fue, sin duda, lo mejor de una noche que se conformaba con poco. Álvaro -otra tarde el mejor- cortó un balón con olor a gol. La respuesta del Racing fue una ocasión, pero sin querer. Porque el propio Álvaro lanzó un centro desde la banda -que no disparo-, que acabó sorprendido al chocar contra el larguero de la portería de Bravo.

Sesenta, setenta... Nada que contar. La Real resistía sin excesivos agobios y hasta se permitía soltar algún latigazo con un hombre menos. El Racing, por su parte, tuvo más balón, pero no supo manejarlo. Eso le pasó a Acosta, que había salido por Adrián en el tramo de mayor indecisión del juego. Protagonizó una de esas jugadas que se esperan de él. Un par de regates, carrera y un hueco para disparar entre los defensores. Era usar la zurda o perder la ocasión y el argentino optó por lo segundo con un pase imposible.

La inercia llevó al Racing al área rival en los últimos minutos. El físico paga correr por dos y la cabeza de los realistas les invitaba a meterse atrás. Eso y un poco de Kennedy. Hasta fuera de forma parece algo más (aunque fuera muy poco, como ayer). Su recuperación definitiva es una de esas cantinelas que se lleva escuchando desde hace tiempo a la hora de aferrase a algo. Pero ni eso fue suficiente ayer. El sueco disparó desde lejos y sacó un córner que acabó en remate. Eran los últimos suspiros, ese momento para los goles injustos que cambian el ánimo. Ni la ventaja numérica se notó todo lo que debería para romper el empate. Fin. Triste empate.

En medio del diluvio, Velasco Carballo mandó a todos para casa. Un punto y otra jornada sin perder, pero la sensación de haber dejado escapar una oportunidad única. Para salir del descenso antes de las fiestas, para atajar ante un rival directo, para inyectar el ánimo que este equipo pierde por los papeles, para devolver el favor a una afición en la que hay más de un santo Job (en esa grada joven volvieron a desgañitarse)... El camino a casa desde El Sardinero pareció más largo que nunca. Mañana será otro día. Y es difícil que sea peor...

Fuente: El Diario Montañés 


Publicado por Castro2 @ 18:59 | 0 Comentarios | Enviar

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