Lunes, 19 de diciembre de 2011

Huérfanos en el palco, pero con el apoyo de la afición

Muy pocos se acordaron anoche en los Campos de Sport de El Sardinero, pero el 18 de diciembre de 2008 el conjunto verdiblanco ganó en su último partido de la UEFA al Manchester City. Tres años después, la noche fue muy distinta. Con el esperpento de la Junta General de la mañana, los aficionados hicieron un esfuerzo -el enésimo en lo que va de temporada- para dejar a un lado las reivindicaciones institucionales y centrarse en animar al equipo. Todo esto fue contemplado desde un solitario palco, en el que no había ningún representante de la entidad. Así que Javier Soler, director General de Deportes del Gobierno regional, tuvo que hacer las veces de presidente para dar la bienvenida a los numerosos miembros de la directiva blanquiazul que ayer se desplazaron hasta El Sardinero para presenciar el encuentro.

La petición de apoyo al equipo fue una de las últimos ruegos que se formularon en el último punto del orden del día de la Junta General de accionistas. El encargado de hacerlo fue el representante de Juventudes Verdiblancas. «Hoy tenemos que dejarnos la vida animando». Y eso fue lo que sucedió. 'La Gradona', y por extensión el resto del estadio, hicieron de tripas corazón y no cesaron en su empeño de llevar en volandas al equipo para intentar que los tres puntos se quedaran en Santander.

Y eso que la noche comenzó con morbo. Morbo por saber quién se sentaría en el palco, interés en conocer si repetiría José Antonio González o si alguno de los 'nuevos' ocuparía el trono de la entidad. Sin embargo, las esperanzas de los aficionados de encontrar a alguien al que reprochar lo vivido durante la mañana se esfumó justo cuando el balón comenzó a rodar.

En la primera fila, sólo Javier Soler, director general de Deportes, y Luis Morante, concejal del ramo del consistorio santanderino, asomaban por encima del pupitre. A su lado, José Luis Goñi, José Antonio Lizaso y el presidente Jokin Aperribay representaban a la Real. Unos metros a la derecha de estos, se sentaba Ramón Muñiz, uno de los miembros del nuevo Consejo de Administración que los representantes de Alí hicieron público en la Junta de accionistas. Sin duda, fue el hombre más buscado en el descanso. Sonriente y amable, como siempre, atendió a todos los que se le acercaron aunque no respondió a la incógnita de si iba a ser el nuevo presidente. Pocos reproches recibió en la grada.

Sin embargo, su futuro compañero de batallas, Fernando Ortiz (antiguo presidente de las Peñas), fue el blanco de la ira de muchos de los aficionados que en alguna parte del encuentro le gritaron «traidor, traidor...».

Así fueron pasando los minutos y el desarrollo del partido, que se convirtió en un auténtico correcalles, hizo que los aficionados desviasen su atención sólo a la pelota. Era un encuentro vital y por eso los jugadores, algunos a través de las redes sociales, habían hecho un llamamiento a los seguidores para que los futbolistas de la Real no pudieran verse beneficiados por los silbidos o lo reproches. Pero esta lección ya la había aprendido una semana atrás la afición verdiblanca.

Aunque no habría más de 9.000 personas en las gradas, todos intentaron ayudar a los suyos a conseguir la victoria. Y eso que el tiempo no acompañó y la lluvia, en alguna fase del encuentro, hizo que hasta los más valientes se tuvieses que refugiar en los vomitorios. «Esto es racinguismo, racinguistas somos nosotros no los que han ido esta mañana a la Junta», decían algunos aficionados que abandonaron el estadio cariacontecidos, más por la situación vivida por la mañana que por el encuentro de la tarde.

Indiferencia

Concluyó el encuentro y las gradas enseguida se fueron vaciando entre la resignación de muchos de los espectadores, más por el futuro institucional que por el deportivo. Sólo un reducto de 'la Gradona' se quedó terminado el encuentro para intercambiar gritos e insultos con los aficionados más exaltados de la Real Sociedad, que esperaban a ser custodiados por miembros de los cuerpos de seguridad del estado para abandonar el estadio. Gritos de «a segunda, a segunda...» se escucharon desde el lado blanquiazul.

Pero ni rastro de reproches hacia el palco, un lugar muy poco habitado ayer y que se vació más rápido, incluso, que la grada. Hasta después de las vacaciones navideñas el Racing no volverá jugar en El Sardinero. Para entonces habrá un nuevo Consejo en el palco que deberá guiar el futuro del Racing.

Fuente: El Diario Montañés 


Publicado por Castro2 @ 18:59 | 0 Comentarios | Enviar

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