Lunes, 31 de octubre de 2011

Este Racing no dimite

A alguien se le escapó una lágrima anoche. Pero esta vez no fue al leer un titular de esos que han descrito la quiebra de un club con casi cien años de historia. Porque el Racing que tanto ha hecho llorar a los que más le quieren, ayer les regaló una cajita de esperanza. En casa, ante los pocos que no le han abandonado, después de una eternidad, con sufrimiento, por la mínima y de penalti se consiguió la primera victoria. Los tres puntos que estrenan una nueva era en todos los rincones de El Sardinero. En el despacho de la presidencia, en la grada y en el césped. Uno a cero, con gol de Stuani, para la primera crónica de un partido sin derrota.

En la semana de las renuncias, el equipo hizo esfuerzos por no dimitir en el césped. El problema es que le falta fútbol. Cúper casi calcó su último once, algo noticioso teniendo en cuenta que el argentino no ha repetido ninguna alineación. Los cántabros pusieron físico, entrega, intensidad... Lo que tinen. Igual que los aficionados, que miraron al palco sólo de reojo. Pero el Betis tocaba más y mejor. Mel no contaba con un hombre de referencia arriba, pero las caídas a banda de Rubén Castro o los intentos de inyectar al balón una dosis de electricidad de Pereira (dos 'ex' del Racing) daban más sensación de peligro que Ariel y Koné en el área contraria. A Francis le hicieron sudar y lo pagó con la espinilla del pequeño delantero bético. Tarjeta amarilla merecida.

Ese tanteo de necesidades mutuas se puso más serio cuando Pozuelo se sacó un disparo potente que hizo temblar la escuadra del estadio. Un chico del filial hispalense que ya lleva ocho goles con la segunda camiseta. Era el primero de una serie de balones que se negaron a entrar. Porque los postes fueron más protagonistas que algunos futbolistas en la primera parte. Un palo, precisamente, fue la lesión de Jairo a los 25 minutos. El soplo de esperanza que supuso su partido en el Pizjuán se transformó en un suspiro de preocupación. Un Arana otra vez intrascendente ocupó su puesto.

A partir de ahí sucedió todo. Porque el partido decidió concentrarse en apenas ocho minutos. En esa pequeña franja, el Betis pisó el área con peligro y el palo volvió a ser el tercer brazo de Toño. Pero el Racing también tuvo su instante. Fue doble. Munitis encontró la incorporación de Cisma y su pase atrás supuso un remate de Adrián que Casto desvió a córner. Una buena jugada para un equipo escaso de combinación. Torrejón, de cabeza, envió al larguero el esférico en el minuto más intenso que se recuerda en El Sardinero en las últimas semanas (mirando únicamente al césped, claro). De ahí al final, poco más. Si acaso, la curiosidad de ver quién se sentaba en el palco.

Los nervios de Toño marcaron el arranque de la segunda parte. Dos saques consecutivos que se perdieron entre las numerosas butacas vacías de la grada desconcentraron al guardameta, que estuvo a punto de meterse con el balón en su portería en un saque de falta muy lejano. La 'cabeza' también fue un problema para Diop. Porque el mejor jugador del Racing en todas las parcelas tiene tanto afán por ser omnipresente que, al llegar tarde, suele pagar el retraso con el amarillo de una tarjeta. Esta vez sí supondrá un partido de sanción y Cúper no encuentra sustituto cuando mira a derecha e izquierda.

El cambio providencial

Tenía que pasar algo. Algo que sacara al Racing de una senda de derrotismo, algo que despertara al sentimiento verdiblanco del letargo, algo que resucitara a un equipo casi muerto antes de la festividad de Todos los Santos. Y si algo pasó en los despachos esta semana para alcanzar la 'paz social', ese algo que se necesitaba en el césped tuvo forma de cambio providencial. La afición silbó la carrera de Ariel camino de la ducha y la incorporación de Stuani. Pero al uruguayo le hicieron un penalti sin ni siquiera tocar el balón. Fue de libro. De las botas del delantero salió rabia. De las gargantas, un grito de esperanza. El primer gol de una nueva etapa en la historia del club.

Quedaba un mundo y el Betis trató de asustar. Son tantos disgustos que los corazones de los racinguistas entraron en una espiral de tensión y angustia. Incluso, aunque el paso del tiempo pareciera adormilar a los andaluces. Cúper quiso dotar a su equipo de más control en el centro del campo. Sacó a Tziolis y Munitis pareció decirle con la mirada cuando le dejó su puesto que esta vez debía partirse el alma.

Mel tampoco se resignaba a sumar la sexta derrota consecutiva. Sacó a Montero y a Jorge Molina, dos de sus hombres de área. En El Sardinero las uñas estaban en peligro de extinción. Cuando Cañas cayó al borde del área en el minuto ochenta, alguno tuvo que mirar para otra parte. Por suerte, no se perdió nada. Rubén Castro la mandó a las nubes y Cantabria empezó a creer que esta vez sí que iba a llegar la primera. La que se escapó en Valencia, la que se perdió en Sevilla... «Racing, Racing, Racing», rugían los poco más de 10.000 de siempre.

Y es que este equipo no logrará nada sin sufrir. Tuvo que ser Toño el que salvara los tres puntos en un fallo garrafal de la defensa (otro más en el descuento) que dejó a un delantero con todo a su favor. Con Koné en el suelo, ni cántabros (poco listos) ni béticos tiraron el balón fuera. Fue angustioso. Con la grada de pie, a punto de explotar y abrazarse al desconocido del asiento de al lado. Clos Gómez pitó. Por fin. Ahora es más fácil mirar hacia delante, aunque sea sufriendo. De eso los racinguistas saben un rato largo.

Fuente: El Diario Montañés 


Publicado por Castro2 @ 0:43 | 0 Comentarios | Enviar

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