Lunes, 31 de octubre de 2011

Nada une más que una victoria

El palco perdió protagonismo en el partido de ayer y lo ganaron el césped y la grada de El Sardinero. Algo más de ambiente en los prolegómenos, menos gritos contra los gestores -aunque alguno hubo-, la afición mucho más metida en el juego y, sobre todo, más unión en el racinguismo. Tal vez la marcha de Francisco Pernía no sea la única solución a los problemas del Racing, pero está claro que una victoria une. Justamente frente al palco, en Tribuna Este, a golpe de vista de gestor, dos pancartas: «Dignidad» y «vergüenza». Fue el rastro más evidente de una semana de crisis. Con el pitido inicial, desde la 'Gradona' se acordaron de Pernía y el resto del consejo de administración del club. Aún así, la gente estuvo más vestida de corto. Con el partido en marcha, la tarde fue 'casi' sólo de fútbol.

La dimisión del consejo de administración era la 'comidilla' en los aledaños del estadio, algo más concurridos que en encuentros anteriores, a pesar de que los aficionados ya han sacado las chaquetas del armario. Ante el Espanyol en manga corta y ayer, ataviados contra la helada. La bufanda iba a tener doble uso. El nombre del ya expresidente volvió al sector del estado que más le castigó. «Racing sí, Pernía no», gritaban en la grada joven. El Betis dominaba y lo ofrecido sobre el césped no terminaba de ensombrecer el recuerdo del recién salido mandatario. En el resto del graderío, expectación. La cifra que dio el club de aficionados supone un ligero incremento. En total, 12.032. Muy ligero, eso sí.

De repente, Jairo cayó lesionado fruto de su esfuerzo por recuperar un balón. La camilla retiró al canterano. Fue la primera ovación generalizada, una de las muchas que vuelven a unir al racinguismo. La maquinaria de las gargantas de la grada comenzaba a carburar, más aún cuando el equipo apretó el acelerador. Tres pisotones al pedal. Adrián, de cabeza, Torrejón, al larguero, y Cisma, tras una buena jugada, desde la frontal. Pequeño rugido del estadio, un ensayo para lograr el objetivo buscado. El Sardinero comenzó a parecerse a lo que era y a centrarse únicamente en el fútbol.

Descanso: Tiempo de corrillos y análisis. «No lo termino de ver claro», comentaba un socio con experiencia. A los aficionados de Tribuna Central, los más cercanos al palco, les podía la curiosidad y miraban casi furtivamente hacia la zona de autoridades. No estaba Pernía, tampoco Roberto Bedoya y, aunque las peñas enviaron un comunicado en el que mostraron su disconformidad con que sean los miembros del dimitido Consejo los que representen al club, ni José Antonio González, ni Carlos Velado pasaron una mala tarde. Tal vez, la mayoría ni les reconociera, teniendo en cuenta que el papel de todos los consejeros ha estado muy supeditado al de los dos más conocidos.

Nerviosismo

El nerviosismo llegó tras la reanudación. El Racing no terminaba de arrancar y el público comenzaba a impacientarse. Dos cesiones complicadas a Toño y un error del guardameta desataron una corta sonata de viento. Pitos en El Sardinero, pero esta vez no hacia el palco.

La tensión acumulada afloraba y no había visos de calmarla. Era ya cuestión de buscar la victoria y, después de tantas semanas, se empezaba a palpar una entendible impaciencia. También hubo algunos pitos para Ariel. El argentino, a pesar del gol logrado en Sevilla, no ha conseguido ganarse del todo la confianza de la afición. División de opiniones a su salida. Pero Stuani, su sustituto, salió al campo con el mechero para encender la mecha. Primera intervención y penalti a favor. Abrazos, felicitaciones y palmadas en la grada. El uruguayo marcó e hizo estallar el estadio, con la gente puesta en pie sacando a pasear las bufandas. La conexión estaba cerca. Este Sardinero no anda sobrado de alegrías.

Pero nadie iba a creer en la victoria hasta que no terminase el partido. Koné quedó tendido en el suelo, pero ninguno de los dos equipos echó la pelota fuera. Para más Inri, cuando se paró el juego, Clos Gómez no dejó salir a las asistencias. La grada enfureció mientras miraba compulsivamente el reloj. El primer triunfo del Racing de la temporada tenía que tener un toque de épica.

El banquillo, preparado para saltar al campo, pedía la hora. El pitido final desató el rugido, la alegría, mientras Álvaro y Munitis levantaban los brazos. La unión del racinguismo había sido completada y el grito de «Racing, Racing» era cosa de todos. Un principio para una nueva etapa. Mientras el público abandonaba el estadio con la primera sonrisa de la temporada, en la 'Gradona', a través de la bocana, todavía recordaban a Pernía. Celebran, pero no olvidan.

Fuente: El Diario Montañés 


Publicado por Castro2 @ 0:43 | 0 Comentarios | Enviar

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