Mi?rcoles, 26 de octubre de 2011

Un punto y mucha crueldad

Cúper pedía tocar fondo porque, desde lo más bajo, sólo se puede crecer. Cuando el colegiado pitó el final, el argentino tuvo que ir a buscar a sus futbolistas a un pozo. Estaban cansados y hundidos. Tocados en las piernas y en el corazón. Porque ayer el colista se resistió a serlo en casa de uno de los grandes y le puso contra las cuerdas. Le remontó un gol inicial, se puso por delante y llegó al descuento saboreando el desconocido sabor de la victoria. Y ahí, otra vez en el último suspiro, el destino volvió a ser cruel. Empate a dos y un punto que no consuela. Maldito punto.

A muchos kilómetros de distancia del epicentro que sacude su actualidad, el equipo cántabro pareció dejar a un lado sus penurias en el inicio del partido. Fue un arranque digno, casi bueno. El colista que no gana a nadie disfrutó de un cuarto de hora sin complejos ante un rival que no sabe lo que es perder. Ordenado atrás, con Diop como general en el centro del campo y con un Koné atrevido, fresco, suelto. Fue una lástima que el africano mostrara su falta de instinto en una de las ocasiones más claras que el Racing ha tenido en lo que va de Liga. Un saque de falta desde un lateral que encontró la dirección correcta. Entre la cabeza del delantero y la portería sólo estaba Varas. Al portero de moda se lo pusieron demasiado fácil.

Desde Santander y a través de la tele, los racinguistas se miraban unos a otros. «Ni tan mal...», podía leerse en sus rostros. Fue un rayo de esperanza que incluso le dio a Ariel la licencia de hacer un par de giros y movimientos con cierto sentido (culminarlos con un buen disparo o un buen pase es otra historia que dejó para más tarde). Ese dominio duró quince minutos. A partir de ahí, el Sevilla empezó a desperezarse de su sueño del Camp Nou. Los chicos de Marcelino se adueñaron de la pelota, del ritmo y del partido.

Fue Toño el que empezó entonces a acaparar protagonismo. Los ataques locales empezaron a ser más largos y las jugadas terminaban hasta con tres opciones consecutivas para los atacantes andaluces. Entre ellos, Manu del Moral ya caracoleaba. Como si estuviera lanzando un aviso. Porque el ex del Getafe, que ya hizo sufrir a los cántabros en su historia reciente, fue el verdugo que terminó con esa ilusión. No le hizo falta demasiada clase. La defensa ordenada y el esquema serio que argumentan los defensores de Cúper cayeron como un castillo de naipes en una jugada a balón parado. Media zaga dio un paso de más hacia el primer palo y, los que quedaron (Diop y Ariel), se limitaron a observar cómo picaba el atacante de cabeza completamente solo. Menos mal que Toño evitó la sentencia con un paradón apenas dos minutos después.

Eso, al menos, dejaba partido por delante. Si, además, se le suman los dos lanzamientos a puerta de los cántabros antes del descanso, quedaba un hueco para la esperanza. Es una lástima que el Racing sea infinitamente inocente arriba. Porque un equipo con una mínima pegada no hubiera dejado escapar la que tuvo Jairo. La candidez del chaval. Saque de banda de Cisma, Koné prolonga de chilena, Ariel prolonga de cabeza y el 'niño' la rompe, pero con dirección a las estrellas. Más difícil era el de Adrián poco después. Otra para que el Pizjuán aplaudiera a Varas.

Manu del Moral

En el arranque, otra vez Toño. El portero evitó la faena completa de Manu Del Moral con otra acción destacada. Mantuvo al equipo con vida. Lo cierto es que al conjunto cántabro no se le pudo reprochar convicción. Mantuvo su orden, sus limitadas ideas y no se vino abajo pese a que el Sevilla parecía sentirse cómodo con un marcador que a Marcelino le vuelve loco.

Y no fue cuestión de suerte. El Racing completó su mejor jugada completa de la temporada. Trenzada, coherente, rápida y precisa. Fue una contra de libro en la que todos acompañaron con un buen gesto. Koné, el de sacarla con velocidad, Jairo el de conducir y soltar, justo a tiempo, la pelota. Luego, Adrián el de templar, levantar la cabeza y poner un centro adecuado para que Ariel -sí, Ariel- entrara con fuerza en el segundo palo. Empate y aire fresco para llevarse el tufo a desastre que rodea a este Racing.

Hay goles que cambian dinámicas, que hacen crecer a equipos y a futbolistas. Ese tanto fue una bofetada para el fútbol que estaba dormido en las botas verdiblancas. Y despertó. Además, premiando a los justos. Porque el trabajo de Diop de todas estas semanas merecía que las cámaras captaran el sensacional pase que dio en profundidad. Soberbio. De esos que enmarcan en la prensa nacional cuando surgen de la invención de Xavi, Iniesta, Kaká o Cristiano. El segundo premio fue para un chaval, para una de esas escasas gratas noticias de este año de angustias. Jairo se hizo un hombre camino del setenta. La candidez de su primera ocasión fue ahora contundencia. Fusiló a Varas desde el lateral. Un golazo.

El recuerdo de Valencia

Lo más difícil estaba hecho. Cúper retiró a Ariel y metió a Munitis. Un poco de calma y mantener el sitio hasta el final. Evitar, en resumen, lo que pasó en Valencia. Allí empezó a forjarse el calvario. El Pizjuán empujaba desde las gradas y Negredo ya ocupaba un lugar en el césped para intimidar como en Mestalla hizo Soldado. A los ochenta minutos, Koné se derrumbó, como si le hubieran dado dos balazos en los gemelos. Demasiado esfuerzo para un físico aún sin terminar. Su puesto fue para Arana y los minutos empezaron a hacerse eternos. Resistencia. Diop vio la quinta amarilla. Jairo también cayó fulminado. Angustia. Asedio absoluto.

Cuando Rakitic metió el pase desde la banda a alguien se le empezó a escapar un «no puede ser». Pero a este equipo le persigue el dolor. Esta vez Toño no pudo evitarlo. Manu, otra vez Manu, robó la ilusión y Christian pareció muy pequeño al saltar junto a él. Empate y una crueldad intolerable. Un punto, un buen partido y otra mísera bofetada en la cara.

Fuente: El Diario Montañés 


Publicado por Castro2 @ 18:42 | 0 Comentarios | Enviar

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