Jueves, 22 de septiembre de 2011

'Peineta' del Racing al Madrid

Después del atasco, ya casi a las doce, un chaval de quince años se metió en la cama pero tardó en dormirse. Es lo que tiene la tensión, que te agota, pero no deja concebir el sueño. No sólo tensión. Ayer el chico sentía orgullo. Un regusto al acordarse de los brazos levantados de Diop, de los dientes apretados de Álvaro y de los pasos adelante y atrás de Cúper en el banquillo. Y no sólo eso. Orgullo al ver una bufanda verde y blanca apoyada en el respaldo de la silla de la habitación. El Racing de la impotencia se transformó en el de la autoestima. El de la Ley Concursal en el del pundonor. El de los chicos en los hombres. El del Calderón, en otra cosa. Nunca un empate sin goles supo tan bien. El Madrid se llevó un punto en el avión, pero el orgullo no salió de Cantabria.

«Tenemos que ser un equipazo, un conjunto que tenga la actitud que hay que tener, la disposición que hay que tener...». Las palabras de Cúper parecían sonar como una sinfonía sobre los movimientos de su equipo en los primeros minutos. El Racing consiguió muchas cosas en ese tramo del partido. Jugó en el campo de un Madrid que parecía pequeño, hizo sentir el aliento guerrero a los blancos cada vez que recibían el balón y se permitió el lujo de hacer todo eso con fútbol, con velocidad y con una intensidad que sólo tres días antes no había salido al Calderón ni siquiera a calentar. Además, inventó a un líder en la figura de Diop, protagonista de la cirugía plástica a la que se sometió el carácter del equipo, y le regaló a la grada algo con lo que ilusionarse. Jairo fue ese aliciente que hace que uno se marche a casa hinchado. Primer día, 18 añitos y Marcelo le vio un par de veces la matrícula. Sólo le faltó al equipo lo que les falta a todos los modestos, esa capacidad de matar que tienen los que aniquilan al rival.

Porque el Racing dominó, pero llegó poco. Y en lo poco fue demasiado lento. Al cuarto de hora, galopada del crío, taconazo de Stuani y falta evidente de velocidad de Ariel para fusilar a Casillas. Algo más tarde, fue Diop el que se sacó un pase en profundidad para Stuani, pero al uruguayo la carrera se le hizo eterna. No importaba. A la grada le gustaba ver 'rascar' a Serrano y hasta el toque que le dio Jairo al de la peineta en una carrera que el chaval no perdió. No es para pedir mucho más dejar el balance del Madrid en una nada general en treinta minutos.

El problema es que el Racing parecía acercarse demasiado rápido a su fecha de caducidad. A la media hora, las bocas estaban demasiado abiertas. Empezaba a faltar aire. Lo del Madrid eran pequeños coletazos. Avisos. Callejón se quedó cerca, Cristiano lanzó una falta... El portugués hizo ese gesto negativo con la cabeza que tanto repiten las televisiones cuando se le marchó una volea cerca de Toño. La galaxia se crispaba, con ese punto desquiciado que se le vio en Valencia. No es para menos cuando aspiras a ganar la Copa de Europa y en El Sardinero tiras por primera vez entre los tres palos en el 46.

El descanso vino bien. Frenar la reacción y secarse el sudor. Porque lo hubo. Un sudor honrado, orgulloso. «Así, sí», decían en la grada. Cúper volvía a ser ese héroe en el que depositar una esperanza con escayola tras el partido en el Calderón.

El tiro de Serrano

Para aderezar el sueño, el arranque de la segunda parte dejó una parada de Casillas tras tiro de Serrano. A los cántabros no parecían quedarles muchas fuerzas, pero ayer les sobraba otra cosa. Mourinho metió a Di María y consiguió, al menos, dominar. Pero la portería se le resistía a un Madrid plano e incómodo.

Era una batalla y en las batallas hay heridos. El duelo de Stuani con Carvalho (se dieron estopa toda la tarde) se saldó con una lesión del uruguayo. Peligro para el domingo. Munitis ocupó su puesto. Antes, Cisma ya había salido por Serrano. Al catalán le faltó ritmo y en esas carreras contra el mundo que le hicieron dueño de un carril en El Sardinero se palpó su impotencia. Pero el jugador fue otro de los ejemplos del pundonor que requiere el escudo de la camiseta. La ovación de la grada fue una demostración de lo que reclama la Cantabria futbolística, consciente de las limitaciones de la plantilla.

El tiempo pasaba. Una ocasión de Di María, otro recorte de Jairo, un lanzamiento de falta de Cristiano y otro gesto negativo con la cabeza... Se trataba de aguantar. Gestionar el depósito hasta llegar a la próxima gasolinera. Jairo no pudo. Chocó con un jugador del Madrid y se rompió. Otro caído con monumento.

A Adrián le tocó salir tras el homenaje de El Sardinero a su nuevo ojito derecho. Hasta él pareció otro. Más vivo.

Kaká no hacía más que sacar desde la esquina. El Madrid se trasladó a un piso en campo del Racing y no salía de esa parcela en el tramo final. Era resistencia. «Aguantar, aguantar, aguantar», pensaba un Cúper imparable en la banda. Minutos heroicos. Más aún cuando el cuarto árbitro enseñó un cinco en su cartel. Un mundo y esa sensación de que en estos partidos el destino suele ser cruel con el esfuerzo del pequeño.

Del reloj al césped. Del césped al reloj. En la grada todas las cabezas repetían gesto entre grito y grito. Álvaro rompía el balón en el 94. No terminaba nunca. Un balón colgado, despeje... El pitido del árbitro fue el punto y final que uno pone en el último examen de la carrera. «Fue mérito del Racing», dijo Casillas mientras Diop pasaba a su lado con la lengua fuera y los brazos en alto. Sinceros. Nunca un punto fue tan grande. Un puntazo del Racing. ¿Y en el Calderón? Del Calderón ya nadie se acuerda.

Fuente: El Diario Montañés 


Publicado por Castro2 @ 19:56 | 0 Comentarios | Enviar

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