S?bado, 27 de agosto de 2011

La esperanza de las necesidades mutuas

Stuani y Acosta son, por ahora, los dos únicos fichajes del Racing a la espera del pivote por el que suspira Cúper. El club optó por hacer el escaso esfuerzo que la economía permite en punta de ataque. Con poco dinero, jugó la baza de la necesidad. Porque el equipo requería imperiosamente reforzar su delantera y sus dos adquisiciones necesitaban algo que pocos pueden garantizar: minutos. De ese juego de dependencias mutuas nace la esperanza más firme. Porque el Racing de la escasez se encomienda a que Acosta recuerde lo que fue y a que Stuani sea ese matador del que tan bien hablan en Valencia.

Tienen cosas en común. Son casi de la quinta (Lautaro tiene 23 y Christian 24) y nacieron separados por poco más doscientos kilómetros y un río. Porque Glew no anda lejos de Buenos Aires ni Tala de Montevideo. Además, los dos salieron de sus países muy jóvenes con un cartel dorado sobre sus cabezas. El de Acosta tenía ese brillo de una medalla en los Juegos junto a Messi, Tévez y compañía. Y eso valía mucho. Tanto que el Sevilla pagó casi nueve millones por el chavalito que dio a Lanús su primer apertura en 2007. Stuani no tenía podio olímpico pero sí un saco de goles (récord y pichichi) en Uruguay con 20 años. Lo firmaron en Italia.

Sus similitudes continuaron, pero esta vez en la senda de las decepciones. Al argentino la carrera se le empezó a frenar por el tobillo y su paso por el Pizjuán no ha pasado de anécdota. Se lesionó y nunca tuvo continuidad. Lo del uruguayo fue tristeza. En la Reggina no fue feliz y el fútbol italiano se comió su progresión. Albacete lo rescató en Segunda y el Levante completú su bautismo goleador en Primera. Pero Caicedo le robó protagonismo y minutos.

Ahí reside la carta del Racing. El club los necesita, pero ellos también necesitan esa oportunidad. Hay pocos equipos que garanticen una titularidad (ninguno puede hacerlo del todo), pero el cántabro es lo más parecido a una carta blanca. Cúper y Pernía rezan para que uno encuentre el hueco del pase y el otro el hueco de la portería. Lo curioso es que el dorsal número nueve lo llevará Acosta. A Stuani le tocó el 22, tal vez la cifra con la que sueña para convertirse en un pichichi adulto.

Fuente: El Diario Montañés 


Publicado por Castro2 @ 0:38 | 0 Comentarios | Enviar

Comentarios

Añadir comentario