Cuando Mari Carmen Bosch llevaba cada día a 'El Guardi' desde Santpedor hasta el colegio de La Salle, en Manresa, 'Portu' vestía cada domingo de blanco. Uno era un loco del fútbol de diez años. El otro jugaba en el Real Madrid. Hay cosas que los unen. Ambos jugaron como centrocampistas y, después, entrenaron al filial del equipo de su vida. Tienen ese punto educado y, para gustos, más de una vez han dicho de ellos que son elegantes. Hoy les une un partido y les separa un banquillo.
Es fácil encontrar diferencias entre el entrenador del mejor Barcelona de la historia y el de un Racing condenado a su destino de las urgencias. Lo difícil es encontrar puntos en común. Y los hay. Porque Miguel Ángel Portugal Vicario (1955) y Josep Guardiola i Sala (1971) comparten, de entrada, el ser dos chicos de pueblo. Uno nació en Quintanilla de las Viñas y forjó el 'callo' del fútbol en los descampados de Gamonal. El otro es el hijo más famoso de Santpedor.
Cuentan las crónicas que Portugal era un centrocampista zurdo, muy técnico, aunque algo frío. Lucía esa melena de los ochenta cuando fichó por el Real Madrid. Fue internacional Sub-21 y el Barcelona intentó ficharlo pero Boskov puso más interés, aunque luego no lo usara demasiado. Por Internet aún circula alguna foto en la que posa con Uli Stielike a la derecha y justo encima de Santillana y Juanito.
Del Guardiola futbolista se sabe casi todo. Su puesto de mando en el 'Drean team' y en el once de Van Gaal (379 partidos de culé), su paso por Italia y un par de escarceos finales en Qatar y México.
Lejos de la hierba y el banquillo los dos se manejan en tono discreto. A Guardiola no le gusta que le pinten con la etiqueta de 'futbolista que lee', pero lo es. Le encanta la poesía y adora las novelas de José Luis Sampedro o Truman Capote. También la música. Dicen de él que cuando admira a alguien hace lo posible por decírselo y conocerle. Le pasó con el diseñador Antonio Miró y con Juan Manuel Lillo. Tras un partido con el Oviedo, el Pep futbolista pidió permiso para entrar en el vestuario rival. Quería felicitar al entrenador de aquellos chicos a los que acababa de derrotar. Desde entonces, forjaron una amistad que aún perdura, como la que tiene con el mejor jugador de waterpolo de la historia. Manel Estiarte es su amigo y su consejero. Algo así como su 'segundo' pero fuera del banquillo. Celoso de su intimidad, no concede entrevistas desde que asumió la dirección azulgrana. Dice que es para no hacer diferencias. Como no podría atender a todos, no atiende a nadie... Sólo en las largas ruedas de prensa de antes y después. Está casado con la chica que conoció en la tienda de sus padres cuando tenía 18 años y tiene tres hijos. El último secreto confesable de su perfil es que le encantan los caracoles.
Portugal también lee y hasta puede presumir de tener dos libros publicados. Eso sí, de fútbol ('Entrenamiento con balón: metodología y aplicación práctica' y 'El entrenamiento de fútbol: rondos y mantenimientos'). Es un tipo calmado, pero con carácter. Le salió para negar el saludo en su día a Miguel Ángel Revilla o para definir el arbitraje que sufrió el Racing el pasado año ante el Atlético de Madrid. De joven, le gustaba el mundo de la imagen y hasta guarda recuerdos de algún corto y de las cámaras que usaba en las prácticas.
El arranque
Uno y otro se saludarán esta tarde, se desearán suerte y, al rato, sólo a uno le tocará recibir la enhorabuena. En su cabeza habrá cosas distintas. En la del catalán, mantenerse en lo más alto. En la del burgalés, sólo mantenerse.
Los dos se enfrentan a retos distintos. Pep vive con la obligación de ganar siempre. Miguel Ángel tiene que ganarse, de entrada, la confianza de una afición que le castigó en el tramo final de la temporada pasada. «Tiene que ser un encuentro trabado», dijo esta semana. Y dejó caer la palabra agresividad. Sabe que, a la grada, al margen del resultado, hay que darle casta y personalidad. Si se repite lo del año pasado ante los culés, se encenderán las alarmas. «Tenemos una plantilla decente», aseguró Portugal ante un micrófono de Punto Radio. Hoy debe empezar a demostrarlo.
«Nos ha ido bien en las dos últimas visitas que hemos realizado a Santander, pero en los últimos años las estadísticas del arranque de temporada no nos son favorables», decía ayer el catalán en la sala de prensa del Nou Camp. «El Racing me merece todo el respeto -continuó el técnico-. Sabe a lo que juega y utiliza diferentes presiones, sin perder el orden. Además, cuenta con un jugador como Munitis que siempre genera conflictos en el área rival por su manera de jugar. Es un rival que siempre nos ha costado». Respetuoso. Muy en su línea. Pero también contudente. Porque ayer el Racing importaba en las preguntas de la prensa bastante menos que las vueltas del 'caso Ibra'. «En condiciones normales, hubiese viajado, pero no es conveniente que vaya convocado. Aquí decido yo». Queda claro.
La 'magnética personalidad' del técnico de moda contra el olvido de un año que rozó la tragedia que quiere implantar el inquilino del banquillo contrario. Uno quiere seguir la línea y el otro hacer borrón y cuenta nueva. Esta tarde, al lado de ambos, se sienta la presión. La de no bajar la guardia y la de no bajar. Presión, al fin y al cabo. Otra coincidencia más.
Fuente: El Diario Montañés