Lunes, 17 de mayo de 2010

Alivio sin gloria

Han pasado ya unos años. Los que hoy ya tocan la tribuna andaban por entonces con asiento de grada. El árbitro levantó el brazo e hizo sonar su silbato. Una breve banda sonora para acompañar al equipo a Segunda. Sin embargo, el césped se llenó de corredores anónimos, de entusiastas del desánimo... Hasta un futbolista tuvo que alcanzar el vestuario en calzoncillos rozando una divinidad pobremente atribuida. Fue la última vez que Cantabria supo a qué sabe una noche de descenso. Ese día hubo más celebración que ayer. Más instinto y más aliento. Lo del último día de esta pobre Liga fue alivio. El Racing se quedó en Primera. Nada más que alivio. Nada de orgullo ni gloria.

Porque una vez cumplido el trámite, desde los asientos hubo críticas y hasta indiferencia. Hay batallas que ni siquiera celebran los que las vencieron. Triunfos sin brillo que pronto se olvidan. Y ayer ni siquiera hubo batalla. Dos detalles para demostrarlo: ni una tarjeta amarilla en un duelo presuntamente decisivo y muy pocas faltas. Manolo Preciado no salió ni una vez de su banquillo. Debutaron juveniles. Se aplaudieron desde la esquina rojiblanca los goles del teórico rival. Las dos aficiones hicieron la ola sin cortes y hasta a algún jugador asturiano se le escuchó decir que no era el día para dar un buen pase...

Por eso, no merece la pena hablar mucho de fútbol. Que ayer se vio a los laterales en campo del rival más que en toda la Liga es sólo una anécdota sin historia. Lo mismo que la presencia de dos delanteros en el once, con Canales escorado a una banda. Porque todo el partido fue una anécdota con tintes teatrales indemostrables. No había aliento en la nuca ni necesidad de marcar el territorio.

Y así, en los primeros minutos -cuando todavía existía ansiedad ante lo desconocido-, el gol del Málaga sembró el único miedo en una tarde que fue diluyendo los temores que se habían acumulado hasta debajo de las alfombras. Fueron unos 20 minutos de agonía radiofónica. De mirar a las cabinas donde los narradores trataban de hacer frenético un sucedáneo de fútbol. Sólo un disparo de Carmelo que sintió de cerca el sabor del poste hizo pensar que el Sporting no buscaba un Goya al mejor secundario. Por si acaso, el 'pi pi pi' de la emisora sonó por primera vez desde el fortín catalán. El Valladolid ya perdía.

El gol que celebró el Sporting

El segundo del Barça sirvió para decirle a la angustia que ya podía irse. Desde uno de los vomitorios debió ver como Canales sacó un córner que Tchité remató a placer con la cabeza. Hasta el congoleño debió sorprenderse de estar tan solo. La facilidad con la que el delantero remató en el 35 pintó hasta sonrisas en los encargados de darle a este deporte aspecto de rigor y análisis. Una de esas sonrisas que aparecen cuando te pitan a favor un penalti injusto... Tanto fue así que apenas hubo gesto de rabia tras el remate por parte de su ejecutor. Curiosamente, lo celebraron más en la esquina de la sidra.

Con las cuentas claras el reloj se dejó correr hasta el descanso. Con la pena acumulada de una temporada que sólo rozó la gloria durante tres semanas.

La mejor noticia de la tarde corrió como la pólvora en el tiempo dedicado al descanso. Y no por saber que Tenerife, Valladolid y Xerez confirmaban el adjetivo que llevaron pegado durante casi todo el año. Era algo mucho más sentimental. Más íntimo. La figura engominada del emblema del club cántabro se dejaba ver por uno de los boxes. Nando Yosu estaba allí. Elegante, repeinado, sereno, casi heroico... Para recordar a todos lo que su memoria ya no le deja. Que él sí salvó al equipo con mística. Que bueno verte...

Mucho mejor esa visión que la de un balón que volvió a rodar con pereza en la segunda mitad. Bolado mandó fuera un mano a mano con el guardameta. Las camisetas blancas y verdes se movían sin agobio y sin brillo entre estatuas de cera de color rojo y blanco. Era cuestión de paciencia que llegara la confirmación definitiva en la película más predecible del año. Tchité engrosó su cuenta para el vídeo de 'ofertas' y remató la faena. Un trabajo sucio. Fin del partido. Daba igual que quedara la media hora más ridícula de la Liga.


Desde ese momento, el partido se jugó en la grada. Con todo listo, con el suspiro definitivo del alivio, llegó el juicio. A Pernía lo declararon culpable y a Portugal cómplice. Aparecieron pancartas reservadas para el momento preciso. Esas que esperaron a saber que el equipo se quedaba en Primera.

De la crítica de unos a la indiferencia de otros. Las escaleras se iban poblando de desencantados que debieron pensar que aquello ya había sido suficiente. En una esquina, la asturiana, seguían con su jolgorio... Y en el cesped, al que ya no miraba casi nadie, se encontraban paralelismos con aquel famoso partido del Mundial 82 entre Alemania y Austria. Curiosamente, aquel encuentro se jugó en el Molinón. Hasta a alguien se le escapó un 'que se besen...'.

El final más triste

Lo de minutos 'de la basura' es demasiado premio para el tramo final. No era cuestión de rozar la humillación del prestamista. Por eso, las porterías dejaron de ser el objetivo. Era más interesante ver como la seguridad se colocaba en los fondos por si alguien tenía intención de pisar el césped para una fiesta sin anfitrión. Dos eternos minutos de añadido y el pitido del árbitro confundido con los de la grada. Desde la megafonía daban las gracias y en el verde había un par de cajas con camisetas para lanzar a la grada. Como cuando en Roma tiraban pan desde la arena...

Ni saludos desde el centro del campo, ni vuelta al ruedo, ni pechos al aire, ni Fuente de Cacho... Tchité confesó que en el vestuario hubo champagne. Mientras lo descorchaban, Pernía escuchó de cerca a un grupo de seguidores que abandonó un fondo para aglutinarse junto al palco. Un 'marrón' para la empleada de seguridad que no pasó, por suerte, a mayores. «Tenemos que pedirles perdón», decía un Pinillos que nunca se esconde para decir la verdad ante el micrófono de Punto Radio.

Y así terminó la temporada. Con resoplos de alivio al llegar a casa después del partido número 38. Con la sensación de estar cansados de un fútbol desalentador. Con el objetivo y muchos 'peros'. Con la certeza de que un calendario amable le regaló al Racing un premio al que su juego no llegaba. El Málaga de Muñiz se salvó con 37 puntos. Pobre Liga. Pobre fútbol emocionante por lo mediocre. Permanencia con el final más triste de los últimos años.

Sin gloria, sin brillo, sin fútbol... Eso sí, en Primera.

Fuente: El Diario Montañés


Publicado por Castro2 @ 18:06 | 0 Comentarios | Enviar

Comentarios

Añadir comentario