Domingo, 28 de febrero de 2010

El viejo Sardinero

La veteranía es un grado. Al menos eso decían en la mili los veteranos a los recién llegados. Sin embargo, esta afirmación, rotunda en muchos casos, queda en entredicho cuando se refiere, por ejemplo, a la antigüedad de un edificio. Y eso es lo que ocurre en el caso del campo de El Sardinero, el único de Primera División que no ha sido objeto de una remodelación verdaderamente importante o, como alternativa, que no cuenta con un proyecto de reforma para realizar en el transcurso de los próximos años.

Las instalaciones se mantienen, básicamente, igual que estaban el 20 de agosto de 1988, fecha en la que fue inaugurado. Algunas reformas, escasas y de pequeña magnitud, sólo han servido para mantener la funcionalidad de un campo que, de ser un verdadero modelo en el fútbol español -es su día fue muy valorado su sistema de evacuación del público y el hecho de que no existieran columnas para sustentar la cubierta que dificultaran la visión, magnífica desde casi cualquier punto de la grada- ha pasado a convertirse en un campo antiguo y con evidentes carencias que le colocan en inferioridad si se le compara con otros los de otros clubes de Primera.

Apenas algunas obras que se pueden considerar de mantenimiento y que han sido pagadas en todos los casos por el propio Racing, han servido para conservar El Sardinero en unas condiciones mínimamente aceptables. La desaparición de las gradas de pie, el traslado en 1997 de la sede social del club a Los Campos de Sport desde el Paseo de Pereda, la mejora de la zona del palco o la instalación de los dos nuevos videomarcadores en 1999 son algunos de estos trabajos, que últimamente se han completado con las obras exigidas para que el equipo pudiera competir en la Copa de la UEFA y con las de mantenimiento de la cubierta -se han eliminado las molestas goteras- y de mejora de la megafonía y de la iluminación. El resto, tanto el graderío como las dependencias interiores, permanece igual. Eso sí, ha habido varias intentonas para que El Sardinero diera un salto cualitativo que le permitiera adecuarse mejor a los nuevos tiempos que vive el mundo del fútbol. Sin duda, el proyecto de remodelación del campo santanderino más ambicioso fue el presentado en el año 2002 siendo máximo accionista de la entidad Santiago Díaz y presidente Ángel Gutiérrez Coterillo.

Propuesta ambiciosa

La iniciativa, denominada 'Centro Racing Sardinero', contemplaba una inversión de unos 85 millones de euros e incluía, además de una remodelación del estadio con una nueva cubierta y unos 5.000 asientos más, la construcción de un completo centro hostelero y de ocio con un hotel, restaurantes, cafeterías, zonas comerciales, instalaciones deportivas, cines y un aparcamiento subterráneo de 715 plazas.

Desde el mismo momento de su presentación, en el mes de abril de 2002, el 'Centro Racing Sardinero' fue el objeto de una intensa polémica entre el Ayuntamiento, propietario del campo y opuesto frontalmente a la iniciativa, y los mandatarios del club, que pensaban que la idea que habían plasmado en un proyecto era casi la única alternativa para garantizar la viabilidad económica de la entidad. El modelo planteado por el Racing era similar al desarrollado por otros clubes. El Sevilla o el Real Madrid eran los espejos en los que se miraba el equipo santanderino.

Finalmente la postura del Ayuntamiento fue la que prevaleció y el centro de ocio se quedó únicamente en un planteamiento polémico que abrió una brecha entre el club y los responsables municipales y que ni siquiera llegó a debatirse. Se quedó sólo en eso, en una idea.

Nueva intentona

Con el paso del tiempo, y ya con los actuales accionistas al frente del club, volvió a plantearse una alternativa para un mayor aprovechamiento de las instalaciones de El Sardinero. La iniciativa era mucho menos ambiciosa y se planteó después de que otra idea, la de construcción de un nuevo campo en la zona sur de la vaguada de Las Llamas, fuera desestimada casi desde un principio. El Racing presentó alegaciones al Plan General de Ordenación Urbana con las que pretendía que la utilización de las dependencias de El Sardinero con otros fines diferentes a los meramente deportivos fuera autorizada.

Como en el caso del centro de ocio de Santiago Díaz, la propuesta encabezada por Francisco Pernía fue rechazada. Justo en ese momento moría la última intentona del Racing para reformar su campo.

Cuando todo esto ocurría en Santander, en otras ciudades las cosas discurrían por caminos ciertamente diferentes. Sevilla, por ejemplo, permitía que el club al que la ciudad da su nombre salvara su economía con la construcción de un centro comercial junto al Sánchez Pizjuán. En Madrid, el conjunto blanco aprovechaba la recalificación de su antigua ciudad deportiva para sanear sus cuentas y construir un nuevo área de entrenamiento de última generación. En Valencia, Bilbao o Barcelona se daba vía libre para la construcción de nuevos estadios, mientras que Zaragoza o La Coruña iban de la mano con sus equipos en la presentación de los proyectos de reforma de sus también muy veteranos estadios. En Palma de Mallorca, Jerez, Almería o Getafe se inauguraban unos nuevos campos.

Incluso en Cantabria hay ejemplos similares. El Gobierno regional pagará las obras del nuevo Malecón, una vieja reivindicación de la capital del Besaya que se hará realidad muy pronto con la construcción de un moderno estadio que vendrá a sustituir al histórico campo de la Gimnástica.

Mientras, El Sardinero, coqueto y cómodo para los espectadores, sigue contemplando como el tiempo pasa de forma inexorable. Eso sí, cada día que tacha en su ya largo calendario aumenta su veteranía... y su graduación.

Fuente: El Diario Montañés


Publicado por Castro2 @ 12:24 | 0 Comentarios | Enviar

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