Lunes, 15 de febrero de 2010

Una humillante derrota

El mundo al revés. El Racing, un equipo que estaba teniendo un inicio de 2010 más o menos brillante, fuer ayer un pelele en manos del Málaga, un conjunto entrenado por Juan Ramón López Muñiz, que regresaba a Santander, en donde el año pasado había aburrido hasta las ovejas. Lo dicho, el mundo al revés. El equipo que mejor estaba en la tabla clasificatoria y que, al menos aparentemente, se encontraba en un mejor momento, fue goleado por un rival que se ha pasado media temporada en puestos de descenso y cuyo juego no ha pasado casi nunca de ramplón. En definitiva, el Racing encajó una humillante derrota (0-3) ante el Málaga.

Acabado el partido, muchas son las excusas que se pueden encontrar. Desde el cansancio físico por la acumulación de partidos que el conjunto cántabro ha tenido en el último mes y medio, hasta el desánimo que haya podido cundir en la plantilla por la reciente eliminación copera, pasando por el agotamiento psicológico de unos jugadores que han estado en los últimos meses sometidos a una elevada presión. Cualquiera de estos argumentos podría ser válido. Cualquiera de ellos tiene sustento en la realidad del equipo de Miguel Ángel Portugal.

Sin embargo, quizá no haya que escarbar tanto en las profundidades del equipo para encontrar otras causas, tan ciertas y dignas de crédito como las anteriores, que expliquen el desastre de ayer en El Sardinero. Sólo hay que echar un poco la vista atrás para encontrarlas. Y es que el Racing de ayer recordó mucho al de la ya casi olvidada etapa de Juan Carlos Mandiá. El equipo nunca estuvo ordenado, adoleció de criterio en la construcción, estuvo errático en el juego ofensivo y excesivamente fallón atrás. Vamos, que reunió lo peor de la etapa anterior y no mostró ni una sola de las virtudes que Portugal ha sabido sacar a la luz en los últimos tres meses.

Eso por lo que respecta a las causas, porque las consecuencias merecen un análisis al margen. Y es que el Racing disfrutó ayer de una oportunidad magnífica para poder cambiar el objetivo con que inició la temporada y la desaprovechó.

La salvación, objetivo difícil pero mediocre donde los haya, era la meta que el Racing se había marcado en el mes de agosto cuando comenzó el campeonato. Pero, después de una remontada casi heroica, al conjunto santanderino se le presentaba la oportunidad de mirar la Liga desde otra perspectiva. Estaba en disposición de cambiar de objetivo. Pasar de la agonía de la lucha por la salvación a pelear por objetivos más vistosos. Dejar la permanencia de lado para mirar hacia los puestos europeos. Y el partido de ayer era fundamental para que este giro, inesperado hace sólo unos meses, pudiera convertirse en una realidad. Sin embargo, el equipo de Portugal desaprovechó la ocasión.

Y esta oportunidad perdida puede tener nefastas consecuencias para los cántabros, que han tenido que encajar durante la última semana dos golpes durísimos. El jueves cayeron en la Copa del Rey. Ayer, pospusieron, quién sabe hasta cuándo, su cambio de objetivos con una derrota que puede haber hecho mucho daño. Ahora habrá que ver si estos dos varapalos no implican más daños de esos que se han dado en denominar colaterales. Es decir, habrá que esperar para ver si la plantilla se resiente, para saber si regresan las dudas. En definitiva, para tener claro si el Racing se ha condenado a luchar por la mediocridad o, por contra, es capaz de remontar el vuelo por segunda vez en la temporada.

Y es que el partido de ayer ha podido herir al Racing. Por el resultado. Siempre es humillante caer entre tus aficionados por un claro 0-3 (que además, bien pudo ser más amplio). Y por el juego, porque el Racing volvió a sacar a la luz todo su repertorio de desaciertos, fallos y desajustes que exhibió en el primer tramo de la temporada. La primera muestra tuvo lugar en el minuto 8. Duda sacó un córner desde la izquierda. La defensa lo despejó. El portugués insistió con el mismo lanzamiento. Weligton marcó. El Málaga, con una única llegada, se había llevado el partido. Si, porque el Racing no daba la impresión de poder hacer nada para impedir una derrota, algo que quedó patente media hora después con el gol de Caicedo que aprovechó primero los metros que concedió Oriol con sus estériles protestas y después la indecisión de Torrejón y Moratón para, con algo más de contundencia, haber cortado la progresión del 'nueve' del Málaga. Ni siquiera sirvió de algo la tímida reacción de los primeros minutos del segundo tiempo. Obinna, envió al fondo de la portería de Coltorti el primer balón que tocó. Era la guinda de la 'venganza' de López Muñiz que, si sólo se fija en lo que ayer pudo ver en El Sardinero, ha debido llevarse la impresión de que muy pocas cosas han cambiado en el Racing respecto a la etapa en la que él era entrenador. ¿Tendrá razón?

Fuente: El Diario Montañés


Publicado por Castro2 @ 18:23 | 0 Comentarios | Enviar

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