Viernes, 12 de febrero de 2010

El Racing despert? de su sue?o

El Racing despertó ayer del sueño en que había permanecido desde el pasado jueves. Lo hizo de golpe y porrazo. La ilusión, la esperanza en que había vivido el equipo durante los últimos días se fue al traste. En juego estaba una final de la Copa del Rey que se antojaba imposible y el Racing deberá seguir esperando para poder conseguirlo. Ayer no pudo. Lo tuvo a su alcance, pero sus posibilidades apenas duraron seis minutos. Justo los que el Atlético de Madrid tardó en poner en su sitio al conjunto santanderino con un gol que sentenció una semifinal que comenzó a perderse en el Vicente Calderón y que ayer sólo recibió la rúbrica del equipo que demostró ser superior, el 'colchonero'.

Mejor no se le pudieron poner las cosas al Racing. Y es que nada más comenzar el partido, en un córner lanzado por Canales, hizo su gol. Comenzó a recortar una cuenta demasiado larga pero que cuando sólo se llevaban dos minutos de juego parecía más accesible. Era el escenario deseado por todo el racinguismo. Era la situación ideal para que una remontada que parecía imposible cobrara visos de realidad. No se había llegado al minuto dos del partido y el Racing soñaba con la final.

Triste despertar

Pero fue sólo eso, un sueño. Porque apenas unos minutos después, en el lanzamiento de una falta lejana que Valera, autor del tanto del Racing en propia puerta, tocó con ciertas dificultades, el Atlético echó un jarro de agua tan fría como la noche que estaba sufriendo El Sardinero sobre la ilusión de una afición volcada.

Justo en ese momento comenzó a vislumbrarse que el sueño, la ilusión por estar en la final de la Copa del Rey, no iba a tener el final feliz que todo el mundo deseaba. La remontada se convertía ya en algo casi imposible. En una utopía. Había que marcar cinco goles más. Había que empezar de nuevo de cero.

Y el Racing lo intentó. Por supuesto que sí. Los hombres de Portugal mantuvieron el ritmo frenético con que habían comenzado el partido. La presión agobiante en todo el campo. La intensidad que había reclamado su entrenador. El asedio a la portería de De Gea. Pero nada. Que el gol no llegaba y, lo que es peor, las ocasiones tampoco.

Con este panorama, pensar en la posibilidad de que el Racing tuviera alguna opción de remontar una semifinal que estaba perdida, quedaba ya sólo para los más optimistas. Para esos que siempre ven el vaso medio lleno en vez de verlo como estaba ayer en El Sardinero, prácticamente vacío.

Los minutos avanzaban inexorablemente hacia la frustración. Iban pasando a toda velocidad. A la misma con que se iba desinflando la ilusión de la afición... y también del equipo.

La presión, con el paso del tiempo, ya no era la misma y el cerco al área atlética ya no existía. Al contrario. Era el conjunto 'colchonero' el que había asumido el control del partido. Sabía que tenía los dos pies en la final, que la remontada había pasado de ser complicadísima a convertirse en imposible. Los hombres de Quique Sánchez Flores se dedicaron a salir desde atrás con una velocidad vertiginosa aprovechando los huecos que el Racing estaba dejando en sus dos bandas. Las ocasiones, ésas que pedía la afición verdiblanca para mantener viva la llama de su esperanza, estaban sucediéndose... en la portería de Mario Fernández. Agüero, con más movilidad que nunca, era una pesadilla para los dos centrales racinguistas. Lo mismo que Reyes y Jurado, que tenían muchos metros por delante antes de encontrarse a alguien vestido con una camiseta blanca.

Sólo la fortuna evitó que el equipo madrileño se fuera al vestuario con algún gol más en su ya amplia cuenta. A los cuatro que se trajo del Calderón había que sumar el que había roto la bola de cristal de aquellos que en algún momento habían pensado en que el Racing podía ser finalista de la Copa.

Pero daba lo mismo. La semifinal estaba sentenciada. Ya lo estaba antes de que diera comienzo el partido. Pero, por si acaso, el gol de Valera se encargó, como si se tratara de un acta notarial, de dar validez al paso del Atlético.

Mero trámite

Todavía quedaban 45 minutos. Pero no iban a servir para nada. Al Racing únicamente le quedaba una cosa por hacer: vaciarse. Darlo todo para satisfacción de sus incondicionales seguidores. Intentar llevarse un partido que sólo serviría para que en la historia quedara reflejado que el conjunto santanderino ganó uno de los dos partidos de su segunda semifinal copera. Sólo para eso. El resto ya estaba decidido. Quedó así en el Calderón. Con el mal partido del Racing. Con su escasa fortuna. Con las decisiones de Mateu Lahoz. Con un Atlético muy superior. La semifinal se había acabado en Madrid. Lo de ayer fue sólo un canto a la ilusión, a la esperanza, a la pasión por unos colores.

Tal y como cabía esperar, el Racing salió con la intención de quemar sus naves, si es que le quedaba alguna. Pero, como ocurrió en el tramo final de la primera mitad, fue el Atlético el que asumió el control del partido. No le hacía falta. Ya estaba en la final. Pero de todos modos lo hizo y, por si había alguna duda, Jurado, tras una magnífica combinación con Agüero, marcó el segundo gol. Justo en ese momento, los aficionados, impecables, comenzaron a abandonar El Sardinero. La noche no estaba para florituras. El ambiente estaba helado. En la grada y sobre el césped.

De poco valieron los goles de Xisco y Tchité. Sólo para la historia diga que el Racing ganó el partido. Era sólo eso, el partido y algo de orgullo, porque a estas alturas ya no se podía hablar de la eliminatoria. Un triunfo para cerrar un dulce sueño. Para poner fin a la ilusión de todo un pueblo volcado con su equipo. El Racing había despertado de su sueño. Ahora sí. La final de la Copa del Rey es imposible. Otra vez será.

Fuente: El Diario Montañés


Publicado por Castro2 @ 16:02 | 0 Comentarios | Enviar

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