La marea verdiblanca no tiene freno. Después de los valientes que se desplazaron a Alcorcón el día de Reyes y del ya masivo viaje a Pamplona para ser testigos del paso a semifinales, el camino del sueño copero tenía ayer una nueva y larga etapa rumbo a Madrid. La mayoría de los aficionados eligieron como medio de transporte alguno de los autobuses fletados por el Racing y la Asociación de Peñas por el simbólico ‘impuesto revolucionario’ de un euro, además de la entrada. Desde niños hasta jubilados, desde estudiantes haciendo ‘novillos’ hasta trabajadores pidiendo días libres o parados apurando los últimos ahorros. No importaba: nadie quería dejar sólo a su equipo en un partido histórico, todo el mundo quería contar que estuvo allí. Si hace dos años una gigantesca ola verdiblanca invadió Getafe, ahora tocaba un ejercicio masivo de racinguismo muy cerca de allí, en el sur de Madrid, en el Vicente Calderón. La historia parece que quiere brindar al Racing una nueva oportunidad con muchos componentes paralelos, pero todos sueñan con una resolución diferente a la de entonces. Un club casi centenario que se ha tenido que conformar con pequeñas alegrías y que exige justicia a su histórica trayectoria en forma de presencia en una final de Copa del Rey.
Los más madrugadores en partir desde Santander fueron los de la peña Metales, que a las 8

de la mañana se convirtieron en la avanzadilla de la expedición. Poco después partió el autobús de la peña Racinguistas Online, que acogió a este periodista ‘infiltrado’. Y el resto, la mayoría, a partir del mediodía en una caravana de ilusión que sumó a la causa hasta 25 buses y que no se frenaba ni por el frío ni la lluvia ni la niebla que acompañaron durante casi 400 kilómetros a todos los viajeros.
El punto de partida del viaje era El Sardinero, no podía ser otro. A las nueve y media de la mañana allí estaba Rosendo Fernández, el habitual conductor de los viajes de Racinguistas Online: su trayectoria futbolística incluye viajes a Madrid, Barcelona, Málaga, Soria… y eso que no reconoce muy ‘futbolero’. En sus manos se pusieron 50 de los 300 miembros de esta peña familiar, que llenaron las plazas disponibles.
Las caras de los viajeros anónimos denotaban la ilusión de los primerizos, de los debutantes en el campo de las grandes hazañas. En el pequeño equipaje de viaje no faltaban bufandas, camisetas, banderas, bombos, pancartas y todo tipo de complementos de color verde, blanco y negro. Y voces, porque el ensayo de una nueva canción –‘Porque este año la Copa es verdiblanca’- ocupó los primeros kilómetros del trayecto. Para animar aún más, se proyectó el partido Racing-Athletic de Bilbao de la primera etapa de Portugal. Un encuentro especial por varios motivos: porque se le entregó la insignia de oro y brillantes del club a Nando Yosu y porque el equipo superó por 5-4 a su más odiado rival. Era una buena manera de encender aún más los ánimos, hilvanados con historias, conversaciones, fotos para el recuerdo, periódicos, chistes, cánticos… y también tensión. Se notaban nervios ante la cita y nadie quería pronunciar la palabra ‘final’ por miedo a los gafes. Así lo constató Miguel Ángel Bermejo, presidente de esta peña fundada en 2004 y que aglutina alrededor de 300 miembros, desde la septuagenaria Pilar hasta el niño Miguel, pasando por Víctor, Miriam, María y un largo etcétera de personajes anónimos, todos ellos ‘Conectados a un sentimiento’, su lema. “En otros viajes la gente está más relajada, en este se nota tensión”, advierte, para añadir el calor y color de la afición racinguista: “en cuanto el equipo ofrece algo, la gente responde con tremenda ilusión; espero Munitis y compañía no nos fallen”. Una ‘porra’ sobre el resultado y el sorteo de una entrada gratuita para uno de los peñistas ocuparon otros momentos de un largo viaje, que superó las cinco horas de duración.
En Madrid
La llegada a la capital coincidió con la hora de la comida y La Latina era el objetivo de los estómagos hambrientos. Allí se habían citado a través de las redes sociales distintos contingentes racinguistas, pero el hambre, la inmensidad de la ciudad y el día lluvioso hizo que la gente se diluyera en pequeñas masas, reservando el gran encuentro de seguidores cántabros para las horas previas al partido en los alrededores del Calderón, cuando llegara la mayor parte de la expedición que había salido al mediodía de Santander y parado a comer en Lerma. Eso no impidió que muchos viandantes anónimos animarán la causa racinguista, vaticinando varios goles de Canales; se les notaban tanto sus colores madridistas como su animadversión al vecino de ciudad.
En la calle y los bares contiguos al otrora Manzanares se fundieron los colores verdes y rojiblancos de las aficiones; también los sueños de acceder a la final, pero no la forma de demostrarlos. En Santander, las entradas se agotaron rápidamente, los cántabros residentes en Madrid tampoco quisieron fallar y los aficionados buscaron otras formas de conseguirlas al margen de las aportadas al Racing. Por otro lado, los aficionados atléticos, un club histórico venido a menos, que debate la categoría de su grandeza, no se ‘pegaron’ por ellas en esa especial e incomparable relación de amor-odio que mantiene con el equipo. Consideran una obligación acceder a una final y no se sienten ante la oportunidad histórica que encoge estos días el estómago y corazón de los racinguistas, que aglutina la mayor parte de sus conversaciones, que ocupa sueños despiertos y dormidos, que llena la mayor parte de las páginas o minutos de los medios de comunicación locales. Unas consumiciones más tarde y tras dejar conversaciones con Canales, Coltorti, Portugal, Pernía, Forlán y Agüero como principales protagonistas, era el momento de acceder al Vicente Calderón rodeados de una estricta vigilancia policial y de dejar el ordenador portátil a buen recaudo. Lo que pasó sobre el terreno de juego ya lo sabe todo el mundo; lo que ocurrió en el largo y triste viaje nocturno de vuelta, es otro capítulo que se contará mañana.
Fuente: El Diario Montañés