'Esta vez sí'. La frase se oye en los bares y comercios de Cantabria, florecidos de verde y blanco; en los trabajos y en las tertulias, en los patios de los colegios, poblados más que nunca de camisetas racinguistas, en la sede de El Diario en La Albericia que inundan estos días seguidores de todas las edades, entre los que preparan la excursión para estar esta noche en el Vicente Calderón como preludio del viaje a la final en mayo. Entusiasmo desatado de Unquera a Ontón, de Santander a Liébana y Campoo y hasta en las 25 Casas de Cantabria de España y América que viven intensamente el Racing.
'Esta vez sí', augura la afición que sueña con llegar por vez primera a la final de la Copa del Rey, una gran gesta para enmarcar en el recuerdo en el pórtico del Centenario que en 2013 celebrará el Racing, uno de los equipos históricos que disputaron la primera Liga española en el año 1929.
Es un optimismo contagioso que comparten los más viejos racinguistas, aquellos que alcanzaron a ver al gran Rafael Alsúa y a aquel maravilloso equipo de la temporada 49/50, los que recuerdan el paso fugaz por los Campos de Sport de Gento y Santillana y después al 'Racing de los bigotes', y luego aquel otro de Quique Setién en el que muchos domingos jugaban once cántabros. Y los que asistimos ahora al encuentro feliz, y seguramente efímero, sobre la hierba del ilustre veterano Munitis con el niño prodigio Canales.
'Esta vez sí', rezongamos todos con fe y todavía con rabia al recordar aquella amarga noche de San José de hace dos años cuando el Racing europeo de Marcelino, también inolvidable, cayó de mala manera en la semifinal de la Copa ante el Getafe de Casquero, y antes de eso, todas aquellas noches del Racing más oscuro que nos llenó de bochorno al caer eliminado ante el Real Madrid C, ante el Sestao, el Talavera, la Leonesa, el Burgos...ante cualquiera.
Para un club modesto, la posibilidad de llegar a una final de la Copa del Rey desata una euforia acaso exagerada, pero que no hace daño ni cuesta dinero. El equipo no se entregará ni un ápice menos esta noche en el Calderón ni la afición encontrará más alivio si la semana que viene nos quedamos fuera de la final por haber contenido la ilusión en las horas previas a la eliminatoria.
Motivos para la ilusión
Pero es que además, fuera de la épica del momento, hay razones objetivas para el optimismo: el Racing es ahora un equipo en racha ganadora, que nos sabemos de memoria, casi entero de efectivos y dosificado con mimo para la ocasión, que ha ganado confianza y empaque bajo el mando de Miguel Ángel Portugal, el hombre tranquilo que ha hecho crecer al Racing con decisiones de buen juicio y alguna pizca de la fortuna indispensable para el éxito. Naturalmente, la construcción se ha ejecutado de atrás hacia adelante: Coltorti, el intrascendente funcionario de antaño, se presenta ahora como un portero solvente, la defensa temerosa y blandita del principio de temporada no ha ganado velocidad pero sí ha avanzado algunos metros y ganado seguridad y concentración como para terminar imbatida unos cuantos partidos.
Y en el campo rival, la venturosa aparición de Sergio Canales y el obligado cambio de sistema ha dado lugar a un entramado que gana la pelea en la gran parcela y facilita la llegada, desde luego más eficiente que pródiga en oportunidades. Muchos jugadores en la contención, muchos en el ataque, que es el sello de un equipo trabajado. E inesperadamente, un puñado más de jugadores en el banquillo que han aportado en este mes de enero bastante más de lo esperado.
El Atlético se arrastra
Enfrente, el Atlético de Madrid más 'pupas' desde su paso por Segunda, que se arrastra desde el principio de esta temporada -un paso adelante, otro hacia atrás- y que sobrevive a duras penas, algunas tardes de la carrera larga y el disparo ambidextro de Diego Forlán desde cualquier posición que los racinguistas tanto hemos lamentado en anteriores campañas, otras de la improvisación genial del 'Kun' Agüero, alguna vez de la inspiración de Jurado o Simao, muy de vez en cuando de un destello de Reyes.
Eso es el Atlético: un grupo de buenos jugadores intermitentes, lastrados además por un centro del campo anodino y una defensa muy vulnerable, justamente la propicia para que el Racing cimente esta noche su paso a la final marcando algún gol en Madrid.
Toda la ciencia de Quique Sánchez Flores no ha servido hasta ahora para construir un equipo compacto ni para levantar el ánimo alicaído de la afición más sufrida de España. Ayer quedaban más de 12.000 entradas sin vender en el Vicente Calderón.
Para entendernos: El Atlético de Madrid se encomienda al dios del fútbol para que ilumine a alguna de sus estrellas en esta eliminatoria. El Racing es un equipo bien capaz de llegar a la final copera, incluso sin el talento de Canales. Pero es que además también tenemos a Sergio, por si vienen mal dadas, en esta gran ocasión que el Racing tiene para hacer historia. Esta vez sí.
Fuente: El Diario Montañés