Viernes, 11 de diciembre de 2009

El campo que nunca descansa

Todo el mundo habrá visto el anuncio de Severiano Ballesteros para la campaña de abonados del Racing de este año: el campeón se adentra en el césped del estadio, baja la mirada y lo observa. Se agacha, arranca unas briznas de hierba y aspira su olor con los ojos cerrados antes de esparcirlas con un soplido. Eso, más o menos, podría hacer cualquier día Miguel Ángel González, responsable de Parques y Jardines, la empresa encargada del mantenimiento de El Sardinero. Con una diferencia: nunca jamás se le ocurriría fastidiar un solo tallo.

Quienes creían que un campo como el del Racing se cuida con un manguerazo de vez en cuando y un corte de pelo los domingos ya puede ir cambiando de idea: la lista de mimos mensuales aburriría al mismísimo padre Mundina a base de siegas, abonados, pintados, riegos, escarificados, resiembras, aireados, recebados y fumigados.

Tampoco vale el cuento de que aquí en el Norte todo está verde, y que cualquier prau frecuentado por tudancas tiene mejor aspecto que los Campos de Sport. Eso es justo lo que hace falta decir cuando se quiere cabrear al mencionado Miguel Ángel González, que mantiene desde hace años una pelea constante con los entrenadores para hacerles entender que se está abusando de El Sardinero. «Lo he explicado mil veces. Yo no conozco a nadie que tenga el jardín en casa, con los niños jugando a la pelota, los perros corriendo, que haga barbacoas, y que los fines de semana invite a los amigos y lo tenga estupendamente. Hay que elegir: o se cuida o no puede estar bien».

Muchos miramientos

Hay que ponerse en su lugar: los miramientos que se tienen con esa alfombra de hierba de 100x65 (bueno, un poco más con las bandas y los fondos), no se dedican a ninguna de las zonas verdes de Santander, Camargo, Astillero, Piélagos, Meruelo... que también mantiene la empresa. Son nueve trabajadores -más un encargado, más el jefe, por supuesto-, que se desviven a diario por este campo, los de La Albericia -donde entrena el equipo- y el de La Maruca, con toda la maquinaria con que puedan soñar, con el asesoramiento del gurú español de los campos de fútbol, Lorenzo Elorduy, y las mejores semillas y abonos del mercado. Todo eso para que al final venga cualquiera a decir que está como un patatal... ¡y que sea verdad!

Lo primero que hay que hacer es conocer el terreno que se pisa. Si en Inglaterra los campos se tapinan -en plata, se cambia la alfombra de hierba- cada dos o tres años, en España se hace cada seis u ocho, aproximadamente. El Racing lleva catorce años sin renovar su césped, así que hay que partir de que El Sardinero es un abuelete delicado de salud. Por si fuera poco, está ubicado y orientado de tal modo que, dependiendo de la temporada, se convierte en congelador u horno, y cuenta con zonas de achicharramiento y otras de sombras perpetuas, como saben perfectamente los aficionados. De modo que, encima, le ponemos donde hay corriente. ¿Qué más se puede hacer para acabar con él? Pues, por ejemplo, ahogarle con agua y pisotearle sin descanso.

Sufrimiento

Para entender cómo sufre el campo habría que pedir prestado a Ikea uno de sus culos mecánicos con los que prueba el aguante de los sofás, calzarle unas pezuñas con tacos y ponerlo en marcha. «Yo he visto a Mandiá entrenar y sacar como sesenta córners en un área, con veintitantos tíos ahí metidos. Claro, el campo queda que parece que ha habido una feria de ganado. Hay que pensar que hacen falta dos días para que el campo se recupere de una simple huella».

Ya salió el nombre: Mandiá. De hacer caso a González, la mayor pesadilla de los Campos de Sport. «Que un equipo baje a entrenar una vez a la semana, entra dentro de lo correcto. Pero es que Mandiá le ha metido una trisca que todavía está temblando. Ha estado bajando tres días por semana. Más el del partido. Yo eso no se lo podía contar a colegas de otros sitios porque se reían de mí. Tú vas al Molinón y ves que el campo está bien. ¿Sabes cuántos días ha entrenado allí Preciado? Cero. ¿Y Camacho en el del Osasuna? Cero también. A Caparrós, en el Athletic, le sale una media de dos o tres días al mes».

En el extremo contrario, Marcelino. Por lo visto, el técnico asturiano, al inicio de su carrera como jugador, trabajaba también en el mantenimiento del campo, así que es de los que entienden. «Ha sido el mejor. Como si fuese uno de nuestros encargados. Estaba pendiente incluso de si alguno de los empleados andaba un poco parado. A nosotros nos venía bien. Llamaba todas las semanas para saber cómo estaba el campo. Era un hombre al que le encantaba saber y preguntaba hasta por el abono. Fue el año que el campo estuvo mejor, aunque también es cierto que nos hizo un invierno que fue casi una primavera».

Manos a la obra

¿Qué le haría falta al campo? «Tenemos el césped más viejo de la Primera División, y el campo lleva casi catorce años sin levantarse, sanear y tapinar. Económicamente estas labores pueden costar unos 240.000 euros, pendientes además de revisar la red del sistema de drenaje de aguas pluviales y que haya que sanear a más profundidad. Pero esto son trabajos que tiene que decidir el club, supongo que valorando si económicamente se lo puede permitir. Mientras, se trata de salir del paso con todos los medios humanos y mecánicos que se tienen. Todo esto se tardaría en hacer un mes, aproximadamente, y luego sería necesario dejar descansar el campo dos o tres semanas».

Fuente: El Diario Montañés


Publicado por Castro2 @ 11:18 | 0 Comentarios | Enviar

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