Domingo, 26 de julio de 2009

Un d?a en el retiro alem?n

Cada día que pasa en la concentración de Alemania se repite la misma rutina. Son 24 horas distribuidas con exactitud. De forma milimétrica. Todos y cada uno de los momentos tiene su hueco marcado en el 'planing' diseñado por los responsables técnicos del equipo. Desde el momento de levantarse al de acostarse, pasando por las comidas, los entrenamientos, los tratamientos médicos... todo está bajo control. 

La actividad comienza pronto. A las 08.00 de la mañana. Es el momento en que todos y cada uno de los jugadores del equipo recibe en su habitación un aviso. Es la señal para ponerse en marcha. 

Una ducha para despertar pone en funcionamiento a una plantilla que tiene apenas media hora para dar cuenta del desayuno, una de las comidas obligatorias de la jornada. Posteriormente, los jugadores disponen de algo de tiempo libre. Coger la ropa de trabajo, acudir a las dependencias de los fisioterapeutas para darse el primer masaje del día... en fin, comenzar a funcionar. Ante sí, todos y cada uno de los componentes de la plantilla verdiblanca tiene un duro día de trabajo. 

La primera sesión 

Apenas tres cuartos de hora después de que haya finalizado el entrenamiento, a las 09.15 de la mañana, ya está preparado el autobús a la puerta del hotel de concentración para transportar a toda la expedición racinguista hasta el campo municipal de Rees, en donde se realiza el primer entrenamiento de la jornada. Allí, durante cerca de un par de horas, los jugadores avanzan en su preparación. Carreras, ejercicios físicos, partidillos, lecciones tácticas... vamos, todo lo propio de un entrenamiento. 

De vuelta al hotel, en torno a las 12 del mediodía, los jugadores se vuelven a encontrar con los fisios. Los baños de hielo y los masajes centran buena parte de la actividad de la plantilla en los momentos previos a la comida, fijada para las 13.30 horas. 

En estos momentos los jugadores disponen de algo de tiempo libre. Las llamadas a casa o navegar por internet ocupan buena parte de este breve espacio de tiempo previo a la comida. Finalizada ésta, los jugadores se encaminan de nuevo a sus habitaciones. Tienen ante sí un par de horitas de siesta. De nuevo las llamadas, las consolas de videojuegos o el ordenador sirven de ayuda para matar el tiempo. 

Pasada la siesta, en torno a las 17.00 horas, los jugadores que lo deseen pueden pasarse por el comedor para merendar. Se trata de la única comida del día que no es obligatoria. 

Café, zumos y alguna pasta es lo que pueden comer los futbolistas a esta hora. Y es que todavía tienen una dura sesión de entrenamiento por delante. A las 18.15 horas espera de nuevo el autobús en la puerta del hotel para llevar a jugadores y técnicos al campo municipal de Rees. Es apenas un kilómetro de recorrido, lo que permite al equipo comenzar con puntualidad suiza el segundo entrenamiento de la jornada. Son las 18.30 horas y todavía queda mucho por hacer. 

Completado el trabajo, que suele durar en torno a una hora y media, los jugadores regresan al hotel y repiten milimétricamente el protocolo de la mañana, es decir, visitan a los médicos y a los fisios, se dan masajes y se bañan en agua fría. Todo justo antes de que toque volver al comedor para cenar. La última comida del día está fijada para las 21.00 horas. Y nadie llega tarde, no sólo por la multa que tiene el que lo haga, sino porque a esas horas del día, después de horas de trabajo, todo el mundo tiene ganas de cenar y echar el telón a la jornada. 

El punto final 

El último horario fijado por los responsables del cuerpo técnico es el de irse a la cama. El toque de queda, como si de la 'mili' se tratara, se ha fijado para las 23.30 horas. A partir de ese momento todo el mundo tiene que estar ya en sus habitaciones. 

Es el punto final a una jornada que, como si de 'El día de la marmota' se tratara, se repetirá al día siguiente, y al siguiente, y al siguiente...

Fuente: El Diario Montañés


Publicado por Castro2 @ 11:29 | 0 Comentarios | Enviar

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