Mi?rcoles, 15 de abril de 2009

Las entra?as de La Albericia

Humedad, goteras, desconchones, agujeros en techos y paredes, resistencias inservibles que asemejan estufas, óxido, duchas sin alcachofas, sillas de plástico, bancos de hace quince años, instalaciones eléctricas que ofrecen algo más que inseguridad... Y así, un largo etcétera. Aunque parezca mentira son las instalaciones del Racing. Las entrañas de La Albericia. Una broma casi macabra para las necesidades de un equipo de fútbol de Primera División y un motivo de preocupación para todos los chavales, pertenecientes a los equipos de las secciones inferiores, que deben usarlas todos los días. Unas instalaciones que, afortunadamente, serán derruidas. Y, visto lo visto, es lo mejor que se puede hacer con ellas. 

Entrar en las diferentes dependencias de La Albericia, como hizo ayer este periódico, es adentrase en una serie de espacios de un edificio que amenaza ruina. Los techos están, en algunos casos, destrozados y con humedad. No faltan las goteras en algunas salas dedicadas a almacenar material. Y menos mal que los encargados del Racing se preocupan, con tesón, de que todo quede bien protegido. Las duchas recuerdan a instalaciones de hace veinte o treinta años. Algunas alcachofas apuntan a sitios insospechados y otras tuberías carecen de ellas. El suelo no está uniforme y la humedad encuentra a su mejor aliado allí. 

Los vestuarios carecen de todo. Sólo hay perchas y bancos, además de humedad y desperfectos, algunos enormes, en ventanas y puertas. Carecen de algo tan sencillo y necesario como unas taquillas. Los botes de gel y champú descansan en la zona de las duchas, sin otro lugar donde poder guardarlos. El entrenador, que cuenta con un vestuario aparte, dispone de un habitáculo de unos doce metros cuadrados en los que están incluidos la ducha y el aseo. En su interior, tan sólo unas sillas y una mesa son los elementos con los que cuenta el técnico para desarrollar su labor. Ni ordenador, ni vídeo, ni televisión. 

El material se amontona en cualquier esquina. No es por desidia. Es por falta de habitáculos suficientes para dar cobijo a todas las necesidades que requiere la entidad. La sala de calderas no se escapa a las carencias y su aspecto da hasta miedo. Lo mismo que el viejo y pequeño aljibe que almacena el agua para las necesidades diarias. Una carpa instalada la temporada pasada sirve de improvisado gimnasio y únicamente la zona de la lavandería presenta una imagen decente.

Fuente: El Diario Montañés


Publicado por Castro2 @ 18:30 | 0 Comentarios | Enviar

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