Marrullero, sucio... y hasta antideportivo. Así puede calificarse el juego que en algunas fases del partido del sábado exhibió el Real Madrid ante el Racing, aunque, por ser más exactos, no se pueden achacar estos calificativos a todo el equipo 'merengue', sino más bien a algunos de sus jugadores. Pepe, Cannavaro, Heinze o Sneijder si son acreedores de ellos.
Que el Real Madrid es un equipo superior al Racing parece evidente, aunque el otro día no lo demostrara con claridad. Y por eso resulta incomprensible que jugadores del nivel de los blancos tengan que recurrir a actitudes ciertamente criticables. No es que practicaran un juego violento. Quizá no fuera eso. Aunque lo que está claro es que durante algunas fases del encuentro sí actuaron con una contundencia que puede considerarse excesiva.
El ejemplo más claro lo ofreció el argentino Heinze cuando la primera parte estaba a punto de finalizar. Una buena jugada de Pereira, la enésima del partido, fue cortada por los zagueros madridistas de una forma poco deportiva. Primero, Pepe le empujó. Fue la acción menos grave. Ya con el pequeño jugador gallego en el suelo, le llegó el turno a Heinze y a Cannavaro. Rodillazos, patadas... y como si nada. ¡Todavía levantaban los brazos como diciendo que ellos no habían hecho nada!
No había sido la primera acción criticable del partido. Antes, Cannavaro y Sneijder también habían hecho de las suyas en sendos pisotones más bien malintencionados que otra cosa. Y nada, de nuevo los brazos al aire.
Mero espectador
Y a todo esto, Clos Gómez como un mero espectador. Hizo lo justo por incomodar a los infractores o, lo que es lo mismo en estos casos, por encrespar los ánimos de los que estaban recibiendo todos los palos del mundo... y de sus aficionados. Para comprobarlo, nada mejor que escuchar algunos comentarios a la finalización del encuentro.
Pese a que los seguidores cántabros estaban casi tocando el cielo de Madrid desde el cuarto anfiteatro del Bernabéu, las duras entradas de los defensas 'merengues' fueron apreciadas con total nitidez y, a la vez, criticadas con toda la dureza que merecían en forma de insultos imposibles de reproducir.
En cualquier caso, al margen de este juego absolutamente despreciable, también hubo otras cosas. Entradas fuertes, que no violentas, empujones, cargas, disputas más o menos aguerridas... vamos, lances propios de cualquier partido de fútbol. Y lo hicieron jugadores los dos equipos. Es algo propio del juego.
Lo que no lo es tanto es que futbolistas internacionales, cuya calidad les ha llevado a formar parte de uno de los clubes más importantes del mundo, tengan que recurrir al juego sucio para frenar las acometidas de un equipo modesto. Entregado y trabajador, pero modesto al fin y al cabo.
Y eso fue lo que hicieron futbolistas como Pepe, Cannavaro o Heinze, que se fueron de rositas después de repartir 'leña' a diestro y siniestro. ¡Y todavía protestaban! Que se lo pregunten a César Navas, Oriol o Zigic cuando se disponían a abandonar el terreno de juego al finalizar la primera parte del encuentro.
Fuente: El Diario Montañés