Domingo, 25 de enero de 2009

Declaraci?n de intenciones

El Racing obtuvo una meritoria victoria a domicilio ante el Sevilla merced a la claridad de ideas, provecho de las jugadas de estrategia y trabajo colectivo, que le permitió paliar las consecuencias de jugar con un hombre menos a partir de la primera media hora de juego. Los cántabros plantearon el partido como hace siete días en Getafe. Con la única diferencia de Pereira en lugar de Toni Moral, el equipo funcionó como un reloj. Dificultando la creación del juego desde su primera línea de ataque, el recorrido que ofrecieron en la medular Colsa y Lacen, incomodó al Sevilla durante los primeros cuarenta y cinco minutos, asfixiando cualquier conato de ataque local. El ímpetu de la presión verdiblanca provocó un elevado número de faltas, potenciado por la característica teatralidad sevillista.



Hombres como Capel, Adriano o Renato, mantienen vivo en la actualidad el legado de Dani Alves a la hora de magnificar cualquier contacto. De hecho, los aspavientos del extremo almeriense llegaron a provocar la sustitución de Juan Valera por Pablo Pinillos en el temprano minuto veinte. El colegiado demostró una alarmante falta de personalidad en sus actuaciones. Protegió en exceso a Capel cuando se produjo la primera patada que recibió del lateral cántabro y los gritos del Sánchez Pizjuán estuvieron a punto de condicionarle para mostrarle la segunda cartulina en un pulcro choque entre ambos. Juan Ramón López Muñiz quiso evitar la expulsión del murciano y dio entrada a Pinillos, que cumplió con nota.

El buen hacer del Racing tuvo su premio poco después. Munitis centró pasado una falta escorada con destino a la cabeza de Zigic. El balcánico, con una pasmosa carencia de oposición sevillista, cabeceó con fuerza dentro del área pequeña, pero se encontró con una excelente intervención de Palop. El portero evitó el tanto sacando el balón prácticamente de dentro con una mano, pero no pudo precisar la dirección del despeje. El esférico se quedó sin dueño en boca de gol y César Navas remachó a la red el primero de la tarde. Como sucedió en Getafe o Valladolid, la escuadra verdiblanca se mostró muy certera en las contadas ocasiones de las que dispuso.

El destino debió pensar que ya le había otorgado suficiente premio al Racing con el oportunismo del primer gol y dejó en manos del colegiado la tarea de complicar un poco más la tarea de puntuar. Álvarez Izquierdo se debió quedar con las ganas de expulsar a Valera, pues no se explica de otra manera la decisión de mostrar la cartulina roja directa a Serrano por una acción más aparatosa, que peligrosa. También debe constar que perdonó la expulsión a Munitis en la segunda mitad. Aún con un hombre menos, los de Muñiz nos descompusieron y continuaron trabajando muy bien las ayudas entre sí a la hora de presionar al oponente, dejando sin ideas a un Sevilla que no supo qué hacer para aprovechar la superioridad numérica. Un disparo desviado, a la par que precipitado, obra de Renato fue lo único reseñable hasta el final de la primera parte.

No pudo empezar mejor el segundo periodo. Munitis volvió a ejecutar un libre directo, pero esta vez optó por una envío cerrado al primer palo. Eso sí, el destinatario no cambió. Nikola Zigic hace valer su corpulencia ante otra ‘torre’ como Kanouté, quien no logró ganarle la posición al serbio. Una vez en el corazón del área, sólo le valió desviar la trayectoria del centro para batir a un sorprendido Palop. Con el dos a cero en contra, Jiménez perdió los papeles y propició un ataque atropellado. Acumuló hasta cuatro delanteros como Luis Fabiano, Kanouté, Chevantón y Pukki, junto a dos extremos como Capel y Adriano, siendo todos ellos desasistidos por la incapacidad para repartir juego por pivotes ofensivos como Romaric, Renato o Maresca.

El Racing resistió los arreones andaluces, siempre finalizados con desacierto por Luis Fabiano, quien demostró ayer tener el punto de mira desviado. El secreto del éxito estuvo en la claridad de ideas de los cántabros, comenzando por Muñiz. A diferencia de su homólogo en el banquillo rival, el gijonés empleó el sentido común a la hora de redistribuir con acierto los huecos generados por jugar con uno menos. Imperó el orden y Toño abortó cualquier intento de remontada sevillista, para así acrecentar el mito racinguista fuera de los campos de Sport.

Fuente: Alerta


Publicado por Castro2 @ 23:00 | 0 Comentarios | Enviar

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