Domingo, 28 de diciembre de 2008

Buscando la estabilidad en 2009

Un proverbio mexicano recomienda no acercar el farol tanto al santo como para que se queme, ni alejarlo hasta que no lo alumbre. Un buen consejo para el Racing, quien despide el 2008 montado en una montaña rusa de sensaciones. 




El equipo parece un barco a la deriva durante las primeros compases de Liga, pero tras la victoria en Mestalla encadena varias jornadas rayando a un nivel excelente. Primero Muñiz marea a sus jugadores encadenando nueve partidos consecutivos sin repetir su alineación inicial y después asfixia al ‘once de gala’ hasta el parón navideño. El delantero llamado a marcar las diferencias, Tchité, pasa de meter goles apuntando al banderín de córner a marrar ocasiones sin oposición. El público despide al equipo con una inolvidable ovación tras su eliminación de la UEFA y le abuchea apenas tres días después. El club ficha a tres futbolistas apurando al máximo el plazo estival y aunque todavía no se ha abierto el mercado de invierno, ya ha incorporado a dos futbolistas. 

Dieciseis jornadas de continuos altibajos que serían convenientes erradicar en 2009 para lograr la permanencia cuanto antes y poder soñar con la Copa del Rey, toda vez que la UEFA ya forma parte del pasado. 

Todo el mundo auguraba un inicio complicado y los pronósticos se cumplieron. Se pudo comprobar lo alargada que era la sombra de Marcelino, y probablemente se beatificó en exceso a Duscher y Jorge López. La actitud distante y seca de Muñiz propició que no conectara con una grada que rápidamente se puso en su contra a raíz de su poco tacto a la hora de afrontar la UEFA. Por si esto no fuera poco, el Racing fue el primer equipo que sufrió en sus carnes lo que ahora se conoce como ‘los alpes’. Sevilla, Barcelona, Real Madrid y Villarreal dejaron al equipo necesitado de victorias tras sumar dos puntos de doce posibles. 

Con las primeras voces en contra del técnico asturiano tras la paupérrima imagen del equipo en la eliminatoria europea frente al débil Honka Espoo, el Mallorca supo aprovecharse de la ansiedad santanderina que le autodestruyó en la segunda mitad, después de una primera parte brillante. 

Como suele ser norma habitual durante las últimas temporadas, el Reyno de Navarra aparecería al rescate de un técnico racinguista en apuros. Hubo que esperar hasta el tiempo de descuento para que en la única aproximación con peligro al área de Ricardo, Valera consiguiera el primer triunfo de la temporada. Lejos de mantener un discurso humilde, el gijonés optó por definir aquel despropósito de juego como «el partido perfecto», retratando así el estilo conservador que le caracterizó durante sus primeros pasos en Primera División. 

El punto culmen de la racanería futbolística llegó ante el Deportivo. De hecho, el tedioso empate llegó a provocar una reunión con Francisco Pernía para pedirle explicaciones por el bochornoso espectáculo ofrecido. El racinguismo era un polvorín y hubo que esperar muy poco para que se produjera la chispa que hiciera volar todo por los aires. La inesperada derrota ante el Twente en el debut de la fase de grupos con una alineación plagada de suplentes encendió a una afición indignada, como así se lo hizo saber al técnico y su presidente en Soria. La suerte quiso gastarle una broma de mal gusto a ambos y se pasó de un honroso empate en el tiempo de descuento a una dolorosa derrota en la última acción del choque. 

Pancartas desplegadas en el estadio de Los Pajaritos pidiendo la dimisión de Francisco Pernía y la destitución de Muñiz, provocaron que el mandatario cántabro no quisiera pronunciarse sobre la continuidad del asturiano en la sala de prensa soriana. El equipo parecía hundido como así lo corroboró con la derrota en Murcia en la Copa del Rey. El consejo de administración pensó con la cartera y dejó a un lado lo que le pedía el corazón. Optó por no cesar al entrenador y provocar una situación insostenible con el anuncio del despido del preparador físico. Dentro de este clima irrespirable de tensión que rodeaba al equipo, Muñiz decidió concentrar al equipo en La Oliva. Haciendo justicia al árbol del que tomó su nombre el hotel, pues la rama de olivo simboliza la victoria o resurrección de Jesucristo al tercer día de ser crucificado, el equipo volvió a la vida en Mestalla. Toda España pudo ver en directo y ‘prime time’ como el líder caía a manos de un Tchité que convertía en gol todo lo que tocaban sus botas. 

Espoleado por la victoria y el clima de adversidad que los acechaba, los futbolistas cerraron filas en torno a su entrenador y éste a su vez respecto al preparador físico. Para poner de manifiesto el buen trabajo de Fernando Gaspar en la parcela física y de paso en entredicho al consejo de administración, el que fuera míster del Málaga la pasada campaña no dio descanso a ese ‘once de gala’ que tanto tiempo llevaban demandando los aficionados. El caso es que, obviando la debacle en el Ruiz de Lopera ante el Betis, el combinado cántabro se instaló en la zona tranquila de la tabla, empató con honores ante el Schalke 04 y el París Saint Germaín en la Copa de la UEFA y superó la eliminatoria en la Copa del Rey frente al Murcia. 

Poco a poco esa euforia fue perdiendo fuelle a la par que Tchité, principal artífice de la remontada con sus goles, abandonó su efectividad de cara a puerta. La inmerecida derrota en el Calderón, unido a los discretos empates frente al Athletic y el Almería, dejaron al Racing en tierra de nadie en el campeonato doméstico. Poco importaba eso el jueves dieciocho de diciembre, día de triste recuerdo a la postre. Al Racing no le bastaba sólo con la victoria ante un indolente Manchester City, sino que precisaba igualar el resultado que se diera en el Parque de los Príncipes, en caso de un triunfo del anfitrión. Los goles de Pereira, Serrano y Valera permitían acceder a la siguiente ronda del torneo continental, toda vez que el París Saint Germain ganaba por dos a cero. Tchité desperdició una ocasión inmejorable para anotar el cuarto e instantes después un escalofrío recorrió la espalda de los cerca de diecinueve mil incondicionales que se dieron cita en los Campos de Sport. Kezman y Liyundula habían marcado dos tantos en apenas dos minutos y los marchitos jugadores locales se derrumbaron durante unos tristes minutos finales de impotencia. La afición despedía a los jugadores con aplausos orgullosos. Alabanzas que mutaron hasta los pitos cuando el equipo despidió el año con un empate sin brillo ante el Málaga. 

Así las cosas, el Racing comenzará el 2009 con dieciocho puntos, a cinco del descenso, y con la llegada de Nikola Zigic, como principal revulsivo para lograr una pronta permanencia.

Fuente: Alerta


Publicado por Castro2 @ 22:16 | 0 Comentarios | Enviar

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