Viernes, 28 de noviembre de 2008

La Torre Eiffel, del Racing

Más de un millar de aficionados verdiblancos acudieron a la 'quedada' La música cántabra y los cánticos amenizaron la mañana parisina

Eran las 11.30 horas y ya se comenzaban a ver algunas banderas verdiblancas avanzar por el Campo de Marte o descender desde Trocadero. El destino era común: la Torre Eiffel. Aún faltaba media hora para la 'quedada', organizada por no se sabe muy bien quién y que a través de mensajes SMS había corrido como la pólvora, y ya se escuchaban los primeros sones de 'La Fuente de Cacho'.

Pasada esa media hora, eran más de un millar los aficionados del Racing que se habían reunido bajo la emblemática Torre Eiffel. Al son del bígaro, tocado por Luis Ramón Crespo, de 'Los Peralos' de Cabezón de la Sal, y bajo los sones de la gaita y del repique, los seguidores racinguistas comenzaban a lucir todo tipo de insignias verdiblancas. Bufandas, enormes banderas, pancartas 'conmemorativas' del evento -'95 años esperando este momento... y llevo un pedo que no me s.o.s tengo'-, cascos con cuernos, los típicos gorros... todo servía para dar colorido a una mañana fría en París que, al menos por unas horas pudo disfrutar de la fiesta verdiblanca, eso sí, entre la cara de sorpresa de los turistas que visitaban también el principal símbolo parisino.

Cánticos racinguistas

A medida que pasaba el tiempo el ambiente se iba caldeando y los cánticos arreciaban -'Illa, illa, illa, Munitis Maravilla', 'Tchité, Tchité, Tchité' o el ya tradicional 'aquí está, esta es la afición de Santander'-. Y en medio de toda esta vorágine verdiblanca, el presidente del club, Francisco Pernía, que se 'cansó' de posar con todos y cada uno de los aficionados. Sin perder su sempiterna sonrisa, Pernía disfrutó del momento.

Con retraso

Con el paso de los minutos el número de racinguistas reunidos bajo la Torre Eiffel continuaba creciendo. Y es que la entrada a París y sus pertinentes atascos habían retenido a muchos de los aficionados. Los autobuses, en unos casos, y los vehículos particulares, en otros, hacían sonar sus bocinas en cuanto vislumbraban la famosa obra de Gustave Eiffel. Los aplausos de los que ya estaban allí eran el mejor recibimiento posible para ellos.

Desde allí, cada uno como pudo, todos y cada uno de los aficionados cántabros emprendieron camino hacia el Parque de los Príncipes, en donde el Racing, iba a disputar, unas horas después, su partido con el PSG. Eso sí, la fiesta continuó durante todo el trayecto y, por supuesto, en el campo parisino.

eldiariomontanes.es


Publicado por Cerredo @ 16:15 | 0 Comentarios | Enviar

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