Jueves, 20 de marzo de 2008

Ahora, m?s que nunca ?Racing!

Dirán que soy un sujeto horrible, pero fue justo ayer cuando me convertí en admirador de Marcelino. Cuando intentaba zafarse del marcaje de su segundo para decirle un par de cosas a Laudrup después de que su equipo empatase a lo guarro. Para explicarle, posiblemente con muy malas palabras, que el fútbol tiene su parte de picardía, pero que hay cosas que no son de hombres.

Es una lástima que lo más bonito de todo el partido llegase al final, y no por el jaleo que se montó a la entrada del túnel de vestuarios, un desahogo que seguro que traerá cola, sino por el homenaje que rindió El Sardinero a su equipo, una declaración de amor irrepetible y sincera.

Ayer el Racing, y su gente lo pusieron todo de su parte para convertir una semifinal de Copa en una fecha antológica. No es la cantinela del partido histórico, del una vez en la vida y todo eso. Es el ofrecer la posibilidad a un contrario de jugar un partido limpio y bonito.

El Getafe tenía que saber de eso. No deja de ser un club de origen pobretón que se ha ganado el respeto y el sitio entre los grandes a base de trabajo y sacrificio.

Juro que me faltaban diez líneas para acabar una croniquilla de ambiente al uso, en la que contaba cómo estaba de lleno el campo, cómo de contenta la gente y cuántas veces se había cantado 'La Fuente de Cacho'.

Sí. por supuesto que hubo Fuente de Cacho, y, sobre todo, un enorme pancarta que resumía lo que ha sido este año: «Equipo y afición unidos por un sueño».

Nadie revolvió. Ni siquiera cuando los jugadores del Getafe empezaron a desparramarse por el suelo para perder tiempo mientras el Racing les invitaba a lucirse. Alegría sana y a dejarlo correr, porque se había ido al campo a pasarlo bien.

Básicamente, el público estaba contento. Otras veces se nota tanta tensión que parece que si alguien enciende un mechero va a explotar todo. Ayer era otra cosa. Si se quiere, más familiar.

Quizás hubiese sido de esperar un puntito más de histeria, pero no hubo. Los aficionados se han reciclado en un momento y no han necesitado cursillos para pasar de hinchas de un equipo modesto a otro revelación. Digamos que ha habido reparto de tareas: la grada es generosa y confía en el equipo, así que ya se dedica sólo a animar y deja que los chavales jueguen. De vez en cuando se da un poco de gusto al cuerpo, como cuando pitó a Javier Casquero, que nunca fue de su agrado, ni siquiera cuando estuvo aquí, en Santander.

«Ahora más que nunca, Racing Santander», empezó a avisar el respetable. Faltaba media hora y otro gol, y se avecinaban las desgracias. La expulsión de Serrano anunció el desastre, que se consumó con el empate y la forma en que llegó, con una puñalada trapera. Quizás habría hecho falta explicarle a los del Getafe que no nos hacía falta una final para sentir orgullo por el equipo, que aquí todavía importan las formas. Pero se empeñaron en aliñar la ensalada con demasiado vinagre. Una pena.

Si Laudrup se hubiese quedado en el campo un cuarto de hora más hubiese podido comprender. Sólo con ver cómo los aficionados del Racing acompañaban a los del Getafe y les felicitaban por llegar a la final. Porque ellos sí que saben.

Fuente: El Diario Montañés
Publicado por Castro2 @ 2:40 | 0 Comentarios | Enviar

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