sábado, 26 de enero de 2008
Si no puede ser en los Campos de Sport no hay sitio mejor para que el Racing haga historia en la Copa que la vieja 'catedral' de San Mamés. Habrá que aguantar el tipo ante el clamor procedente de los cuatro puntos cardinales - la venerable tribuna que sostiene el arco, la general de enfrente, el graderío de la Casa de Misericordia y el de la Escuela de Ingenieros- pero este Racing tiene el ánimo muy entero, la idea clara del fútbol que transmite Marcelino y un 2-0 contundente. Parece demasiado para el Athletic de hoy en día.
Las 20.000 voces de 'La fuente de Cacho' no fueron suficientes para armar un buen partido copero en el primer tiempo. Poca circulación y demasiados balones divididos para los intereses del Racing. Caparrós puso dos delanteros, Llorente y Aduriz, pero esta vez estuvieron sometidos a la disciplina de un Garay imperial. Arriba y abajo, en la anticipación y en el cuerpo a cuerpo, en la salida del balón y hasta en el área rival, el 'Negro' rosarino desbordó las expectativas de todos los ojeadores de Europa y presentó su candidatura a la sucesión de Ayala en el centro de la zaga albiceleste. También Coltorti estuvo muy acertado.
El paso de los minutos, las fuerzas menguantes, los huecos más visibles y un paso al frente del Racing trajeron la fiesta. Tchité había estado muy lúcido en el juego colectivo, una buena noticia pero algo sospechosa, porque su función principal no es dar asistencias desde la banda. Los cambios le permitieron ocupar su sitio y convertir en gol el primer balón que cazó en el área. Un premio muy merecido al mejor encuentro del jugador africano hasta la fecha.
Caparrós se presentó ante la prensa sin coartada para la derrota -ni siquiera recurrió al fuera de juego en el gol de Smolarek- y tampoco se molestó en transmitir un mensaje positivo para el partido de vuelta. Marcelino, en cambio, ya estaba pensando en marcar en San Mamés para rematar la eliminatoria. Ustedes ya han oído la frase: el fútbol es un estado de ánimo.
Fuente: El Diario Montañes