El Sardinero afrontó el partido de ayer contra el Athletic vestido de fiesta y lo terminó desmelenado por la victoria conseguida por un Racing que continúa empeñado en hacer historia, no sólo en la Liga, en donde todo marcha viento en popa, sino también en la Copa, competición en la que está a un solo paso de meterse en las semifinales a costa de un rival ante el que cualquier triunfo siempre tiene un valor añadido. Eso sí, para ratificarlo tendrá que superar el escollo de un San Mamés siempre motivado y de unos leones más heridos que nunca.
La trascendencia que el partido tenía para los dos equipos quedó patente desde el mismo pitido inicial. Pese a que el Racing dispuso de dos buenas ocasiones en los primeros compases del encuentro que sólo sirvieron para encandilar a una afición lógicamente predispuesta a cualquier celebración, lo cierto es que con el paso de los minutos quedó claro que ninguno de los dos equipos quería arriesgar lo más mínimo, conscientes, quizá, de que mantener su portería a cero es siempre un valor a tener en cuenta en una eliminatoria de estas características.
Y la mejor manera que ambos conjuntos encontraron de alcanzar su objetivo fue mantenerse fieles a sus absolutamente diferentes estilos de juego. Los cántabros fueron los de siempre. Presionaron en todo el campo, pelearon todos y cada uno de los balones y trataron de construir desde el centro del campo. Los vizcaínos, por contra, se limitaron, como ya hicieron en el partido de Liga, a buscar a sus 'torres' atacantes para tratar de aprovechar las segundas jugadas. Pero el Racing tenía la lección bien aprendida y apenas pasó por problemas para desbaratar el rudimentario juego del Athletic.
Con ambos conjuntos empecinados en preservar la 'virginidad' de sus porterías, las defensas, muy acertadas, se impusieron con total claridad a las delanteras. En lo que respecta al Racing, que había ensayado hasta la saciedad durante los últimos días la manera de frenar el juego en largo de los bilbaínos, la presencia de Garay se dejó notar. El central argentino impidió cualquier alegría de un Llorente de nuevo desacertado, al que superó en todas y cada una de las ocasiones en que coincidieron. Por su parte, la zaga vasca tampoco pasó por demasiados apuros. Apenas alguna internada de Óscar Serrano en los primeros minutos o alguna de Tchité o Iván Bolado por la derecha algo más tarde.
Con este panorama difícil era que el marcador pudiera sufrir alguna variación que supusiera la ruptura de los planes con que parecían haber saltado al terreno de juego los dos equipos.
Pero, como otras muchas veces a lo lago de la temporada, el Racing tenía su plan particular. Daba la impresión de que el conjunto santanderino había estado esperando a que el rival 'madurara' para asestar el golpe definitivo que le diera la victoria en la ida de la eliminatoria.
Cuestión de tiempo
Pese a que el conjunto bilbaíno había salido algo más motivado tras el descanso, el Racing ni se inmutó. Sabía que iba a disponer de alguna ocasión y que, si tenía acierto, estaría en disposición de poner la eliminatoria de su lado. Y eso fue, precisamente, lo que ocurrió. En una de las primeras apariciones de Colsa en el encuentro, el centrocampista santanderino puso un balón de oro a Tchité para que éste, con un remate de cabeza absolutamente preciso, batiera a Aranzubia y pusiera al Racing por delante en el marcador.
El gol fue el espaldarazo que necesitaba el Racing para ir definitivamente a por el Athletic. Y a las primeras de cambio, cuando los jugadores rojiblancos todavía se lamían las heridas causadas por el zarpazo de Tchité, el Racing sentenció el partido, y quien sabe si también la eliminatoria copera. Un disparo del asturiano Pablo Álvarez tras un córner sacado en corto fue 'remachado' a puerta vacía por el polaco Ebi Smolarek, que reapareció tras varias semanas en el dique seco por una lesión.
En ese mismo momento volvió a sonar la canción de 'La fuente de Cacho', signo evidente de que las cosas iban bien a un Racing que, una vez más, fue fiel a su filosofía y que terminó por conseguir un resultado que le permite pensar en su futuro en la Copa con cierto optimismo, aunque eso sí, con toda la cautela del mundo, porque ya se sabe, San Mamés es San Mamés.
Fuente:
El Diario Montañés