jueves, 24 de enero de 2008
El fútbol es un deporte y todo deporte que se precie tiene como aliciente y última finalidad el enfrentamiento, la disputa de un triunfo y la diversión. No se puede concebir un partido de fútbol, o de balonmano, o de hockey hierba, sin un vencedor y un vencido. La esencia del deporte es la competición y de ella se nutre la pasión y la afición.
Racing y Athletic de Bilbao se ven las caras este jueves en El Sardinero, en una competición muy importante, sobre todo para el que está en ella y llega a sus últimos compases. Los de Bilbao la han ganado en muchas ocasiones, mientras que los cántabros no la han disfrutado con intensidad hasta ahora. El equipo de Marcelino García puede soñar con la Copa del Rey esta temporada, en vista del panorama. Los rojiblancos, por su juego, parecen abocados a quedarse apeados de la competición, pero el deporte es como es y las cábalas no siempre son certeras.
Este jueves, en El Sardinero, lo primero es que gane el Racing -o el mejor- y, lo segundo, que se conciba el partido como un deporte de competición entre dos equipos rivales y en justa lucha por un triunfo. No es agradable ver a los hinchas cántabros y a los vascos rivalizando con temas externos al fútbol, mezclando churras con merinas o España con ETA, o los presos por delitos terroristas con la Constitución del Estado. Bien es cierto que en el fútbol, en todos los estadios, se lleva la táctica de 'machacar' al rival como sea, pero eso no deja de ser una equivocación que a lo único que conduce es a no disfrutar del deporte, en este caso del fútbol, al cien por cien. El buen aficionado, al que le gusta el fútbol, el deporte en sí, se regocija con el triunfo de su equipo y del juego del contrario. Hace la ola cuando los suyos van por delante pero aplauden al rival cuando este, con justicia, ha vencido en la batalla. Lo único que le interesa es la diversión del choque, deleitarse con la competición, vibrar con el deporte.
Hay que ganar al Athletic, y si es por goleada mejor, pero también hay que sacar de casa -en Bilbao y en Santander- la educación y el espíritu deportivo, y gozar con el espectáculo. Es de locos gastarse un dineral en un partido de fútbol para salir cabreado o con un ojo morado.
Fuente: El Diario Montañes