Día de fiesta en la calle Tremontorio del barrio pesquero de Santander. La familia Munitis tenía descendencia. Un nuevo pescador, como el abuelo y como el padre. Pero la cuerda se rompió con Pedro Munitis Álvarez (19/06/1975). Se mareaba en los barcos. Este prefería tierra firme, aunque al final donde se mejor se sostiene es sobre el césped. Ahí pesca cualquier balón que le llega. Es letal.
Tras un paso fugaz por el fútbol sala, a los seis años ya se había proclamado campeón de Cantabria de fútbol. El pequeño de la familia (por estatura) empezaba a agigantarse. Junto a él, otro mito de este deporte, Iván de la Peña. Vaya dos. Y entre ellos, otro jovencito. Iván Helguera, hoy valencianista. Buena cosecha.
Munitis empezaba a mostrar sus cualidades. Rapidísimo, potente y con un regate imprevisible. Del Santoña pasó al filial del Racing. Su abuela, que acudía a verlo casi diariamente, soñaba con la gloria para su nieto. Pero el admirador de Butragueño no tuvo una fácil escalada. Recaló en el Badajoz. Mal le fueron las cosas al principio. La portería la veía pequeñísima. No marcaba ni equivocándose. Pero la racha se truncó y a partir de ese momento, como gesto de rabia, le daba la vuelta a la camiseta, sin quitársela, cada vez que marcaba. Fue su seña de identidad en el futuro. Y el Racing le volvió a reclamar. Pero aún faltaba la mejor.
O Rei do Cantabria llegaba a la capital del reino. El Real Madrid había llamado a su puerta. La abrió de par en par, pero acabó magullado a portazos. No es fácil la vida entre tanta estrella. Jugó, sí, pero jamás fue indiscutible. Roberto Carlos manifestaba que en los entrenamientos se salía, pero ni por esas. Los nombres extranjeros siempre tenían ventaja. Y decidió volver a casa, al barrio pesquero, aunque rápidamente marchó a A Coruña. Allí sí le fue bien. Manuel Pablo aseguraba que "revolvía las tripas" a los defensas rivales.
Tras triunfar como blanquiazul decidió que era hora de retornar para siempre. La campaña pasada, con Miguel Ángel Portugal en el banquillo y Nikola Zigic, ahora en el Valencia, como acompañante, fue para recordar. Este dúo atípico la armó.
Y entre medias pasó por la selección. Debutó el 27 de marzo de 1999 en Mestalla. Hay quien todavía se acuerda del entrenamiento previo al partido. Marcó seis goles. Pero tampoco consiguió consolidarse con la roja. Nunca lo ha tenido fácil.
Fuente:
Las Provincias